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<fileDesc>
<titleStmt>
<title>Fábula de Polifemo y Galatea</title>
<author>Luis de Góngora</author>
<respStmt>
<resp>Publicado por</resp>
<persName>Antonio Rojas Castro</persName>
</respStmt>
<respStmt>
<resp>Edición de</resp>
<persName>Antonio Carreira</persName>
</respStmt>
</titleStmt>
<editionStmt>
<edition>Primera edición digital de <date>2016</date>
</edition>
</editionStmt>
<publicationStmt>
<p>Publicado con una licencia de <ref target="https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional</ref>.</p>
</publicationStmt>
<sourceDesc>
<p>Góngora, Luis de. <title>
<ref target="http://obvil-dev.paris-sorbonne.fr/corpus/gongora/gongora_obra-poetica/poem255">Edición digital y estudio de la polémica gongorina</ref>
</title>. Dir. De Mercedes Blanco. París: OBVIL, 2016. Web.</p>
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<profileDesc>
<creation>Texto fechado en <date>1612</date>.</creation>
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<text>
<body>
<epigraph>
<p>Al conde de Niebla</p>
</epigraph>
<lg>
<l>Estas, que me dictó, rimas sonoras,</l>
<l>culta sí, aunque bucólica, Talía,</l>
<l>oh excelso conde, en las purpúreas horas</l>
<l>que es rosas la alba y rosicler el día,</l>
<l n="5">ahora que de luz tu Niebla doras,</l>
<l>escucha, al son de la zampoña mía,</l>
<l>si ya los muros no te ven, de Huelva,</l>
<l>peinar el viento, fatigar la selva.</l>
</lg>
<lg>
<l>Templado, pula en la maestra mano</l>
<l n="10">el generoso pájaro su pluma,</l>
<l>o tan mudo en la alcándara, que en vano</l>
<l>aun desmentir al cascabel presuma;</l>
<l>tascando haga el freno de oro, cano,</l>
<l>del caballo andaluz la ociosa espuma;</l>
<l n="15">gima el lebrel en el cordón de seda,</l>
<l>y al cuerno, al fin, la cítara suceda.</l>
</lg>
<lg>
<l>Treguas al ejercicio sean, robusto,</l>
<l>ocio atento, silencio dulce, en cuanto</l>
<l>debajo escuchas, de dosel augusto,</l>
<l n="20">del músico jayán el fiero canto.</l>
<l>Alterna con las musas hoy el gusto,</l>
<l>que, si la mía puede ofrecer tanto</l>
<l>clarín, y de la Fama no segundo,</l>
<l>tu nombre oirán los términos del mundo.</l>
</lg>
<lg>
<l n="25">Donde espumoso el mar Sicilïano</l>
<l>el pie argenta de plata al Lilibeo,</l>
<l>bóveda o de las fraguas de Vulcano</l>
<l>o tumba de los huesos de Tifeo,</l>
<l>pálidas señas cenizoso un llano,</l>
<l n="30">cuando no del sacrílego deseo,</l>
<l>del duro oficio da. Allí una alta roca</l>
<l>mordaza es a una gruta, de su boca.</l>
</lg>
<lg>
<l>Guarnición tosca de este escollo duro</l>
<l>troncos robustos son, a cuya greña</l>
<l n="35">menos luz debe, menos aire puro,</l>
<l>la caverna profunda, que a la peña;</l>
<l>caliginoso lecho, el seno obscuro</l>
<l>ser, de la negra noche, nos lo enseña</l>
<l>infame turba de nocturnas aves,</l>
<l n="40">gimiendo tristes y volando graves.</l>
</lg>
<lg>
<l>De este, pues, formidable de la tierra</l>
<l>bostezo el melancólico vacío</l>
<l>a Polifemo, horror de aquella sierra,</l>
<l>bárbara choza es, albergue umbrío</l>
<l n="45">y redil espacioso donde encierra</l>
<l>cuanto las cumbres ásperas cabrío,</l>
<l>de los montes, esconde: copia bella</l>
<l>que un silbo junta y un peñasco sella.</l>
</lg>
<lg>
<l>Un monte era de miembros eminente</l>
<l n="50">este (que, de Neptuno hijo fiero,</l>
<l>de un ojo ilustra el orbe de su frente,</l>
<l>émulo casi del mayor lucero)</l>
<l>cíclope, a quien el pino más valiente</l>
<l>bastón le obedecía, tan ligero,</l>
<l n="55">y al grave peso junco tan delgado,</l>
<l>que un día era bastón, y otro, cayado.</l>
</lg>
<lg>
<l>Negro el cabello, imitador undoso</l>
<l>de las obscuras aguas del Leteo,</l>
<l>al viento que lo peina, proceloso,</l>
<l n="60">vuela sin orden, pende sin aseo;</l>
<l>un torrente es, su barba, impetüoso</l>
<l>que, adusto hijo de este Pirineo,</l>
<l>su pecho inunda, o tarde o mal o en vano</l>
<l>surcada, aun de los dedos de su mano.</l>
</lg>
<lg>
<l n="65">No la Trinacria en sus montañas fiera</l>
<l>armó de crüeldad, calzó de viento,</l>
<l>que redima feroz, salve ligera</l>
<l>su piel manchada de colores ciento:</l>
<l>pellico es ya la que en los bosques era</l>
<l n="70">mortal horror al que con paso lento</l>
<l>los bueyes a su albergue reducía,</l>
<l>pisando la dudosa luz del día.</l>
</lg>
<lg>
<l>Cercado es, cuanto más capaz más lleno,</l>
<l>de la fruta, el zurrón, casi abortada</l>
<l n="75">que el tardo otoño deja al blando seno</l>
<l>de la piadosa hierba, encomendada:</l>
<l>la serba, a quien le da rugas el heno;</l>
<l>la pera, de quien fue cuna dorada</l>
<l>la rubia paja y, pálida tutora,</l>
<l n="80">la niega avara y pródiga la dora.</l>
</lg>
<lg>
<l>Erizo es, el zurrón, de la castaña</l>
<l>y, entre el membrillo o verde o datilado,</l>
<l>de la manzana hipócrita, que engaña</l>
<l>a lo pálido no, a lo arrebolado,</l>
<l n="85">y de la encina (honor de la montaña,</l>
<l>que pabellón al siglo fue dorado)</l>
<l>el tributo: alimento, aunque grosero,</l>
<l>del mejor mundo, del candor primero.</l>
</lg>
<lg>
<l>Cera y cáñamo unió, que no debiera,</l>
<l n="90">cien cañas, cuyo barbaro rüido,</l>
<l>de más ecos que unió cáñamo y cera</l>
<l>albogues duramente es repetido;</l>
<l>la selva se confunde, el mar se altera,</l>
<l>rompe Tritón su caracol torcido,</l>
<l n="95">sordo huye el bajel a vela y remo:</l>
<l>tal la música es, de Polifemo.</l>
</lg>
<lg>
<l>Ninfa de Doris hija, la más bella,</l>
<l>adora, que vio el reino de la espuma;</l>
<l>Galatea es su nombre, y dulce en ella</l>
<l n="100">el terno, Venus, de sus Gracias suma.</l>
<l>Son una y otra luminosa estrella</l>
<l>lucientes ojos de su blanca pluma:</l>
<l>si roca de cristal no es de Neptuno,</l>
<l>pavón de Venus es, cisne de Juno.</l>
</lg>
<lg>
<l n="105">Purpúreas rosas sobre Galatea</l>
<l>la Alba entre lilios cándidos deshoja:</l>
<l>duda el Amor cuál más su color sea,</l>
<l>o púrpura nevada o nieve roja.</l>
<l>De su frente, la perla es, eritrea,</l>
<l n="110">émula vana; el ciego dios se enoja</l>
<l>y, condenado su esplendor, la deja</l>
<l>pender en oro al nácar de su oreja.</l>
</lg>
<lg>
<l>Invidia de las ninfas y cuidado</l>
<l>de cuantas honra el mar deidades era;</l>
<l n="115">pompa del marinero niño alado</l>
<l>que sin fanal conduce su venera.</l>
<l>Verde el cabello, el pecho no escamado,</l>
<l>ronco sí, escucha a Glauco la ribera</l>
<l>inducir a pisar, la bella ingrata,</l>
<l n="120">en carro de cristal, campos de plata.</l>
</lg>
<lg>
<l>Marino joven, las cerúleas sienes</l>
<l>del más tierno coral ciñe Palemo,</l>
<l>rico de cuantos la agua engendra bienes</l>
<l>del Faro odioso al Promontorio extremo,</l>
<l n="125">mas en la gracia igual, si en los desdenes</l>
<l>perdonado algo más que Polifemo,</l>
<l>de la que, aun no lo oyó y, calzada plumas,</l>
<l>tantas flores pisó como él espumas.</l>
</lg>
<lg>
<l>Huye la ninfa bella, y el marino</l>
<l n="130">amante nadador ser bien quisiera,</l>
<l>ya que no áspid a su pie divino,</l>
<l>dorado pomo a su veloz carrera.</l>
<l>Mas, ¿cuál diente mortal, cuál metal fino</l>
<l>la fuga suspender podrá, ligera,</l>
<l n="135">que el desdén solicita? ¡Oh, cuánto yerra</l>
<l>delfín que sigue en agua corza en tierra!</l>
</lg>
<lg>
<l>Sicilia en cuanto oculta, en cuanto ofrece,</l>
<l>copa es de Baco, huerto de Pomona:</l>
<l>tanto de frutas esta la enriquece</l>
<l n="140">cuanto aquel de racimos la corona.</l>
<l>En carro que estival trillo parece</l>
<l>a sus campañas Ceres no perdona,</l>
<l>de cuyas siempre fértiles espigas</l>
<l>las provincias de Europa son hormigas.</l>
</lg>
<lg>
<l n="145">A Pales su viciosa cumbre debe</l>
<l>lo que a Ceres, y aun más, su vega llana,</l>
<l>pues si en la una granos de oro llueve,</l>
<l>copos nieva en la otra mil de lana.</l>
<l>De cuantos siegan oro, esquilan nieve</l>
<l n="150">o en pipas guardan la exprimida grana,</l>
<l>bien sea religión, bien amor sea,</l>
<l>deidad, aunque sin templo, es Galatea,</l>
</lg>
<lg>
<l>sin aras no: que el margen, donde para,</l>
<l>del espumoso mar, su pie ligero,</l>
<l n="155">al labrador, de sus primicias ara,</l>
<l>de sus esquilmos es al ganadero;</l>
<l>de la Copia a la tierra poco avara</l>
<l>el cuerno vierte el hortelano, entero,</l>
<l>sobre la mimbre que tejió, prolija</l>
<l n="160">si artificiosa no, su honesta hija.</l>
</lg>
<lg>
<l>Arde la juventud, y los arados</l>
<l>peinan las tierras que surcaron antes,</l>
<l>mal conducidos, cuando no arrastrados,</l>
<l>de tardos bueyes, cual su dueño errantes;</l>
<l n="165">sin pastor que los silbe, los ganados</l>
<l>los crujidos ignoran resonantes</l>
<l>de las hondas, si en vez del pastor pobre</l>
<l>el céfiro no silba o cruje el robre.</l>
</lg>
<lg>
<l>Mudo la noche el can, el día, dormido,</l>
<l n="170">de cerro en cerro y sombra en sombra yace;</l>
<l>bala el ganado; al mísero balido,</l>
<l>nocturno el lobo, de las sombras, nace;</l>
<l>cébase y, fiero, deja humedecido</l>
<l>en sangre de una lo que la otra pace.</l>
<l n="175">¡Revoca, Amor, los silbos, o a su dueño</l>
<l>el silencio del can sigan, y el sueño!</l>
</lg>
<lg>
<l>La fugitiva ninfa, en tanto, donde</l>
<l>hurta un laurel su tronco al Sol ardiente,</l>
<l>tantos jazmines cuanta hierba esconde</l>
<l n="180">la nieve de sus miembros, da a una fuente.</l>
<l>Dulce se queja, dulce le responde</l>
<l>un ruiseñor a otro, y dulcemente</l>
<l>al sueño da sus ojos la armonía,</l>
<l>por no abrasar con tres soles el día.</l>
</lg>
<lg>
<l n="185">Salamandria del Sol, vestido estrellas,</l>
<l>latiendo el can del cielo estaba, cuando,</l>
<l>polvo el cabello, húmidas centellas,</l>
<l>si no ardientes aljófares, sudando,</l>
<l>llegó Acis y, de ambas luces bellas</l>
<l n="190">dulce occidente viendo al sueño blando,</l>
<l>su boca dio, y sus ojos cuanto pudo,</l>
<l>al sonoro cristal, al cristal mudo.</l>
</lg>
<lg>
<l>Era Acis un venablo de Cupido,</l>
<l>de un fauno, medio hombre, medio fiera,</l>
<l n="195">en Simetis, hermosa ninfa, habido,</l>
<l>gloria del mar, honor de su ribera.</l>
<l>El bello imán, el ídolo dormido,</l>
<l>que acero sigue, idólatra venera,</l>
<l>rico de cuanto el huerto ofrece, pobre,</l>
<l n="200">rinden las vacas y fomenta el robre:</l>
</lg>
<lg>
<l>el celestial humor recién cuajado</l>
<l>que la almendra guardó, entre verde y seca,</l>
<l>en blanca mimbre se lo puso al lado,</l>
<l>y un copo, en verdes juncos, de manteca;</l>
<l n="205">en breve corcho, pero bien labrado,</l>
<l>un rubio hijo de una encina hueca,</l>
<l>dulcísimo panal, a cuya cera</l>
<l>su néctar vinculó, la primavera.</l>
</lg>
<lg>
<l>Caluroso, al arroyo da las manos</l>
<l n="210">y, con ellas, las ondas a su frente,</l>
<l>entre dos mirtos que, de espuma canos,</l>
<l>dos verdes garzas son de la corriente.</l>
<l>Vagas cortinas de volantes vanos</l>
<l>corrió Favonio lisonjeramente,</l>
<l n="215">a la, de viento cuando no sea, cama</l>
<l>de frescas sombras, de menuda grama.</l>
</lg>
<lg>
<l>La ninfa, pues, la sonorosa plata</l>
<l>bullir sintió, del arroyuelo, apenas,</l>
<l>cuando, a los verdes márgenes ingrata,</l>
<l n="220">segur se hizo de sus azucenas.</l>
<l>Huyera, mas tan frío se desata</l>
<l>un temor perezoso por sus venas,</l>
<l>que a la precisa fuga, al presto vuelo</l>
<l>grillos de nieve fue, plumas de hielo.</l>
</lg>
<lg>
<l n="225">Fruta en mimbres halló; leche exprimida,</l>
<l>en juncos; miel en corcho; mas sin dueño,</l>
<l>si bien al dueño debe, agradecida</l>
<l>su deidad, culta, venerado, el sueño.</l>
<l>A la ausencia mil veces ofrecida,</l>
<l n="230">este de cortesía no pequeño</l>
<l>indicio la dejó, aunque estatua helada,</l>
<l>más discursiva y menos alterada.</l>
</lg>
<lg>
<l>No al cíclope atribuye, no, la ofrenda;</l>
<l>no a sátiro lascivo, ni a otro feo</l>
<l n="235">morador de las selvas, cuya rienda</l>
<l>el sueño aflija que aflojó el deseo.</l>
<l>El niño dios, entonces, de la venda,</l>
<l>ostentación gloriosa, alto trofeo</l>
<l>quiere que al árbol de su madre sea</l>
<l n="240">el desdén hasta allí de Galatea.</l>
</lg>
<lg>
<l>Entre las ramas del, que más se lava</l>
<l>en el arroyo, mirto levantado,</l>
<l>carcaj de cristal hizo, si no aljaba,</l>
<l>su blanco pecho, de un arpón dorado;</l>
<l n="245">el monstro de rigor, la fiera brava,</l>
<l>mira la ofrenda ya con más cuidado,</l>
<l>y aun siente que a su dueño sea, devoto,</l>
<l>confuso alcaide más, el verde soto.</l>
</lg>
<lg>
<l>Llamáralo, aunque muda, mas no sabe</l>
<l n="250">el nombre articular que más querría,</l>
<l>ni lo ha visto, si bien pincel süave</l>
<l>lo ha bosquejado ya en su fantasía.</l>
<l>Al pie, no tanto ya, del temor, grave,</l>
<l>fía su intento, y tímida, en la umbría</l>
<l n="255">cama de campo y campo de batalla,</l>
<l>fingiendo sueño al cauto garzón halla.</l>
</lg>
<lg>
<l>El bulto vio y, haciéndolo dormido,</l>
<l>librada en un pie toda sobre él pende</l>
<l>urbana al sueño, bárbara al mentido</l>
<l n="260">retórico silencio que no entiende:</l>
<l>no el ave reina así el fragoso nido</l>
<l>corona inmóvil, mientras no desciende,</l>
<l>rayo con plumas, al milano pollo,</l>
<l>que la eminencia abriga, de un escollo,</l>
</lg>
<lg>
<l n="265">como la ninfa bella, compitiendo</l>
<l>con el garzón dormido, en cortesía,</l>
<l>no solo para, mas, el dulce estruendo</l>
<l>del lento arroyo, enmudecer querría.</l>
<l>A pesar luego de las ramas, viendo</l>
<l n="270">colorido el bosquejo que ya había</l>
<l>en su imaginación Cupido hecho</l>
<l>con el pincel que le clavó su pecho,</l>
</lg>
<lg>
<l>de sitio mejorada, atenta mira</l>
<l>en la disposición robusta aquello</l>
<l n="275">que, si por lo süave no la admira,</l>
<l>es fuerza que la admire por lo bello:</l>
<l>del casi tramontado sol aspira,</l>
<l>a los confusos rayos, su cabello;</l>
<l>flores su bozo es, cuyas colores,</l>
<l n="280">como duerme la luz, niegan, las flores.</l>
</lg>
<lg>
<l>En la rústica greña yace oculto</l>
<l>el áspid, del intonso prado ameno,</l>
<l>antes que del peinado jardín culto</l>
<l>en el lascivo, regalado seno:</l>
<l n="285">en lo viril desata, de su vulto,</l>
<l>lo más dulce, el Amor, de su veneno;</l>
<l>bébelo Galatea, y da otro paso</l>
<l>por apurarle la ponzoña al vaso.</l>
</lg>
<lg>
<l>Acis, aun más de aquello que dispensa</l>
<l n="290">la brújula del sueño vigilante,</l>
<l>alterada la ninfa esté, o suspensa,</l>
<l>Argos es siempre atento a su semblante,</l>
<l>lince penetrador de lo que piensa,</l>
<l>cíñalo bronce o múrelo diamante,</l>
<l n="295">que en sus paladïones Amor ciego,</l>
<l>sin romper muros, introduce fuego.</l>
</lg>
<lg>
<l>El sueño de sus miembros sacudido,</l>
<l>gallardo el joven la persona ostenta</l>
<l>y, al marfil luego de sus pies rendido,</l>
<l n="300">el coturno besar dorado intenta.</l>
<l>Menos ofende el rayo prevenido</l>
<l>al marinero, menos la tormenta</l>
<l>prevista le turbó, o pronosticada:</l>
<l>Galatea lo diga, salteada.</l>
</lg>
<lg>
<l n="305">Más agradable y menos zahareña,</l>
<l>al mancebo levanta venturoso,</l>
<l>dulce ya concediéndole, y risueña,</l>
<l>paces no al sueño, treguas sí al reposo.</l>
<l>Lo cóncavo hacía de una peña</l>
<l n="310">a un fresco sitïal dosel umbroso,</l>
<l>y verdes celosías unas hiedras,</l>
<l>trepando troncos y abrazando piedras.</l>
</lg>
<lg>
<l>Sobre una alfombra (que imitara en vano</l>
<l>el tirio sus matices, si bien era</l>
<l n="315">de cuantas sedas ya hiló, gusano,</l>
<l>y artífice tejió, la primavera)</l>
<l>reclinados, al mirto más lozano</l>
<l>una y otra lasciva, si ligera,</l>
<l>paloma se caló, cuyos gemidos,</l>
<l n="320">trompas de Amor, alteran sus oídos.</l>
</lg>
<lg>
<l>El ronco arrullo al joven solicita,</l>
<l>mas, con desvíos Galatea, suaves,</l>
<l>a su audacia los términos limita,</l>
<l>y el aplauso al concento de las aves.</l>
<l n="325">Entre las ondas y la fruta, imita</l>
<l>Acis al siempre ayuno en penas graves,</l>
<l>que, en tanta gloria, infierno son no breve,</l>
<l>fugitivo cristal, pomos de nieve.</l>
</lg>
<lg>
<l>No a las palomas concedió Cupido</l>
<l n="330">juntar de sus dos picos los rubíes,</l>
<l>cuando al clavel el joven atrevido</l>
<l>las dos hojas le chupa, carmesíes.</l>
<l>Cuantas produce Pafo, engendra Gnido,</l>
<l>negras vïolas, blancos alhelíes,</l>
<l n="335">llueven sobre el que Amor quiere que sea</l>
<l>tálamo de Acis ya, y de Galatea.</l>
</lg>
<lg>
<l>Su aliento humo, sus relinchos fuego,</l>
<l>si bien su freno espumas, ilustraba</l>
<l>las columnas Etón, que erigió el Griego</l>
<l n="340">do el carro de la luz sus ruedas lava,</l>
<l>cuando, de amor el fiero jayán, ciego,</l>
<l>la cerviz oprimió a una roca brava</l>
<l>que a la playa, de escollos no desnuda,</l>
<l>linterna es ciega y atalaya muda.</l>
</lg>
<lg>
<l n="345">Árbitro de montañas y ribera,</l>
<l>aliento dio, en la cumbre de la roca,</l>
<l>a los albogues que agregó la cera,</l>
<l>el prodigioso fuelle de su boca;</l>
<l>la ninfa los oyó, y ser más quisiera</l>
<l n="350">breve flor, hierba humilde y tierra poca,</l>
<l>que de su nuevo tronco vid lasciva,</l>
<l>muerta de amor y de temor no viva.</l>
</lg>
<lg>
<l>Mas, cristalinos pámpanos sus brazos,</l>
<l>amor la implica, si el temor la anuda,</l>
<l n="355">al infelice olmo que pedazos</l>
<l>la segur de los celos hará, aguda.</l>
<l>Las cavernas en tanto, los ribazos</l>
<l>que ha prevenido la zampoña ruda,</l>
<l>el trueno de la voz fulminó luego:</l>
<l n="360">referidlo, Pïérides, os ruego.</l>
</lg>
<lg>
<l>«¡Oh bella Galatea, más süave</l>
<l>que los claveles que troncó la Aurora;</l>
<l>blanca más que las plumas de aquel ave</l>
<l>que dulce muere y en las aguas mora;</l>
<l n="365">igual en pompa al pájaro que, grave,</l>
<l>su manto azul, de tantos ojos dora</l>
<l>cuantas el celestial zafiro estrellas!</l>
<l>¡Oh tú, que en dos incluyes las más bellas!</l>
</lg>
<lg>
<l>»Deja las ondas, deja el rubio coro</l>
<l n="370">de las hijas de Tetis, y el mar vea,</l>
<l>cuando niega la luz un carro de oro,</l>
<l>que en dos la restituye Galatea.</l>
<l>Pisa la arena, que en la arena adoro</l>
<l>cuantas el blanco pie conchas platea,</l>
<l n="375">cuyo bello contacto puede hacerlas,</l>
<l>sin concebir rocío, parir perlas.</l>
</lg>
<lg>
<l>»Sorda hija del mar, cuyas orejas</l>
<l>a mis gemidos son rocas al viento:</l>
<l>o dormida te hurten a mis quejas</l>
<l n="380">purpúreos troncos de corales ciento,</l>
<l>o al disonante número de almejas</l>
<l>(marino, si agradable no, instrumento)</l>
<l>coros tejiendo estés, escucha un día</l>
<l>mi voz, por dulce cuando no, por mía.</l>
</lg>
<lg>
<l n="385">»Pastor soy, mas tan rico de ganados,</l>
<l>que los valles impido, más vacíos,</l>
<l>los cerros desparezco, levantados,</l>
<l>y los caudales seco, de los ríos:</l>
<l>no los que, de sus ubres desatados</l>
<l n="390">o derivados de los ojos míos,</l>
<l>leche corren y lágrimas, que iguales</l>
<l>en número a mis bienes son mis males.</l>
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<l>»Sudando néctar, lambicando olores,</l>
<l>senos que ignora aun la golosa cabra</l>
<l n="395">corchos me guardan, más que abeja flores</l>
<l>liba inquïeta, ingenïosa labra;</l>
<l>troncos me ofrecen, árboles mayores,</l>
<l>cuyos enjambres, o el abril los abra</l>
<l>o los desate el mayo, ámbar distilan,</l>
<l n="400">y en ruecas de oro rayos del sol hilan.</l>
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<lg>
<l>»Del Júpiter, soy hijo, de las ondas,</l>
<l>aunque pastor; si tu desdén no espera</l>
<l>a que el monarca de esas grutas hondas</l>
<l>en trono de cristal te abrace nuera,</l>
<l n="405">Polifemo te llama, no te escondas,</l>
<l>que tanto esposo admira la ribera</l>
<l>cual otro no vio Febo, más robusto,</l>
<l>del perezoso Volga al Indo adusto.</l>
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<lg>
<l>»Sentado, a la alta palma no perdona</l>
<l n="410">su dulce fruto mi robusta mano;</l>
<l>en pie, sombra capaz es, mi persona,</l>
<l>de innumerables cabras, el verano.</l>
<l>¿Qué mucho, si de nubes se corona</l>
<l>por igualarme, la montaña, en vano,</l>
<l n="415">y en los cielos, desde esta roca, puedo</l>
<l>escribir mis desdichas con el dedo?</l>
</lg>
<lg>
<l>»Marítimo alcïón roca eminente</l>
<l>sobre sus huevos coronaba, el día</l>
<l>que espejo de zafiro fue luciente</l>
<l n="420">la playa azul, de la persona mía;</l>
<l>mireme, y lucir vi un sol en mi frente</l>
<l>cuando en el cielo un ojo se veía:</l>
<l>neutra, el agua dudaba a cuál fe preste,</l>
<l>o al cielo humano o al cíclope celeste.</l>
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<l n="425">»Registra en otras puertas el venado</l>
<l>sus años, su cabeza colmilluda</l>
<l>la fiera cuyo cerro levantado</l>
<l>de helvecias picas es muralla aguda;</l>
<l>la humana suya el caminante errado</l>
<l n="430">dio ya a mi cueva, de piedad desnuda,</l>
<l>albergue hoy por tu causa al peregrino,</l>
<l>do halló reparo, si perdió camino.</l>
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<l>»En tablas dividida, rica nave</l>
<l>besó la playa miserablemente,</l>
<l n="435">de cuantas vomitó riquezas grave,</l>
<l>por las bocas del Nilo, el orïente.</l>
<l>Yugo aquel día, y yugo bien süave,</l>
<l>del fiero mar a la sañuda frente</l>
<l>imponiéndole estaba, si no al viento</l>
<l n="440">dulcísimas coyundas, mi instrumento,</l>
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<lg>
<l>»cuando entre globos de agua entregar veo</l>
<l>a las arenas, ligurina haya,</l>
<l>en cajas, los aromas del Sabeo,</l>
<l>en cofres, las riquezas de Cambaya,</l>
<l n="445">delicias de aquel mundo, ya trofeo</l>
<l>de Escila, que, ostentado en nuestra playa,</l>
<l>lastimoso despojo fue dos días</l>
<l>a las, que esta montaña engendra, harpías.</l>
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<l>»Segunda tabla a un ginovés mi gruta</l>
<l n="450">de su persona fue, de su hacienda:</l>
<l>la una reparada, la otra enjuta,</l>
<l>relación del naufragio hizo, horrenda.</l>
<l>Luciente paga de la mejor fruta</l>
<l>que en hierbas se recline, o en hilos penda,</l>
<l n="455">colmillo fue del animal que el Ganges</l>
<l>sufrir muros lo vio, romper falanges,</l>
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<lg>
<l>»arco, digo, gentil, bruñida aljaba,</l>
<l>obras ambas de artífice prolijo,</l>
<l>y de malaco rey a deidad java</l>
<l n="460">alto don, según ya mi huésped dijo:</l>
<l>de aquel la mano, de esta el hombro agrava;</l>
<l>convencida la madre, imita al hijo:</l>
<l>serás a un tiempo, en estos horizontes,</l>
<l>Venus del mar, Cupido de los montes».</l>
</lg>
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<l n="465">Su horrenda voz, no su dolor interno,</l>
<l>cabras aquí le interrumpieron, cuantas,</l>
<l>vagas el pie, sacrílegas el cuerno,</l>
<l>a Baco se atrevieron en sus plantas;</l>
<l>mas, conculcado el pámpano más tierno</l>
<l n="470">viendo, el fiero pastor, voces él tantas</l>
<l>y tantas despidió la honda piedras,</l>
<l>que el muro penetraron de las hiedras.</l>
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<lg>
<l>De los nudos, con esto, más süaves,</l>
<l>los dulces dos amantes desatados,</l>
<l n="475">por duras guijas, por espinas graves</l>
<l>solicitan el mar con pies alados:</l>
<l>tal redimiendo de importunas aves</l>
<l>incauto meseguero sus sembrados,</l>
<l>de liebres dirimió copia, así, amiga</l>
<l n="480">que vario sexo unió y un surco abriga.</l>
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<l>Viendo el fiero jayán con paso mudo</l>
<l>correr al mar la fugitiva nieve</l>
<l>(que a tanta vista el líbico desnudo</l>
<l>registra el campo de su adarga breve)</l>
<l n="485">y al garzón viendo, cuantas mover pudo</l>
<l>celoso trueno antiguas hayas mueve:</l>
<l>tal, antes que la opaca nube rompa,</l>
<l>previene, rayo, fulminante trompa.</l>
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<lg>
<l>Con vïolencia desgajó infinita</l>
<l n="490">la mayor punta de la excelsa roca,</l>
<l>que al joven, sobre quien la precipita,</l>
<l>urna es mucha, pirámide no poca.</l>
<l>Con lágrimas la ninfa solicita</l>
<l>las deidades del mar, que Acis invoca:</l>
<l n="495">concurren todas, y el peñasco duro</l>
<l>la sangre que exprimió, cristal fue, puro.</l>
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<l>Sus miembros lastimosamente opresos</l>
<l>del escollo fatal fueron apenas,</l>
<l>que los pies de los árboles más gruesos</l>
<l n="500">calzó el líquido aljófar de sus venas.</l>
<l>Corriente plata al fin sus blancos huesos,</l>
<l>lamiendo flores y argentando arenas,</l>
<l>a Doris llega, que con llanto pío,</l>
<l>yerno lo saludó, lo aclamó río.</l>
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