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<teiHeader>
<fileDesc>
<titleStmt>
<title>Lazarillo de Tormes: A minimal edition</title>
<respStmt>
<resp>Editado y codificado por</resp>
<name xml:id="SAT">Susanna Allés Torrent</name>
<name xml:id="AG">Alex Gil</name>
<name xml:id="FK">Falls Kennedy</name>
<name xml:id="FiK">Fiona Kibblewhite</name>
<name xml:id="AL">Armando León</name>
<name xml:id="TS">Taewan Shim</name>
</respStmt>
</titleStmt>
<publicationStmt>
<publisher>Columbia University in the City of New York</publisher>
<address>
<addrLine>Department of Latin American and Iberian Cultures</addrLine>
<addrLine>Casa Hispánica</addrLine>
<addrLine>612 West 116th Street</addrLine>
<addrLine>New York, NY 10027</addrLine>
</address>
</publicationStmt>
<sourceDesc>
<biblFull>
<titleStmt>
<title>La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y
adversidades</title>
</titleStmt>
<publicationStmt>
<publisher>Mateo y Francisco del Canto</publisher>
<pubPlace>Medina del Campo</pubPlace>
<date>1554</date>
</publicationStmt>
<notesStmt>
<note resp="#SAT">El único ejemplar conocido se encuentra en la Biblioteca
de Extremadura, Localización S-1 ARMARIO, y Signatura FA 259. La
información básica se encuentra en el Catálogo Red de Bibliotecas de
Extremadura,
<ref>http://catalogo.bibliotecas.gobex.es/cgi-bin/abnetopac/O7063/ID21e434e1/NT12?ACC=101</ref>.
La biblioteca no ofrece las imágenes facsimilares en línea.</note>
</notesStmt>
</biblFull>
</sourceDesc>
</fileDesc>
<encodingDesc>
<editorialDecl>
<p>Para llevar a cabo nuestro trabajo nos hemos basado en la edición de 1554
publicada en Medina del Campo. </p>
<p>La regla general ha sido la de la modernización de la ortografía preservando las
peculiaridades léxicas. Así, hemos resuelto sin indicarlo: </p>
<p><list>
<item>* las abreviaturas simples como "d" por "de", así como las nasales
(ej. te[n]go, ta[n]).</item>
<item>* los acentos según las reglas de acentuación actuales. Ej. Prologo >
Prólogo.</item>
<item>* uso de i/y normalizado y de ciertos diftongos como "priesa" >
"prisa". </item>
<item>* uso v/b. Ej escrivirian > escribirían</item>
<item>* uso i/y. Ej. io > yo, perjuyzio > perjuicio</item>
<item>* uso o/u. Ej. sepoltura > sepultura, sotil > sutil, mochacho >
muchacho</item>
<item> * uso qu/c. Ej. Qual > cual</item>
<item>* formas verbales. Ej. devria > debería, vuimos > hubimos, vuiera >
hubiera, dixo > dijo</item>
<item>* separaciones de palabras. Ej. della > de ella</item>
<item>* grupos consonánticos etimológicos. Ej. fructo > fruto, sancto >
santo, callentar > calentar, así como los resultados por asimilación
regresiva: ej. hazello > hacerlo, sacalla > sacarla, personalle >
perdonarle. </item>
<item>* modernización de sibilantes. Ej. fuesse > fuese, haze > hace, desseo
> deseo, alabança > alabanza, lanças > lanzas</item>
<item>* algunos adverbios que presentaban fluctuación, como "pa/para",
"ansi/assi" los hemos unificado, "para" o "así". </item>
</list></p>
<p>Hemos corregido, también sin indicarlo algunos errores ortográficos, como por
ejemplo "hazeña > aceña" (3v), "muela > muelas" (7v), "quebra > quebró" (10v),
"apertado > apretado" (13v), si > y (37v). Otras peculiaridades, en cambio, las
hemos mantenido por considerarlas más genuinas, como en el caso, por ejemplo, de
"turome" en lugar de "durome" (9r)(verbo "durar"). </p>
<p>Así también, hemos mantenido la posición original de los pronombres, por ejemplo:
"lo poder" (y no "poderlo"), y otros adverbios que nos han parecido
comprensibles para el lector moderno y que aparecen en el diccionario de la RAE,
como "agora", "do", "so". </p>
<p> Para la puntuación hemos intentado ser fieles al original, respetando las pausas
fuertes, y modificando los dos puntos por una coma, menos en aquellos casos que,
por cuestiones sintácticas hemos considerado que debíamos alterarla para ofrecer
un texto más cercano al lector moderno. Por ejemplo, hemos indicado los diálogos
con una línea nueva y guión para señalar claramente las intervenciones o
pensamientos de los personajes. </p>
</editorialDecl>
</encodingDesc>
</teiHeader>
<text>
<body>
<div xml:id="prologo">
<head type="titulo">Prólogo</head>
<div type="texto">
<p><pb n="2r" facs="Medina-1554_002.jpg"/> Yo por bien tengo que cosas tan
señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos,
y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que
las lea halle algo que le agrade, y a las que no ahondaren tanto los
deleite. Y a este propósito dice <persName corresp="#Plinio"
>Plinio</persName> que no hay libro, por malo que sea, que no tenga
alguna cosa buena; mayormente que los gustos no son todos unos, mas lo que
uno no come, otro se pierde por ello. Y así vemos cosas tenidas en poco de
algunos, que de otros no lo son. Y esto para que ninguna cosa se debería
romper, ni echar a mal si muy detestable no fuese, sino que a todos se
comunicase, mayormente siendo sin perjuicio y pudiendo sacar de ella algún
fruto. <pb n="2v" facs="Medina-1554_003.jpg"/>Porque, si así no fuese, muy
pocos escribirían para uno solo, pues no se hace sin trabajo, y quieren, ya
que lo pasan, ser recompensados, no con dineros, mas con que vean y lean sus
obras y, si hay de qué, se las alaben. Y a este propósito dice <persName
corresp="#Ciceron">Tulio</persName>: <quote corresp="#Ciceron">«La honra
cría las artes»</quote>.</p>
<p> ¿Quién piensa que el soldado que es primero del escala tiene más aborrecido
el vivir? No por cierto, mas el deseo de alabanza le hace ponerse al
peligro; y así en las artes y letras es lo mismo. Predica muy bien el
presentado, y es hombre que desea mucho el provecho de las ánimas; mas
pregunten a <persName corresp="#VuestraMerced">su merced</persName> si le
pesa cuando le dicen: <said>«¡Oh, qué maravillosamente lo ha hecho vuestra
reverencia!»</said>. Justó muy ruinmente el señor <persName
corresp="#Don_Fulano">don Fulano</persName>, y dio el sayete de armas al
truhán, porque le loaba de haber llevado muy buenas lanzas: ¿qué hiciera si
fuera verdad? </p>
<p> Y todo va de esta manera; que, confesando yo no ser más santo <pb n="3r"
facs="Medina-1554_003.jpg"/>que mis vecinos, de esta nonada, que en este
grosero estilo escribo, no me pesará que hayan parte y se huelguen con ello
todos los que en ella algún gusto hallaren, y vean que vive un hombre con
tantas fortunas, peligros y adversidades.</p>
<p>Suplico a <persName corresp="#VuestraMerced">Vuestra Merced</persName> reciba
el pobre servicio de mano de quien lo hiciera más rico, si su poder y deseo
se conformaran. Y pues <persName corresp="#VuestraMerced">Vuestra
Merced</persName> escribe se le escriba y relate el caso muy por
extenso, parecióme no tomarle por el medio, sino del principio, porque se
tenga entera noticia de mi persona, y también porque consideren los que
heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos
parcial y, cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria, con fuerza y
maña remando salieron a buen puerto.</p>
</div>
</div>
<div xml:id="tratado1">
<head type="titulo"><pb n="3v" facs="Medina-1554_004.jpg"/>Tratado primero</head>
<head type="subtitulo">Cuenta <persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName> su vida
y cúyo hijo fue</head>
<div type="texto">
<p> Pues sepa <persName corresp="#VuestraMerced">Vuestra Merced</persName>, ante
todas cosas, que a mí llaman <persName corresp="#Lazaro">Lázaro de
Tormes</persName>, hijo de <persName corresp="#TomeGonzalez">Tomé
González</persName> y de <persName corresp="#AntonaPerez">Antona
Pérez</persName>, naturales de <placeName ref="Tejares"
>Tejares</placeName>, aldea de <placeName ref="Salamanca"
>Salamanca</placeName>. Mi nacimiento fue dentro del río <placeName
ref="Tormes">Tormes</placeName>, por la cual causa tomé el sobrenombre;
y fue de esta manera: mi <persName corresp="#TomeGonzalez">padre</persName>,
que <name type="rlgn" xml:id="Dios">Dios</name> perdone, tenía cargo de
proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual
fue molinero más de quince años; y estando mi <persName
corresp="#AntonaPerez">madre</persName> una noche en la aceña, preñada
de mí, tomole el parto y pariome allí. De manera que con verdad me puedo
decir nacido en el río.</p>
<p> Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi <persName
corresp="#TomeGonzalez">padre</persName> ciertas sangrías mal hechas en
los costales de los que allí a moler venían, por lo cual fue preso, y
confesó y no negó, y padeció persecución por justicia. Espero en <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>
<pb n="4r" facs="Medina-1554_004.jpg"/>que está en la gloria, pues el
Evangelio los llama bienaventurados. En este tiempo se hizo cierta armada
contra moros, entre los cuales fue mi <persName corresp="#TomeGonzalez"
>padre</persName>, que a la sazón estaba desterrado por el desastre ya
dicho, con cargo de acemilero de un caballero que allá fue, y con su señor,
como leal criado, feneció su vida. </p>
<p> Mi viuda <persName corresp="#AntonaPerez">madre</persName>, como sin marido
y sin abrigo se viese, determinó arrimarse a los buenos por ser uno de
ellos, y vínose a vivir a <placeName ref="Salamanca">la ciudad</placeName> y
alquiló una casilla y metíase a guisar de comer a ciertos estudiantes, y
lavaba la ropa a ciertos mozos de caballos del <persName
corresp="#Magdalena">Comendador de la Magdalena</persName>, de manera
que fue frecuentando las caballerizas.</p>
<p> Ella y <persName corresp="#Zaide">un hombre moreno</persName> de aquellos
que las bestias curaban vinieron en conocimiento. Éste algunas veces se
venía a nuestra casa y se iba a la mañana. Otras veces de día llegaba a la
puerta en <pb n="4v" facs="Medina-1554_005.jpg"/>achaque de comprar huevos y
entrábase en casa. Yo, al principio de su entrada, pesábame con él y habíale
miedo, viendo el color y mal gesto que tenía; mas de que vi que con su
venida mejoraba el comer, fuile queriendo bien, porque siempre traía pan,
pedazos de carne, y en el invierno leños a que nos calentábamos.</p>
<p> De manera que continuando la posada y conversación, mi <persName
corresp="#AntonaPerez">madre</persName> vino a darme <persName
corresp="#hermanastro">un negrito</persName> muy bonito, el cual yo
brincaba y ayudaba a calentar. Y acuérdome que estando el negro de mi
padrastro trebejando con el mozuelo, como el niño vía a mi <persName
corresp="#AntonaPerez">madre</persName> y a mí blancos y a él no, huía
de él con miedo para mi <persName corresp="#AntonaPerez">madre</persName>,
y, señalando con el dedo, decía: </p>
<sp who="#hermanastro">
<p>-¡Madre, coco! </p>
</sp>
<p> Respondió él riendo: </p>
<sp who="#Zaide">
<p> -¡Hideputa! </p>
</sp>
<p> Yo, aunque bien mochacho, noté aquella palabra de mi <persName
corresp="#hermanastro">hermanico</persName>, y dije entre mí: <said
who="#Lazaro">«¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros
porque <pb n="5r" facs="Medina-1554_005.jpg"/>no se veen a sí
mismos!».</said>
</p>
<p> Quiso nuestra fortuna que la conversación del <persName corresp="#Zaide"
>Zaide</persName>, que así se llamaba, llegó a oídos del mayordomo, y,
hecha pesquisa, hallóse que la mitad por medio de la cebada, que para las
bestias le daban, hurtaba, y salvados, leña, almohazas, mandiles, y las
mantas y sábanas de los caballos hacía perdidas; y, cuando otra cosa no
tenía, las bestias desherraba, y con todo esto acudía a mi <persName
corresp="#AntonaPerez">madre</persName> para criar a mi hermanico. No
nos maravillemos de un clérigo, ni de un fraile, porque el uno hurta de los
pobres y el otro de casa para sus devotas y para ayuda de otro tanto, cuando
a un pobre esclavo el amor le animaba a esto.</p>
<p> Y probósele cuanto digo, y aún más, porque a mí con amenazas me preguntaban,
y, como niño, respondía y descubría cuanto sabía con miedo, hasta ciertas
herraduras que por mandado de mi <persName corresp="#AntonaPerez"
>madre</persName> a un herrero vendí. </p>
<p> Al triste de mi <persName corresp="#Zaide">padrastro</persName>
<pb n="5v" facs="Medina-1554_006.jpg"/>azotaron y pringaron, y a mi
<persName corresp="#AntonaPerez">madre</persName> pusieron pena por
justicia, sobre el acostumbrado centenario, que en casa del sobredicho
comendador no entrase ni al lastimado Zaide en la suya acogiese. </p>
<p> Por no echar la soga tras el caldero, la triste se esforzó y cumplió la
sentencia, y, por evitar peligro y quitarse de malas lenguas, se fue a
servir a los que al presente vivían en el <placeName ref="Meson_Solana"
>mesón de la Solana</placeName>; y allí, padeciendo mil importunidades,
se acabó de criar mi hermanico hasta que supo andar, y a mí hasta ser buen
mozuelo, que iba a los huéspedes por vino y candelas y por lo demás que me
mandaban.</p>
<p> En este tiempo vino a posar al mesón <persName corresp="#ciego">un
ciego</persName>, el cual, pareciéndole que yo sería para adestrarle, me
pidió a mi <persName corresp="#AntonaPerez">madre</persName>, y ella me
encomendó a él, diciéndole cómo era hijo de un buen hombre, el cual, por
ensalzar la fe, había muerto en la de los <placeName ref="Gelves"
>Gelves</placeName>, y que ella confiaba <pb n="6r"
facs="Medina-1554_006.jpg"/> en <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>Dios</name> no saldría peor hombre que mi <persName
corresp="#TomeGonzalez">padre</persName>, y que le rogaba me tratase
bien y mirase por mí, pues era huérfano. Él respondió que así lo haría y que
me recibía, no por mozo, sino por hijo. Y así le comencé a servir y adestrar
a mi nuevo y viejo amo.</p>
<p> Como estuvimos en <placeName ref="Salamanca">Salamanca</placeName> algunos
días, pareciéndole a mi amo que no era la ganancia a su contento, determinó
irse de allí; y cuando nos hubimos de partir, yo fui a ver a mi <persName
corresp="#AntonaPerez">madre</persName> y, ambos llorando, me dio su
bendición y dijo:</p>
<sp who="#AntonaPerez">
<p>-Hijo, ya sé que no te veré más. Procura de ser bueno, y <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> te guíe. Criado te he y con
buen amo te he puesto; válete por ti.</p>
</sp>
<p> Y así me fui para mi amo, que esperándome estaba.</p>
<p> Salimos de <placeName ref="Salamanca">Salamanca</placeName> y, llegando a la
puente, está a la entrada de ella un animal de piedra, que casi tiene forma
de toro, y el <persName corresp="#ciego">ciego</persName> mandóme que
llegase cerca <pb n="6v" facs="Medina-1554_007.jpg"/>del animal y, allí
puesto, me dijo:</p>
<sp who="#ciego">
<p> -<persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName>, llega el oído a este
toro y oirás gran ruido dentro de él.</p>
</sp>
<p> Yo simplemente llegué, creyendo ser así. Y como sintió que tenía la cabeza
par de la piedra, afirmó recio la mano y diome una gran calabazada en el
diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada, y
díjome:</p>
<sp who="#ciego">
<p> -Necio, aprende, que el mozo del <persName corresp="#ciego"
>ciego</persName> un punto ha de saber más que el diablo.</p>
</sp>
<p> Y rió mucho la burla.</p>
<p> Parecióme que en aquel instante desperté de la simpleza en que, como niño,
dormido estaba. Dije entre mí: <said who="#Lazaro"> «Verdad dice éste, que
me cumple avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa
valer».</said></p>
<p>Comenzamos nuestro camino y en muy pocos días me mostró jerigonza, y como me
viese de buen ingenio, holgábase mucho y decía:</p>
<sp who="#ciego">
<p>-Yo oro ni plata no te lo puedo dar, mas avisos para vivir muchos te
mostraré.</p>
</sp>
<p>Y fue <pb n="7r" facs="Medina-1554_007.jpg"/>así que, después de <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>, éste me dio la vida, y, siendo
<persName corresp="#ciego">ciego</persName>, me alumbró y adestró en la
carrera de vivir.</p>
<p>Huelgo de contar a <persName corresp="#VuestraMerced">Vuestra
Merced</persName> estas niñerías, para mostrar cuánta virtud sea saber
los hombres subir siendo bajos, y dejarse bajar siendo altos cuánto
vicio.</p>
<p>Pues, tornando al bueno de mi <persName corresp="#ciego">ciego</persName> y
contando sus cosas, <persName corresp="#VuestraMerced">Vuestra
Merced</persName> sepa que, desde que <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>Dios</name> crió el mundo, ninguno formó más astuto ni sagaz. En su
oficio era un águila: ciento y tantas oraciones sabía de coro; un tono bajo,
reposado y muy sonable, que hacía resonar la iglesia donde rezaba; un rostro
humilde y devoto que, con muy buen continente, ponía cuando rezaba, sin
hacer gestos ni visajes con boca ni ojos, como otros suelen hacer.</p>
<p>Allende de esto, tenía otras mil formas y maneras para sacar el dinero. Decía
saber oraciones para muchos y diversos efectos: para mujeres que <pb n="7v"
facs="Medina-1554_008.jpg"/>no parían, para las que estaban de parto,
para las que eran malcasadas, que sus maridos las quisiesen bien. Echaba
pronósticos a las preñadas si traían hijo o hija. Pues en caso de medicina
decía que <persName corresp="#Galeno">Galeno</persName> no supo la mitad que
él para <choice>
<orig>muela</orig>
<reg>muelas</reg>
</choice>, desmayos, males de madre. Finalmente, nadie le decía padecer
alguna pasión, que luego no le decía:</p>
<sp who="#ciego">
<p> -Haced esto, haréis esto otro, cosed tal yerba, tomad tal raíz.</p>
</sp>
<p>Con esto andábase todo el mundo tras él, especialmente mujeres, que cuanto
les decía creían. De éstas sacaba él grandes provechos con las artes que
digo, y ganaba más en un mes que cien ciegos en un año.</p>
<p>Mas también quiero que sepa <persName corresp="#VuestraMerced">Vuestra
Merced</persName> que, con todo lo que adquiría y tenía, jamás tan
avariento ni mezquino hombre no vi, tanto, que me mataba a mí de hambre,<pb
n="8r" facs="Medina-1554_008.jpg"/> y así no me demediaba de lo
necesario. Digo verdad: si con mi sutileza y buenas mañas no me supiera
remediar, muchas veces me finara de hambre. Mas, con todo su saber y aviso,
le contaminaba de tal suerte que siempre, o las más veces, me cabía lo más y
mejor. Para esto le hacía burlas endiabladas, de las cuales contaré algunas,
aunque no todas a mi salvo.</p>
<p> Él traía el pan y todas las otras cosas en un fardel de lienzo, que por la
boca se cerraba con una argolla de hierro y su candado y llave; y al meter
de las cosas y sacarlas, era con tanta vigilancia y tan por contadero, que
no bastara todo el mundo a hacerle menos una migaja. Mas yo tomaba aquella
lacería que él me daba, la cual en menos de dos bocados era despachada.
Después que cerraba el candado y se descuidaba, pensando que yo <pb n="8v"
facs="Medina-1554_009.jpg"/> estaba entendiendo en otras cosas, por un
poco de costura, que muchas veces del un lado del fardel descosía y tornaba
a coser, sangraba el avariento fardel, sacando, no por tasa pan, más buenos
pedazos, torreznos y longaniza. Y así, buscaba conveniente tiempo para
rehacer, no la chaza, sino la endiablada falta que el mal <persName
corresp="#ciego">ciego</persName> me faltaba.</p>
<p>Todo lo que podía sisar y hurtar traía en medias blancas y, cuando le
mandaban rezar y le daban blancas, como él carecía de vista, no había el que
se la daba amagado con ella, cuando yo la tenía lanzada en la boca y la
media aparejada, que, por presto que él echaba la mano, ya iba de mi cambio
aniquilada en la mitad del justo precio. Quejábaseme el mal <persName
corresp="#ciego">ciego</persName>, porque al tiento luego conocía y
sentía que no era blanca entera, y decía:</p>
<sp who="#ciego">
<p> -¿Qué diablo es esto que, después que conmigo estás, no me dan sino
medias blancas, y de antes <pb n="9r" facs="Medina-1554_009.jpg"/>una
blanca y un maravedí hartas veces me pagaban? En ti debe estar esta
desdicha.</p>
</sp>
<p> También él abreviaba el rezar y la mitad de la oración no acababa, porque me
tenía mandado que, en yéndose el que la mandaba rezar, le tirase por cabo
del capuz. Yo así lo hacía. Luego él tornaba a dar voces diciendo: <said
corresp="#ciego">«¿Mandan rezar tal y tal oración?»</said>, como suelen
decir.</p>
<p> Usaba poner cabe sí un jarrillo de vino cuando comíamos, y yo muy de presto
le asía y daba un par de besos callados y tornábale a su lugar. Mas turóme
poco, que en los tragos conocía la falta, y, por reservar su vino a salvo,
nunca después desamparaba el jarro, antes lo tenía por el asa asido. Mas no
había piedra imán que así trajese a sí como yo con una paja larga de centeno
que para aquel menester tenía hecha, la cual, metiéndola en la boca del
jarro, <pb n="9v" facs="Medina-1554_010.jpg"/>chupando el vino, lo dejaba a
buenas noches. Mas, como fuese el traidor tan astuto, pienso que me sintió,
y dende en adelante mudó propósito y asentaba su jarro entre las piernas y
atapábale con la mano, y así bebía seguro.</p>
<p> Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de
la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una
fuentecilla y agujero sutil y, delicadamente, con una muy delgada tortilla
de cera, taparlo; y al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame
entre las piernas del triste <persName corresp="#ciego">ciego</persName> a
calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos y, al calor de ella luego
derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destilarme
en la boca, la cual yo de tal manera ponía, que maldita la gota se perdía.
Cuando el pobreto iba a beber, no hallaba nada, <pb n="10r"
facs="Medina-1554_010.jpg"/>espantábase, maldecíase, daba al diablo el
jarro y el vino, no sabiendo qué podía ser.</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-No diréis, tío, que os lo bebo yo -decía-, pues no le quitáis de la
mano.</p>
</sp>
<p>Tantas vueltas y tientos dio al jarro, que halló la fuente y cayó en la
burla; mas así lo disimuló como si no lo hubiera sentido.</p>
<p>Y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, no pensando el
daño que me estaba aparejado ni que el mal <persName corresp="#ciego">
ciego</persName> me sentía, sentéme como solía; estando recibiendo
aquellos dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco cerrados los
ojos por mejor gustar el sabroso licor, sintió el desesperado <persName
corresp="#ciego">ciego</persName> que agora tenía tiempo de tomar de mí
venganza, y con toda su fuerza, alzando con dos manos aquel dulce y amargo
jarro, le dejó caer sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder,
de manera que el pobre <persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName>, que de
nada de esto se <pb n="10v" facs="Medina-1554_011.jpg"/>guardaba, antes,
como otras veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente me pareció que
el cielo, con todo lo que en él hay, me había caído encima.</p>
<p>Fue tal el golpecillo, que me desatinó y sacó de sentido, y el jarrazo tan
grande, que los pedazos de él se me metieron por la cara, rompiéndomela por
muchas partes, y me quebró los dientes, sin los cuales hasta hoy día me
quedé.</p>
<p>Desde aquella hora quise mal al mal <persName corresp="#ciego"
>ciego</persName> y, aunque me quería y regalaba y me curaba, bien vi
que se había holgado del cruel castigo. Lavóme con vino las roturas que con
los pedazos del jarro me había hecho y, sonriéndose, decía:<said>«¿Qué te
parece <persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName>? Lo que te enfermó
te sana y da salud»</said>, y otros donaires que a mi gusto no lo
eran.</p>
<p>Ya que estuve medio bueno de mi negra trepa y cardenales, considerando que, a
pocos golpes tales, el cruel <persName corresp="#ciego">ciego</persName>
<pb n="11r" facs="Medina-1554_011.jpg"/>ahorraría de mí, quise yo ahorrar de
él; mas no lo hice tan presto, por hacerlo más a mi salvo y provecho. Y
aunque yo quisiera asentar mi corazón y perdonarle el jarrazo, no daba lugar
el maltratamiento que el mal <persName corresp="#ciego">ciego</persName>
dende allí adelante me hacía, que sin causa ni razón me hería, dándome
coscorrones y repelándome.</p>
<p>Y si alguno le decía por qué me trataba tan mal, luego contaba el cuento del
jarro, diciendo:</p>
<sp who="#ciego">
<p>-¿Pensaréis que este mi mozo es algún inocente? Pues oíd si el demonio
ensayara otra tal hazaña.</p>
</sp>
<p>Santiguándose los que lo oían, decían:</p>
<sp who="#vecino">
<p>-¡Mirá quién pensara de un muchacho tan pequeño tal ruindad!</p>
</sp>
<p>Y reían mucho el artificio y decíanle:</p>
<sp who="#vecinos">
<p>-¡Castigadlo, castigadlo, que de <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>Dios</name> lo habréis!</p>
</sp>
<p>Y él, con aquello, nunca otra cosa hacía.</p>
<p>Y en esto yo siempre le llevaba por los peores caminos, y adrede, por le <pb
n="11v" facs="Medina-1554_012.jpg"/> hacer mal y daño, si había piedras,
por ellas, si lodo, por lo más alto. Que, aunque yo no iba por lo más
enjuto, holgábame a mí de quebrar un ojo por quebrar dos al que ninguno
tenía. Con esto, siempre con el cabo alto del tiento me atentaba el
colodrillo, el cual siempre traía lleno de tolondrones y pelado de sus
manos. Y, aunque yo juraba no hacerlo con malicia, sino por no hallar mejor
camino, no me aprovechaba ni me creía, mas tal era el sentido y el
grandísimo entendimiento del traidor.</p>
<p>Y porque vea <persName corresp="#VuestraMerced">Vuestra Merced</persName> a
cuánto se extendía el ingenio de este astuto <persName corresp="#ciego"
>ciego</persName>, contaré un caso de muchos que con él me acaecieron,
en el cual me parece dio bien a entender su gran astucia. Cuando salimos de
<placeName ref="Salamanca">Salamanca</placeName>, su motivo fue venir a
tierra de <placeName ref="Toledo">Toledo</placeName>, porque decía ser la
gente más rica, aunque no muy limosnera. Arrimábase <pb
facs="Medina-1554_012.jpg" n="12r"/>a este refrán: <quote type="refran"
>«Más da el duro que el desnudo»</quote>. Y venimos a este camino por
los mejores lugares. Donde hallaba buena acogida y ganancia, deteníamonos;
donde no, a tercero día hacíamos <name type="rlgn" corresp="#San_Juan">San
Juan</name>.</p>
<p>Acaeció que, llegando a un lugar que llaman <placeName ref="Almorox"
>Almorox</placeName> al tiempo que cogían las uvas, un vendimiador le
dio un racimo de ellas en limosna. Y como suelen ir los cestos maltratados,
y también porque la uva en aquel tiempo está muy madura, desgranábasele el
racimo en la mano. Para echarlo en el fardel, tornábase mosto, y lo que a él
se llegaba. Acordó de hacer un banquete, así por no lo poder llevar, como
por contentarme, que aquel día me había dado muchos rodillazos y golpes.
Sentámonos en un valladar y dijo:</p>
<sp who="#ciego">
<p>-Agora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos
este racimo de uvas y que hayas de él tanta parte <pb n="12v"
facs="Medina-1554_013.jpg"/>como yo. Partirlo hemos de esta manera:
tú picarás una vez y yo otra, con tal que me prometas no tomar cada vez
más de una uva. Yo haré lo mismo hasta que lo acabemos, y de esta suerte
no habrá engaño.</p>
</sp>
<p> Hecho así el concierto, comenzamos; mas luego al segundo lance, el traidor
mudó propósito, y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debería
hacer lo mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contenté ir a la
par con él, mas aún pasaba adelante: dos a dos y tres a tres y como podía
las comía. Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano y,
meneando la cabeza, dijo:</p>
<sp who="#ciego">
<p> -<persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName>, engañado me has. Juraré
yo a <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> que has tú comido las
uvas tres a tres.</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p> -No comí -dije yo-, mas ¿por qué sospecháis eso?</p>
</sp>
<p> Respondió el sagacísimo <persName corresp="#ciego">ciego</persName>:</p>
<sp who="#ciego">
<p> -¿Sabes en qué veo que las comiste <pb n="13r"
facs="Medina-1554_013.jpg"/>tres a tres? En que comía yo dos a dos y
callabas.</p>
</sp>
<!-- SAT: En este punto falta en la edición de Medina el episodio de Escalona y el zapatero que sí aparece en las otras ediciones:
"A lo cual yo no respondí. Yendo que íbamos así por debajo de unos
soportales, en Escalona (...) Era todo lo más que rezaba por mesoneras y por bodegoneras y turroneras y
rameras y así por semejantes mujercillas, que por hombre casi nunca le vi
decir oración."-->
<p>Reíme entre mí y, aunque muchacho, noté mucho la discreta consideración del
<persName corresp="#ciego">ciego</persName>.</p>
<p>Mas, por no ser prolijo, dejo de contar muchas cosas, así graciosas como de
notar, que con este mi primer amo me acaecieron, y quiero decir el
despidiente y con él acabar.</p>
<p>Estábamos en <placeName ref="Escalona">Escalona</placeName>, villa del duque
de ella, en mesón, y diome un pedazo de longaniza que le asase. Ya que la
longaniza había pringado y comídose las pringadas, sacó un maravedí de la
bolsa y mandó que fuese por el vino a la taberna. Púsome el demonio el
aparejo delante los ojos, el cual, como suelen decir, hace al ladrón; y fue
que había cabe el fuego un nabo pequeño larguillo y ruinoso, y tal que por
no ser para la olla debió ser echado allí. Y como al presente nadie
estuviese sino él y yo <pb n="13v" facs="Medina-1554_014.jpg"/>solos, como
me vi con apetito goloso, habiéndome puesto dentro el sabroso olor de la
longaniza, del cual solamente sabía que había de gozar, no mirando qué me
podría suceder, postpuesto todo el temor por cumplir con el deseo, en tanto
que el <persName corresp="#ciego">ciego</persName> sacaba de la bolsa el
dinero, saqué la longaniza y muy presto metí el sobredicho nabo en el
asador. El cual, mi amo, dándome el dinero para el vino, tomó y començó a
dar vueltas al fuego, queriendo asar al que de ser cocido por sus deméritos
había escapado. </p>
<p>Yo fui por el vino, con el cual no tardé en despachar la longaniza, y cuando
vine hallé al pecador del <persName corresp="#ciego">ciego</persName> que
tenía entre dos rebanadas <choice>
<orig>apertado</orig>
<reg>apretado</reg>
</choice> el nabo, al cual aún no había conocido, por no lo haber tentado
con la mano. Como tomase las rebanadas y mordiese en ellas pensando también
llevar parte de la longaniza, hallóse en frío <pb n="14r"
facs="Medina-1554_014.jpg"/> con el frío nabo. Alterose y dijo:</p>
<sp who="#ciego">
<p>- ¿Qué es esto, Lazarillo?</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>- ¡Lacerado de mí -dije yo-, si queréis a mí echar algo! ¿Yo no vengo de
traer el vino? Alguno estaba ahí y por burlar haría esto.</p>
</sp>
<sp who="#ciego">
<p>- No, no -dijo él- que yo no he dejado el asador de la mano, no es
posible.</p>
</sp>
<p>Yo torné a jurar y perjurar que estaba libre de aquel trueco y cambio, mas
poco me aprovechó, pues a las astucias del maldito <persName
corresp="#ciego">ciego</persName> nada se le escondía. Levantose y
asiome por la cabeça y llegose a olerme, y como debió sentir el huelgo, a
uso de buen podenco, por mejor satisfacerse de la verdad, y con la gran
agonia que llevaba, asiéndome con las manos, abríame la boca más de su
derecho y desatentadamente metía la nariz, la cual él tenía luenga y
afilada. Y aquella sazón, con el enojo, se había aumentado un palmo, con el
pico de la cual <pb n="14v" facs="Medina-1554_014.jpg"/> me llegó a la
gulilla. Con esto y con el gran miedo que tenía y con la brevedad del
tiempo, la negra longaniza aún no había hecho asiento en el estómago; y, lo
más principal, con el destiento de la cumplidísima nariz medio casi
ahogándome, todas estas cosas se juntaron y fueron causa que el hecho y
golosina se manifestase y lo suyo fuese vuelto a su dueño. De manera que
antes que el mal <persName corresp="#ciego">ciego</persName> sacase de mi
boca su trompa, tal alteración sintió mi estómago que le dió con el hurto en
ella, de suerte que su nariz y la negra mal maxcada longaniza a un tiempo
salieron de mi boca.</p>
<p>¡Oh gran <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>, quien estuviera
aquella hora sepultado, que muerto ya lo estaba! Fue tal el coraje del
perverso <persName corresp="#ciego">ciego</persName>, que si al ruido no
acudieran, pienso no me dejara con la vida. Sacáronme de entre sus manos,
dejándoselas llenas de aquellos pocos <pb n="15r" facs="Medina-1554_015.jpg"
/> cabellos que tenía, arañada la cara y rascuñado el pescuezo y la
garganta. Y esto bien lo merecía, pues por su maldad venían tantas
persecuciones.</p>
<p>Contaba el mal <persName corresp="#ciego">ciego</persName> a todos cuantos
allí se allegaban mis desastres, y dábales cuenta una y otra vez así de la
del jarro, como de la del razimo, y agora de lo presente. Era la risa de
todos tan grande, que toda la gente que por la calle pasaba entraba a ver la
fiesta; mas con tanta gracia y donaire contaba el <persName corresp="#ciego"
>ciego</persName> mis hazañas que, aunque yo estaba tan maltratado y
llorando, me parecía que hacía sinjusticia en no se las reir. Y en cuanto
esto pasaba, a la memoria me vino una cobardía y flojedad que hice, por que
me maldecía: y fue no dejarle sin narices, pues tan buen tiempo tuve para
ello, que la mitad del camino estaba andado, que con sólo apretar los
dientes se <pb n="15v" facs="Medina-1554_016.jpg"/> me quedaran en casa y,
con ser de aquel malvado, por ventura lo retuviera mejor mi estómago que
retuvo la longaniza y, no pareciendo ellas, pudiera negar la demanda.
Plugiera a <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> que lo hubiera
hecho, que eso fuera así que así. </p>
<p> Hiciéronnos amigos la mesonera y los que allí estaban y, con el vino que
para beber le había traído, laváronme la cara y la garganta. Sobre lo cual
discantaba el mal <persName corresp="#ciego">ciego</persName> donaires,
diciendo:</p>
<sp who="#ciego">
<p>-Por verdad, más vino me gasta este mozo en lavatorios al cabo del año,
que yo bebo en dos. A lo menos, <persName corresp="#Lazaro"
>Lázaro</persName>, eres en más cargo al vino que a tu <persName
corresp="#TomeGonzalez">padre</persName>, porque él una vez te
engendró, mas el vino mil te ha dado la vida.</p>
</sp>
<p>Y luego contaba cuántas veces me había descalabrado y arpado la cara, y con
vino luego sanaba.</p>
<sp who="#ciego">
<p> -Yo te digo -dijo- que, si hombre en el mundo ha de ser bienaventurado
con vino, que serás tú.</p>
</sp>
<p> Y <pb n="16r" facs="Medina-1554_016.jpg"/>reían mucho los que me lavaban con
esto, aunque yo renegaba. Mas el pronóstico del <persName corresp="#ciego"
>ciego</persName> no salió mentiroso, y después acá muchas veces me
acuerdo de aquel hombre, que sin duda debía tener espíritu de profecía, y me
pesa de los sinsabores que le hice, aunque bien se lo pagué, considerando lo
que aquel día me dijo salirme tan verdadero, como adelante <persName
corresp="#VuestraMerced">Vuestra Merced</persName> oirá.</p>
<p> Visto esto y las malas burlas que el <persName corresp="#ciego"
>ciego</persName> burlaba de mí, determiné de todo en todo dejarle, y,
como lo traía pensado y lo tenía en voluntad, con este postrer juego que me
hizo afirmélo más. Y fue así, que luego otro día salimos por la villa a
pedir limosna, y había llovido mucho la noche antes; y porque el día también
llovía, y andaba rezando debajo de unos portales que en aquel pueblo había,
donde no nos mojamos, mas como la noche se venía <pb
facs="Medina-1554_013.jpg" n="16v"/> y el llover no cesaba, díjome el
<persName corresp="#ciego">ciego</persName>:</p>
<sp who="#ciego">
<p> -<persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName>, esta agua es muy
porfiada, y cuanto la noche más cierra, más recia. Acojámonos a la
posada con tiempo. </p>
</sp>
<p> Para ir allá habíamos de pasar un arroyo, que con la mucha agua iba grande.
Yo le dije:</p>
<sp who="#Lazaro">
<p> -Tío, el arroyo va muy ancho; mas si queréis, yo veo por donde
travesemos más aína sin nos mojar, porque se estrecha allí mucho y,
saltando, pasaremos a pie enjuto. </p>
</sp>
<p> Parecióle buen consejo y dijo:</p>
<sp who="#ciego">
<p> -Discreto eres, por esto te quiero bien; llévame a ese lugar donde el
arroyo se ensangosta, que agora es invierno y sabe mal el agua, y más
llevar los pies mojados.</p>
</sp>
<p> Yo que vi el aparejo a mi deseo, saquéle de bajo de los portales y llevélo
derecho de un pilar o poste de piedra que en la plaza estaba, sobre el cual
y sobre otros cargaban saledizos de aquellas casas, y díjele:</p>
<sp who="#Lazaro">
<p><pb facs="Medina-1554_017.jpg" n="17r"/>-Tío, éste es el paso más angosto
que en el arroyo hay.</p>
</sp>
<p> Como llovía recio y el triste se mojaba, y con la prisa que llevábamos de
salir del agua, que encima nos caía; y, lo más principal (porque <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> le cegó aquella hora el
entendimiento) fue por darme de él venganza. Creyóse de mí, y dijo:</p>
<sp who="#ciego">
<p> -Ponme bien derecho, y salta tú el arroyo.</p>
</sp>
<p> Yo le puse bien derecho enfrente del pilar, y doy un salto, y póngome detrás
del poste, como quien espera tope de toro, y díjele:</p>
<sp who="#Lazaro">
<p> -Sus, salta todo lo que podáis, porque deis de este cabo del agua</p>
</sp>
<p> Aun apenas lo había acabado de decir, cuando se abalanza el pobre <persName
corresp="#ciego">ciego</persName> como cabrón, y de toda su fuerza
arremete, tomando un paso atrás de la corrida para hacer mayor salto, y da
con la cabeza en el poste, que sonó tan recio como si diera con una gran
calabaza, y cayó luego <pb facs="Medina-1554_019.jpg" n="17v"/>para atrás
medio muerto y hendida la cabeza.</p>
<sp who="#Lazaro">
<p> -¿Cómo, y olisteis la longaniza y no el poste? ¡Oled! ¡Oled! -le dije
yo.</p>
</sp>
<p>Y dejóle en poder de mucha gente que lo había ido a socorrer, y tomo la
puerta de la villa en los pies de un trote, y, antes de que la noche
viniese, di conmigo en <placeName ref="Torrijos">Torrijos</placeName>. No
supe más lo que <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> de él hizo ni
curé de saberlo.</p>
</div>
</div>
<div xml:id="tratado2">
<head type="titulo">Tratado segundo</head>
<head type="subtitulo"> Cómo <persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName> se asentó
con un <persName corresp="#clerigo">clérigo</persName>, y de las cosas que con
él pasó.</head>
<div type="texto">
<p>Otro día, no pareciéndome estar allí seguro, fuime a un lugar que llaman
<placeName ref="Maqeuda">Maqueda</placeName>, adonde me toparon mis
pecados con un <persName corresp="#clerigo">clérigo</persName>, que,
llegando a pedir limosna, me preguntó si sabía ayudar <pb
facs="Medina-1554_019.jpg" n="19r"/>a misa. Yo dije que sí, como era
verdad; que, aunque maltratado, mil cosas buenas me mostró el pecador del
<persName corresp="#ciego">ciego</persName>, y una de ellas fue ésta.
Finalmente, el <persName corresp="#clerigo">clérigo</persName> me recibió
por suyo. </p>
<p>Escapé del trueno y di en el relámpago, porque era el <persName
corresp="#ciego">ciego</persName> para con éste un <persName
corresp="#AlejandroMagno">Alejandro Magno</persName>, con ser la misma
avaricia, como he contado. No digo más, sino que toda la lacería del mundo
estaba encerrada en éste: no sé si de su cosecha era o lo había anejado con
el hábito de clerecía.</p>
<p>Él tenía un arcaz viejo y cerrado con su llave, la cual traía atada con una
agujeta del paletoque. Y en viniendo el bodigo de la iglesia, por su mano
era luego allí lanzado y tornada a cerrar el arca. Y en toda la casa no
había ninguna cosa de comer, como suele estar en otras algún tocino colgado
al humero, algún queso puesto en alguna tabla o <pb
facs="Medina-1554_020.jpg" n="19v"/>en el armario, algún canastillo con
algunos pedazos de pan que de la mesa sobran; que me parece a mí que, aunque
de ello no me aprovechara, con la vista de ello me consolara.</p>
<p>Solamente había una horca de cebollas, y tras la llave, en una cámara en lo
alto de la casa. De éstas tenía yo de ración una para cada cuatro días, y,
cuando le pedía la llave para ir por ella, si alguno estaba presente, echaba
mano al falsopeto y con gran continencia la desataba y me la daba
diciendo:</p>
<sp who="#clerigo">
<p>-Toma y vuélvela luego, y no hagáis sino golosinar.</p>
</sp>
<p>Como si debajo de ella estuvieran todas las conservas de <placeName
ref="Valencia">Valencia</placeName>, con no haber en la dicha cámara,
como dije, maldita la otra cosa que las cebollas colgadas de un clavo. Las
cuales él tenía tan bien por cuenta, que, si por malos de mis pecados me
desmandara a más de mi tasa, me costara <pb facs="Medina-1554_020.jpg"
n="20r"/> caro. Finalmente, yo me finaba de hambre. Pues ya que conmigo
tenía poca caridad, consigo usaba más. Cinco blancas de carne era su
ordinario para comer y cenar. Verdad es que partía conmigo del caldo, que de
la carne ¡tan blanco el ojo!, sino un poco de pan, y ¡pluguiera a <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> que me demediara!</p>
<p>Los sábados cómense en esta tierra cabezas de carnero, y enviábame por una,
que costaba tres maravedís. Aquélla le cocía, y comía los ojos y la lengua y
el cogote y sesos, y la carne que en las quijadas tenía, y dábame todos los
huesos roídos, y dábamelos en el plato, diciendo:</p>
<sp who="#clerigo">
<p>-Toma, come, triunfa, que para ti es el mundo. Mejor vida tienes que
<name type="rlgn" xml:id="Papa">el Papa</name>.</p>
</sp>
<said who="#Lazaro"><p>«¡Tal te la dé Dios!» -decía yo paso entre mí.</p></said>
<p>A cabo de tres semanas que estuve con él vine a tanta flaqueza, que no me
podía tener en las <pb facs="Medina-1554_021.jpg" n="20v"/>piernas de pura
hambre. Vime claramente ir a la sepultura, si <name type="rlgn"
corresp="#Dios">Dios</name> y mi saber no me remediaran, para usar de
mis mañas no tenía aparejo, por no tener en qué darle salto. Y, aunque algo
hubiera, no podía cegarle, como hacía al que <name type="rlgn"
corresp="#Dios">Dios</name> perdone -si de aquella calabazada feneció-,
que todavía, aunque astuto, con faltarle aquel preciado sentido, no me
sentía; mas estotro, ninguno hay que tan aguda vista tuviese como él
tenía.</p>
<p>Cuando al ofertorio estábamos, ninguna blanca en la concha caía, que no era
de él registrada: el un ojo tenía en la gente y el otro en mis manos.
Bailábanle los ojos en el casco como si fueran de azogue. Cuantas blancas
ofrecían tenía por cuenta, y, acabado el ofrecer, luego me quitaba la
<sic>corneta</sic> y la ponía sobre el altar.</p>
<p>No era yo señor de asirle una blanca todo el tiempo que con él viví, o, por
mejor decir, <pb facs="Medina-1554_021.jpg" n="21r"/> morí. De la taberna
nunca le traje una blanca de vino; mas aquel poco que de la ofrenda había
metido en su arcaz compasaba de tal forma que le duraba toda la semana.</p>
<p>Y por ocultar su gran mezquindad, decíame:</p>
<sp who="#clerigo">
<p>-Mira, mozo, los sacerdotes han de ser muy templados en su comer y beber,
y por esto yo no me desmando como otros.</p>
</sp>
<p>Mas el lacerado mentía falsamente, porque en cofradías y mortuorios que
rezamos, a costa ajena comía como lobo y bebía más que un saludador.Y porque
dije de mortuorios, <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> me
perdone, que jamás fui enemigo de la naturaleza humana sino entonces. Y esto
era porque comíamos bien y me hartaban. Deseaba y aun rogaba a <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> que cada día matase el suyo. Y
cuando dábamos sacramento a los enfermos, especialmente la extremaunción,
como manda el <persName corresp="#clerigo">clérigo</persName> rezar a los
que están allí, <pb facs="Medina-1554_022.jpg" n="21v"/> yo cierto no era el
postrero de la oración, y con todo mi corazón y buena voluntad rogaba al
<name type="rlgn" corresp="#Dios">Señor</name>, no que le echase a la
parte que más servido fuese, como se suele decir, mas que le llevase de este
mundo.</p>
<p>Y cuando alguno de éstos escapaba, <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>Dios</name> me lo perdone, que mil veces le daba al diablo; y el que se
moría, otras tantas bendiciones llevaba de mí dichas. Porque en todo el
tiempo que allí estuve, que serían casi seis meses, <sic>solas</sic> veinte
personas fallecieron, y éstas bien creo que las maté yo, o, por mejor decir,
murieron a mi recuesta; porque, viendo el <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>Señor</name> mi rabiosa y continua muerte, pienso que holgaba de
matarlos por darme a mí vida. Mas de lo que al presente padecía, remedio no
hallaba; que, si el día que enterrábamos yo vivía, los días que no había
muerto, por quedar bien vezado <pb facs="Medina-1554_022.jpg" n="22r"/> de
la hartura, tornando a mi cotidiana <choice>
<orig>hambra</orig>
<reg>hambre</reg>
</choice>, más lo sentía. De manera que en nada hallaba descanso, salvo en
la muerte, que yo también para mí, como para los otros deseaba algunas
veces; mas no la veía, aunque estaba siempre en mí.</p>
<p>Pensé muchas veces irme de aquel mezquino amo; mas por dos cosas lo dejaba:
la primera, por no me atrever a mis piernas, por temer de la flaqueza que de
pura hambre me venía; y la otra, consideraba y decía: <said who="#Lazaro"
>«Yo he tenido dos amos: el primero traíame muerto de hambre y,
dejándole, topé con este otro, que me tiene ya con ella en la sepultura;
pues si de éste desisto y doy en otro más bajo, ¿qué será, sino
fenecer?».</said> Con esto no me osaba menear, porque tenía por fe que
todos los grados había de hallar más ruines. Y a abajar otro punto, no
sonara <persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName>
<pb facs="Medina-1554_023.jpg" n="22v"/> ni se oyera en el mundo. Pues
estando en tal aflicción, cual plega al <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>Señor</name> librar de ella a todo fiel cristiano, y sin saber darme
consejo, viéndome ir de mal en peor, un día que el cuitado, ruin y lacerado
de mi amo había ido fuera del lugar, llegóse acaso a mi puerta un calderero,
el cual yo creo que fue ángel enviado a mí por la mano de <name type="rlgn"
corresp="#Dios">Dios</name> en aquel hábito. Preguntóme si tenía algo
que adobar.</p>
<p><said who="#Lazaro">«En mí teníades bien que hacer, y no haríades poco, si me
remediásedes»</said> -dije paso, que no me oyó.</p>
<p>Mas, como no era tiempo de gastarlo en decir gracias, alumbrado por el
Espíritu Santo, le dije:</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Tío, una llave de este arcaz he perdido, y temo mi señor me azote. Por
vuestra vida, veáis si en esas que traéis hay alguna que le haga, que yo
os lo pagaré.</p>
</sp>
<p>Comenzó a probar el angélico calderero una y otra de un gran sartal que de
ellas traía, y yo <choice>
<orig>ayudalle</orig>
<reg>a ayudarle</reg>
</choice>
<pb facs="Medina-1554_023.jpg" n="23r"/>con mis flacas oraciones. Cuando no
me cato, veo en figura de panes, como dicen, la cara de <name type="rlgn"
corresp="#Dios">Dios</name> dentro del arcaz, y, abierto, díjele:</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Yo no tengo dineros que os dar por la llave; mas tomad de ahí el
pago.</p>
<p>Él tomó un bodigo de aquéllos, el que mejor le pareció, y, dándome mi
llave, se fue muy contento, dejándome más a mí.</p>
</sp>
<p>Mas no toqué en nada por el presente, porque no fuese la falta sentida, y,
aun porque me vi de tanto bien señor, parecióme que la hambre no se me osaba <choice>
<orig>llegar</orig>
<reg>allegar</reg>
</choice>. Vino el mísero de mi amo, y quiso <name type="rlgn"
corresp="#Dios">Dios</name> no miró en la oblada que el ángel había
llevado.</p>
<p>Y otro día, en saliendo de casa, abro mi paraíso panal y tomo entre las manos
y dientes un bodigo y en dos credos le hice invisible, no se me olvidando el
arca abierta. Y comienzo a barrer la casa con mucha alegría, pareciéndome
con aquel remedio <pb facs="Medina-1554_024.jpg" n="23v"/> remediar dende en
adelante la triste vida. Y así estuve con ello aquel día y otro gozoso; mas
no estaba en mi dicha que me durase mucho aquel descanso, porque luego, al
tercero día, me vino la terciana derecha. Y fue que veo a deshora al que me
mataba de hambre sobre nuestro arcaz, volviendo y revolviendo, contando y
tornando a contar los panes. Yo disimulaba, y en mi secreta oración y
devociones y plegarias decía: <said who="#Lazaro">«¡<name type="rlgn"
corresp="#San_Juan">San Juan</name> y ciégale!»</said></p>
<p>Después que estuvo un gran rato echando la cuenta, por días y dedos contando,
dijo:</p>
<sp who="#clerigo">
<p>-Si no tuviera a tan buen recaudo esta arca, yo dijera que me habían
tomado de ella panes; pero de hoy más, sólo por cerrar la puerta a la
sospecha, quiero tener buena cuenta con ellos: nueve quedan y un
pedazo.</p>
</sp>
<p><said who="#Lazaro">«¡Nuevas malas te dé <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>Dios</name>!»</said> -dije yo entre mí.</p>
<p>Parecióme con lo que dijo <pb facs="Medina-1554_024.jpg" n="24r"/> pasarme el
corazón con saeta de montero y comenzóme el estómago a escarbar de hambre,
viéndose puesto en la dieta pasada. Fue fuera de casa. Yo, por consolarme,
abro el arca y, como vi el pan, comencélo de adorar, no osando recebirlo.
Contélos, si a dicha el lacerado se errara, y hallé su cuenta más verdadera
que yo quisiera. Lo más que yo pude hacer fue dar en ellos mil besos, y, lo
más delicado que yo pude, del partido partí un poco al pelo que él estaba, y
con aquél pasé aquel día, no tan alegre como el pasado.</p>
<p>Mas, como la hambre creciese, mayormente que tenía el estómago hecho a más
pan aquellos dos o tres días ya dichos, moría mala muerte; tanto, que otra
cosa no hacía, en viéndome solo, sino abrir y cerrar el arca y contemplar en
aquella cara de <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>, que así dicen
los <pb facs="Medina-1554_025.jpg" n="24v"/> niños. Mas el mismo <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>, que socorre a los afligidos,
viéndome en tal estrecho, trajo a mi memoria un pequeño remedio, que,
considerando entre mí, dije: <said who="#Lazaro">«Este arquetón es viejo y
grande y roto por algunas partes, aunque pequeños agujeros. Puédese
pensar que ratones, entrando en él, hacen daño a este pan. Sacarlo
entero no es cosa conveniente, porque verá la falta el que en tanta me
hace vivir. Esto bien se sufre».</said></p>
<p>Y comienzo a desmigajar el pan sobre unos no muy costosos manteles que allí
estaban, y tomo uno y dejo otro, de manera que en cada cual de tres o cuatro
desmigajé su poco. Después, como quien toma gragea, lo comí y algo me
consolé. Mas él, como viniese a comer y abriese el arca, vio el mal pesar y
sin duda creyó ser ratones los que el daño habían hecho, porque estaba <pb
facs="Medina-1554_025.jpg" n="25r"/> muy al propio contrahecho de como
ellos lo suelen hacer. Miró todo el arcaz de un cabo a otro y viole ciertos
agujeros por do sospechaba habían entrado. Llamóme, diciendo:</p>
<sp who="#clerigo">
<p>-¡<persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName>, mira! ¡Mira, qué
persecución ha venido aquesta noche por nuestro pan!</p>
</sp>
<p>Yo híceme muy maravillado, preguntándole qué sería.</p>
<sp who="#clerigo">
<p>-¿Qué ha de ser? -dijo él-. Ratones, que no dejan cosa a vida.</p>
</sp>
<p>Pusímonos a comer, y quiso <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> que
aun en esto me fue bien, que me cupo más pan que la lacería que me solía
dar, porque rayó con un cuchillo todo lo que pensó ser ratonado,
diciendo:</p>
<sp who="#clerigo">
<p>-Cómete eso, que el ratón cosa limpia es.</p>
</sp>
<p>Y así, aquel día, añadiendo la ración del trabajo de mis manos, o de mis uñas
por mejor decir, acabamos de comer, aunque yo nunca empezaba.</p>
<p>Y luego me vino otro sobresalto, que fue verle andar solícito <pb
facs="Medina-1554_026.jpg" n="25v"/> quitando clavos de las paredes y
buscando tablillas, con las cuales clavó y cerró todos los agujeros de la
vieja arca. <said who="#Lazaro">«¡Oh <name type="rlgn" corresp="#Dios">Señor
mío</name> -dije yo entonces-, a cuánta miseria y fortuna y
desastres estamos puestos los nacidos, y cuán poco turan los placeres de
esta nuestra trabajosa vida! Heme aquí, que pensaba con este pobre y
triste remedio remediar y pasar mi lacería, y estaba ya cuanto que
alegre y de buena ventura. Mas no quiso mi desdicha, despertando a este
lacerado de mi amo y poniéndole más diligencia de la que él de suyo se
tenía (pues los míseros por la mayor parte nunca de aquella carecen),
agora, cerrando los agujeros del arca, cerrase la puerta a mi consuelo y
la abriese a mis trabajos».</said></p>
<p>Así lamentaba yo, en tanto que mi solícito carpintero, con muchos clavos y
tablillas, dio fin a <pb facs="Medina-1554_026.jpg" n="26r"/> sus obras,
diciendo:</p>
<sp who="#clerigo">
<p>-Agora, donos traidores ratones, conviéneos mudar propósito, que en esta
casa mala medra tenéis.</p>
</sp>
<p>De que salió de su casa, voy a ver la obra, y hallé que no dejó en la triste
y vieja arca agujero ni aun por donde le pudiese entrar un mosquito. Abro
con mi desaprovechada llave, sin esperanza de sacar provecho, y vi los dos o
tres panes comenzados, los que mi amo creyó ser ratonados, y de ellos
todavía saqué alguna lacería, tocándolos muy ligeramente, a uso de
esgrimidor diestro. Como la necesidad sea tan gran maestra, viéndome con
tanta siempre, noche y día estaba pensando la manera que tendría en
sustentar el vivir. Y pienso, para hallar estos negros remedios, que me era
luz la hambre, pues dicen que el ingenio con ella se avisa, y al contrario
con la hartura, y así era <pb facs="Medina-1554_027.jpg" n="26v"/>por cierto
en mí.</p>
<p>Pues estando una noche desvelado en este pensamiento, pensando cómo me podría
valer y aprovecharme del arcaz, sentí que mi amo dormía, porque lo mostraba
con roncar y en unos resoplidos grandes que daba cuando estaba durmiendo.
Levantéme muy quedito y, habiendo en el día <choice>
<orig>pensado</orig>
<reg>pensado</reg>
</choice> lo que había de hacer y dejado un cuchillo viejo que por allí
andaba en parte do le hallase, voyme al triste arcaz, y, por do había mirado
tener menos defensa, le acometí con el cuchillo, que a manera de barreno de
él usé. Y como la antiquísima arca, por ser de tantos años, la hallase sin
fuerza y corazón, antes muy blanda y carcomida, luego se me rindió y
consintió en su costado, por mi remedio, un buen agujero. Esto hecho, abro
muy paso la llagada arca y, al tiento, del pan que hallé partido, <pb
facs="Medina-1554_027.jpg" n="27r"/> hice según de yuso está escrito. Y
con aquello algún tanto consolado, tornando a cerrar, me volví a mis pajas,
en las cuales reposé y dormí un poco, lo cual yo hacía mal, y echábalo al no
comer. Y así sería, porque cierto, en aquel tiempo, no me debían de quitar
el sueño los cuidados del <persName corresp="Rey_Francia">rey de
Francia</persName>.</p>
<p>Otro día fue por el señor mi amo visto el daño, así del pan como del agujero
que yo había hecho, y comenzó a dar al diablo los ratones y decir:</p>
<sp who="#clerigo">
<p>-¿Qué diremos a esto? ¡Nunca haber sentido ratones en esta casa, sino
agora!</p>
</sp>
<p>Y sin duda debía de decir verdad, porque si casa había de haber en el reino
justamente de ellos privilegiada, aquella de razón había de ser, porque no
suelen morar donde no hay qué comer. Torna a buscar clavos por la casa y por
las paredes, y tablillas a atapárselos. Venida la <pb
facs="Medina-1554_028.jpg" n="27v"/> noche y su reposo, luego yo era
puesto en pie con mi aparejo, y cuantos él tapaba de día destapaba yo de
noche.</p>
<p>En tal manera fue y tal prisa nos dimos, que sin duda por esto se debió
decir: <quote type="refran">«Donde una puerta se cierra, otra se
abre»</quote>. Finalmente, parecíamos tener a destajo la tela de
<persName corresp="#Penelope">Penélope</persName>, pues cuanto él tejía
de día rompía yo de noche, y en pocos días y noches pusimos la pobre
despensa de tal forma, que quien quisiera propiamente de ella hablar más
corazas viejas de otro tiempo que no arcaz la llamara, según la clavazón y
tachuelas sobre sí tenía.</p>
<p>De que vio no le aprovechar nada su remedio, dijo:</p>
<sp who="#clerigo">
<p>-Este arcaz está tan maltratado y es de madera tan vieja y flaca, que no
habrá ratón a quien se defienda. Y va ya tal que, si andamos más con él,
nos dejará sin guarda. Y aun lo peor, que, aunque <pb
facs="Medina-1554_028.jpg" n="28r"/>hace poca, todavía hará falta
faltando, y me pondrá en costa de tres o cuatro reales. El mejor remedio
que hallo, pues el de hasta aquí no aprovecha: armaré por de dentro a
estos ratones malditos.</p>
</sp>
<p>Luego buscó prestada una ratonera, y con cortezas de queso que a los vecinos
pedía, contino el gato estaba armado dentro del arca. Lo cual era para mí
singular auxilio, porque, puesto caso que yo no había menester muchas salsas
para comer, todavía me holgaba con las cortezas del queso que de la ratonera
sacaba, y sin esto no perdonaba el ratonar del bodigo.</p>
<p>Como hallase el pan ratonado y el queso comido y no cayese el ratón que lo
comía, dábase al diablo, preguntaba a los vecinos qué podría ser comer el
queso y sacarlo de la ratonera y no caer ni quedar dentro el ratón, y hallar
caída la trampilla <pb facs="Medina-1554_029.jpg" n="28v"/>del gato.
Acordaron los vecinos no ser el ratón el que este daño hacía, porque no
fuera menos de haber caído alguna vez. Díjole un vecino:</p>
<sp who="un vecino">
<p>-En vuestra casa yo me acuerdo que solía andar una culebra, y ésta debe
de ser sin duda. Y lleva razón, que como es larga, tiene lugar de tomar
el cebo, y, aunque la coja la trampilla encima, como no entre toda
dentro, tórnase a salir.</p>
</sp>
<p>Cuadró a todos lo que aquél dijo y alteró mucho a mi amo, y dende en adelante
no dormía tan a sueño suelto, que cualquier gusano de la madera que de noche
sonase, pensaba ser la culebra que le roía el arca. Luego era puesto en pie,
y con un garrote que a la cabecera desde que aquello le dijeron ponía, daba
en la pecadora del arca grandes garrotazos, pensando espantar la culebra. A
los vecinos despertaba con el estruendo <pb facs="Medina-1554_029.jpg"
n="29r"/>que hacía, y a mí no dejaba dormir. Íbase a mis pajas y
trastornábalas, y a mí con ellas, pensando que se iba para mí, se envolvía
en mis pajas o en mi sayo; porque le decían que de noche acaecía a estos
animales, buscando calor, irse a las cunas donde están criaturas, y aún
mordellas y hacerles peligrar.</p>
<p>Yo las más veces hacía del dormido, y en la mañana, decíame él:</p>
<sp who="#clerigo">
<p>-¿Esta noche, mozo, no sentiste nada? Pues tras la culebra anduve, y aun
pienso se ha de ir para ti a la cama, que son muy frías y buscan
calor.</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-¡Plega a <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> que no me muerda
-decía yo-, que harto miedo le tengo!</p>
</sp>
<p>De esta manera andaba tan elevado y levantado del sueño, que, mi fe, la
culebra, o culebro por mejor decir, no osaba roer de noche ni levantarse al
arca; mas de día, mientras estaba en la iglesia o por el lugar, hacía mis
saltos. Los cuales daños viendo él, <pb facs="Medina-1554_030.jpg" n="29v"/>
y el poco remedio que les podía poner, andaba de noche, como digo, hecho
trasgo.</p>
<p>Yo hube miedo que con aquellas diligencias no me topase con la llave, que
debajo de las pajas tenía, y parecióme lo más seguro meterla de noche en la
boca, porque ya, desde que viví con el<persName corresp="#ciego"
>ciego</persName>, la tenía tan hecha bolsa que me acaeció tener en ella
doce o quince maravedís, todo en medias blancas, sin que me estorbase el
comer. Porque de otra manera no era señor de una blanca que el maldito
<persName corresp="#ciego">ciego</persName> no cayese con ella, no
dejando costura ni remiendo que no me buscaba muy a menudo.</p>
<p>Pues, así como digo, metía cada noche la llave en la boca y dormía sin recelo
que el brujo de mi amo cayese con ella. Mas cuando la desdicha ha de venir,
por demás es diligencia. Quisieron mis hados, o por mejor decir, mis
pecados, <pb facs="Medina-1554_030.jpg" n="30r"/> que, una noche que estaba
durmiendo, la llave se me puso en la boca, que abierta debía tener, de tal
manera y postura que el aire y resoplo, que yo durmiendo echaba, salía por
lo hueco de la llave, que de cañuto era, y silbaba, según mi desastre quiso,
muy recio, de tal manera que el sobresaltado de mi amo lo oyó y creyó sin
duda ser el silbo de la culebra, y cierto lo debía parecer.</p>
<p>Levantóse muy paso con su garrote en la mano, y al tiento y sonido de la
culebra se llegó a mí con mucha quietud, por no ser sentido de la culebra. Y
como cerca se vio, pensó que allí en las pajas, do yo estaba echado, al
calor mío se había venido. Levantando bien el palo, pensando tenerla debajo
y darle tal garrotazo que la matase, con toda su fuerza me descargó en la
cabeza tan gran golpe, que sin ningún sentido y muy mal <pb
facs="Medina-1554_031.jpg" n="30v"/>descalabrado me dejó.</p>
<p>Como sintió que me había dado, según yo debía hacer gran sentimiento con el
fiero golpe, contaba él que se había llegado a mí, y dándome grandes voces,
llamándome, procuró recordarme. Mas como me tocase con las manos, tentó la
mucha sangre que se me iba y conoció el daño que me había hecho. Y con mucha
prisa fue a buscar lumbre, y llegando con ella, hallóme quejando, todavía
con mi llave en la boca, que nunca la desamparé, la mitad fuera, bien de
aquella manera que debía estar al tiempo que silbaba con ella.</p>
<p>Espantado el matador de culebras qué podría ser aquella llave, miróla
sacándomela del todo de la boca, y vio lo que era, porque en las guardas
nada de la suya diferenciaba. Fue luego a probarla, y con ella probó el
maleficio. Debió de decir el cruel cazador: <said who="#clerigo">«El ratón y
culebra que me daban guerra y me <pb facs="Medina-1554_031.jpg" n="31r"
/> comían mi hacienda he hallado».</said></p>
<p>De lo que sucedió en aquellos tres días siguientes ninguna fe daré, porque
los tuve en el vientre de la ballena, mas de cómo esto que he contado oí,
después que en mí torné, decir a mi amo, el cual a cuantos allí venían lo
contaba por extenso.</p>
<p>A cabo de tres días yo torné en mi sentido y vime echado en mis pajas, la
cabeza toda emplastada y llena de aceites y ungüentos, y espantado dije:</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-¿Qué es esto?</p>
</sp>
<p>Respondióme el cruel <persName corresp="#clerigo">sacerdote</persName>:</p>
<sp who="#clerigo">
<p>-A fe que los ratones y culebras que me destruían ya los he cazado.</p>
</sp>
<p>Y miré por mí y vime tan maltratado que luego sospeché mi mal.</p>
<p>A esta hora entró una vieja que ensalmaba y los vecinos, y comiénzanme <choice>
<orig>quitar</orig>
<reg>a quitar</reg>
</choice> trapos de la cabeza y curar el garrotazo. Y como me hallaron
vuelto en mi sentido, holgáronse mucho y dijeron:</p>
<sp who="#vecinos">
<p>-Pues ha tornado en su acuerdo, placerá <pb facs="Medina-1554_032.jpg"
n="31v"/> a <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> no será
nada.</p>
</sp>
<p>Ahí tornaron de nuevo a contar mis cuitas y a reírlas, y yo, pecador, a
llorarlas. Con todo esto, diéronme de comer, que estaba transido de hambre,
y apenas me pudieron demediar. Y así, de poco en poco, a los quince días me
levanté y estuve sin peligro, mas no sin hambre, y medio sano.</p>
<p>Luego otro día que fui levantado, el señor mi amo me tomó por la mano y
sacóme la puerta fuera y, puesto en la calle, díjome:</p>
<sp who="#clerigo">
<p>-<persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName>, de hoy mas eres tuyo y no
mío. Busca amo y vete con <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>,
que yo no quiero en mi compañía tan diligente servidor. No es posible
sino que hayas sido mozo de <persName corresp="#ciego"
>ciego</persName>.</p>
</sp>
<p>Y santiguándose de mí, como si yo estuviera endemoniado, se torna a meter en
casa y cierra su puerta.</p>
</div>
</div>
<div xml:id="tratado3">
<head type="titulo">Tratado tercero</head>
<head type="subtitulo"><pb facs="Medina-1554_032.jpg" n="32r"/>Cómo <persName
corresp="#Lazaro">Lázaro</persName> se asentó con un <persName
corresp="#escudero">escudero</persName> y de lo que le acaeció con él</head>
<div type="texto">
<p>De esta manera me fue forzado sacar fuerzas de flaqueza, y poco a poco, con
ayuda de las buenas gentes, di conmigo en esta insigne ciudad de <placeName
ref="Toledo">Toledo</placeName>, adonde, con la merced de <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>, dende a quince días se me cerró
la <pb n="32v" facs="Medina-1554_033.jpg"/>herida. Y, mientras estaba malo,
siempre me daban alguna limosna. Mas después que estuve sano, todos me
decían:</p>
<sp who="#vecinos">
<p>-Tú, bellaco y gallofero eres. Busca, busca un amo a quien sirvas.</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-¿Y adónde se hallará ése -decía yo entre mí- si <name type="rlgn"
corresp="#Dios">Dios</name> agora de nuevo, como crió el mundo, no
le criase?</p>
</sp>
<p>Andando así discurriendo de puerta en puerta, con harto poco remedio, porque
ya la caridad se subió al cielo, topóme <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>Dios</name> con un <persName corresp="#escudero">escudero</persName>
que iba por la calle, con razonable vestido, bien peinado, su paso y compás
en orden. Miróme, y yo a él, y díjome:</p>
<sp who="#escudero">
<p>-Muchacho, ¿buscas amo?</p>
</sp>
<p>Yo le dije:</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Sí, señor.</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>-Pues vente tras mí -me respondió-, que Dios te ha hecho merced en topar
conmigo; alguna buena oración rezaste hoy.</p>
</sp>
<p>Y seguíle, dando gracias a <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> por
lo que le oí, y también que me parecía, según su hábito y continente, ser el
que yo había menester.</p>
<p>Era de mañana <pb n="33r" facs="Medina-1554_033.jpg"/> cuando éste mi tercero
amo topé, y llevóme tras sí gran parte de la ciudad. Pasábamos por las
plazas do se vendía pan y otras provisiones. Yo pensaba, y aun deseaba, que
allí me quería cargar de lo que se vendía, porque ésta era propia hora
cuando se suele proveer de lo necesario, mas muy a tendido paso pasaba por
estas cosas.</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Por ventura no lo ve aquí a su contento -decía yo-, y querrá que lo
compremos en otro cabo.</p>
</sp>
<p>De esta manera anduvimos hasta que dio las once. Entonces se entró en la
iglesia mayor, y yo tras él, y muy devotamente le vi oír misa y los otros
oficios divinos, hasta que todo fue acabado y la gente ida. Entonces salimos
de la iglesia. A buen paso tendido comenzamos a ir por una calle abajo. Yo
iba el más alegre del mundo en ver que no nos habíamos ocupado en buscar de
comer. Bien consideré que debía ser<pb n="33v" facs="Medina-1554_034.jpg"/>
hombre, mi nuevo amo, que se proveía en junto, y que ya la comida estaría a
punto y tal como yo la deseaba y aun la había menester.</p>
<p>En este tiempo dio el reloj la una después de mediodía, y llegamos a una
casa, ante la cual mi amo se paró, y yo con él, y derribando el cabo de la
capa sobre el lado izquierdo, sacó una llave de la manga y abrió su puerta y
entramos en casa, la cual tenía la entrada oscura y lóbrega, de tal manera
que parecía que ponía temor a los que en ella entraban, aunque dentro de
ella estaba un patio pequeño y razonables cámaras.</p>
<p>Desque fuimos entrados, quita de sobre sí su capa, y, preguntando si tenía
las manos limpias, la sacudimos y doblamos, y, muy limpiamente soplando un
poyo que allí estaba, la puso en él. Y hecho esto, sentóse cabo de ella,
preguntándome muy por extenso <pb n="34r" facs="Medina-1554_034.jpg"/> de
dónde era y cómo había venido a aquella ciudad. Y yo le di más larga cuenta
que quisiera, porque me parecía más conveniente hora de mandar poner la mesa
y escudillar la olla que de lo que me pedía. Con todo eso, yo le satisfice
de mi persona lo mejor que mentir supe, diciendo mis bienes y callando lo
demás, porque me parecía no ser para en cámara. Esto hecho, estuvo así un
poco, y yo luego vi mala señal por ser ya casi las dos y no le ver más
aliento de comer que a un muerto. Después de esto, consideraba aquel tener
cerrada la puerta con llave ni sentir arriba ni abajo pasos de viva persona
por la casa. Todo lo que yo había visto eran paredes, sin ver en ella
silleta, ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal arcaz como el de marras.
Finalmente, ella parecía casa encantada.<pb n="34v"
facs="Medina-1554_035.jpg"/> Estando así, díjome:</p>
<sp who="#escudero">
<p>-Tú, mozo, ¿has comido?</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-No, señor -dije yo-, que aún no eran dadas las ocho cuando con <persName
corresp="#escudero">Vuestra Merced</persName> encontré.</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>-Pues, aunque de mañana, yo había almorzado, y, cuando así como algo,
hágote saber que hasta la noche me estoy así. Por eso, pásate como
pudieres, que después cenaremos.</p>
</sp>
<p><persName corresp="#VuestraMerced">Vuestra Merced</persName> crea, cuando
esto le oí, que estuve en poco de caer de mi estado, no tanto de hambre como
por conocer de todo en todo la fortuna serme adversa. Allí se me
representaron de nuevo mis fatigas y torné a llorar mis trabajos; allí se me
vino a la memoria la consideración que hacía cuando me pensaba ir del
<persName corresp="#clerigo">clérigo</persName>, diciendo que, aunque
aquel era desventurado y mísero, por ventura toparía con otro peor.
Finalmente, allí lloré mi trabajosa vida pasada y mi cercana muerte
venidera. Y con <pb n="35r" facs="Medina-1554_035.jpg"/> todo disimulando lo
mejor que pude, le dije:</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Señor, mozo soy que no me fatigo mucho por comer, <name type="rlgn"
corresp="#Dios">bendito Dios</name>. De eso me podré yo alabar entre
todos mis iguales por de mejor garganta, y así fui yo loado de ella
hasta hoy día de los amos que yo he tenido.</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>-Virtud es ésa -dijo él-, y por eso te querré yo más, porque el hartar es
de los puercos y el comer regladamente es de los hombres de bien.</p>
</sp>
<p><said who="#Lazaro">«¡Bien te he entendido! -dije yo entre mí- ¡Maldita tanta
medicina y bondad como aquestos mis amos que yo hallo hallan en la
hambre!»</said></p>
<p>Púseme a un cabo del portal y saqué unos pedazos de pan del seno, que me
habían quedado de los de por <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>.
Él, que vio esto, díjome:</p>
<sp who="#escudero">
<p>-Ven acá, mozo. ¿Qué comes?</p>
</sp>
<p>Yo lleguéme a él y mostréle el pan. Tomóme él un pedazo, de tres que eran, el
mejor y más grande, y díjome:</p>
<sp who="#escudero">
<p>-Por <pb n="35v" facs="Medina-1554_036.jpg"/> mi vida, que parece éste
buen pan.</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-¡Y cómo agora -dije yo-, señor, es bueno!</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>-Sí, a fe -dijo él-. ¿Adónde lo hubiste? ¿Si es amasado de manos
limpias?</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-No sé yo eso -le dije-; mas a mí no me pone asco el sabor de ello.</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>-Así plega a <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> -dijo el pobre
de mi amo.</p>
</sp>
<p>Y, llevándolo a la boca, comenzó a dar en él tan fieros bocados como yo en lo
otro.</p>
<sp who="#escudero">
<p>-¡Sabrosísimo pan está -dijo-, por <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>Dios</name>!</p>
</sp>
<p>Y como le sentí de qué pie cojeaba, dime prisa, porque le vi en disposición,
si acababa antes que yo, se comediría a ayudarme a lo que me quedase. Y con
esto acabamos casi a una. Comenzó a sacudir con las manos unas pocas de
migajas, y bien menudas, que en los pechos se le habían quedado. Y entró en
una camareta que allí estaba, y sacó un jarro desbocado y no muy nuevo, y,
desque hubo bebido, convidóme con él. Yo, por <pb n="36r"
facs="Medina-1554_036.jpg"/> hacer del continente, dije:</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Señor, no bebo vino.</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>-Agua es -me respondió- Bien puedes beber.</p>
</sp>
<p>Entonces tomé el jarro y bebí, no mucho, porque de sed no era mi congoja.</p>
<p>Así estuvimos hasta la noche, hablando en cosas que me preguntaba, a las
cuales yo le respondí lo mejor que supe. En este tiempo metióme en la cámara
donde estaba el jarro de que bebimos, y díjome:</p>
<sp who="#escudero">
<p>-Mozo, párate allí, y verás cómo hacemos esta cama, para que la sepas
hacer de aquí adelante.</p>
</sp>
<p>Púseme de un cabo y él del otro, e hicimos la negra cama, en la cual no había
mucho que hacer, porque ella tenía sobre unos bancos un cañizo, sobre el
cual estaba tendida la ropa, que, por no estar muy continuada a lavarse, no
parecía colchón, aunque servía de él, con harta menos lana que era menester.
Aquél tendimos, haciendo cuenta de ablandarle,<pb n="36v"
facs="Medina-1554_037.jpg"/> lo cual era imposible, porque de lo duro
mal se puede hacer blando. El diablo del enjalma maldita la cosa tenía
dentro de sí, que, puesto sobre el cañizo, todas las cañas se señalaban y <choice>
<orig>parecien</orig>
<reg>parecían</reg>
</choice> a lo proprio entrecuesto de flaquísimo puerco. <choice>
<orig>si</orig>
<reg>Y</reg>
</choice> sobre aquel hambriento colchón, un alfamar del mismo jaez, del
cual el color yo no pude alcanzar.</p>
<p>Hecha la cama, y la noche venida, díjome:</p>
<sp who="#escudero">
<p>-<persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName>, ya es tarde, y de aquí a
la plaza hay gran trecho. También en esta ciudad andan muchos ladrones,
que, siendo de noche, capean. Pasemos como podamos, y mañana, venido el
día, <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> hará merced; porque
yo, por estar solo, no estoy proveído, antes he comido estos días por
allá fuera. Mas agora hacerlo hemos de otra manera.</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Señor, de mí -dije yo- ninguna pena tenga <persName corresp="#escudero"
>Vuestra Merced</persName>, que bien sé pasar una noche y aún más,
si <pb n="37r" facs="Medina-1554_037.jpg"/> es menester.</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>-Sin comer vivirás más y más sano -me respondió-, porque, como decíamos
hoy, no hay tal cosa en el mundo para vivir mucho que comer poco.</p>
</sp>
<p><said who="#Lazaro">«Si por esa vía es -dije entre mí-, nunca yo moriré, que
siempre he guardado esa regla por fuerza, y aún espero, en mi desdicha,
tenerla toda mi vida»</said>.</p>
<p>Y acostóse en la cama, poniendo por cabecera las calzas y el jubón, y mandóme
echar a sus pies, lo cual yo hice; mas, maldito el sueño que yo dormí,
porque las cañas y mis salidos huesos en toda la noche dejaron de rifar y
encenderse; que con mis trabajos, males y hambre, pienso que en mi cuerpo no
había libra de carne, y también, como aquel día no había comido casi nada,
rabiaba de hambre, la cual con el sueño no tenía amistad. Maldíjeme mil
veces, <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> me lo perdone, y a mi
ruin fortuna, allí lo más de la noche, y lo peor, no <pb n="37v"
facs="Medina-1554_038.jpg"/> osándome revolver por no despertarle, pedí
a <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> muchas veces la muerte.</p>
<p>La mañana venida, levantámonos, y comienza a limpiar y sacudir sus calzas y
jubón y sayo y capa. ¡Y yo que le servía de pelillo! Y vísteseme muy a su
placer de espacio. Echéle aguamanos, peinóse y púsose su espada en el
talabarte, y, al tiempo que la ponía, díjome:</p>
<sp who="#escudero">
<p>-¡Oh, si supieses, mozo, qué pieza es ésta! No hay marco de oro en el
mundo por que yo la diese; mas así, ninguna de cuantas <persName
corresp="#Antonio">Antonio</persName> hizo no acertó a ponerle los
aceros tan prestos como ésta los tiene.</p>
</sp>
<p>Y sacóla de la vaina y tentóla con los dedos, diciendo:</p>
<sp who="#escudero">
<p>-¿Vesla aquí? Yo me obligo con ella cercenar un copo de lana.</p>
</sp>
<p>Y yo dije entre mí: <said who="#Lazaro">«Y yo con mis dientes, aunque no son
de acero, un pan de cuatro libras»</said>.</p>
<p>Tornóla a meter y ciñósela, y un sartal de cuentas gruesas <pb
facs="Medina-1554_038.jpg" n="38r"/> del talabarte. Y con un paso
sosegado y el cuerpo derecho, haciendo con él y con la cabeza muy gentiles
meneos, echando el cabo de la capa sobre el hombro y a veces so el brazo, y
poniendo la mano derecha en el costado, salió por la puerta, diciendo:</p>
<sp who="#escudero">
<p>-<persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName>, mira por la casa en tanto
que voy a oír misa, y haz la cama y ve por la vasija de agua al río, que
aquí bajo está, y cierra la puerta con llave, no nos hurten algo, y
ponla aquí al quicio porque, si yo viniere en tanto, pueda entrar.</p>
</sp>
<p>Y súbese por la calle arriba con tan gentil semblante y continente, que quien
no le conociera pensara ser muy cercano pariente al <persName
corresp="#Conde_de_Arcos">Conde de Arcos</persName>, o, a lo menos,
camarero que le daba de vestir. </p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-¡Bendito seáis <name type="rlgn" corresp="#Dios">Vos, Señor</name>
-quedé yo diciendo- que dais la enfermedad y ponéis el remedio! ¿Quién
encontrará a aquel mi<pb n="38v" facs="Medina-1554_039.jpg"/>
<persName corresp="#escudero">señor</persName> que no piense, según el
contento de sí lleva, haber anoche bien cenado y dormido en buena cama,
y, aunque agora es de mañana, no le cuenten por muy bien almorzado?
¡Grandes secretos son, <name type="rlgn" corresp="#Dios">Señor</name>,
los que vos hacéis y las gentes ignoran! ¿A quién no engañará aquella
buena disposición y razonable capa y sayo? ¿Y quién pensará que aquel
gentil hombre se pasó ayer todo el día con aquel mendrugo de pan que su
criado <persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName> trujo un día y una
noche en el arca de su seno, do no se le podía pegar mucha limpieza, y
hoy, lavándose las manos y cara, a falta de paño de manos, se hacía
servir de la halda del sayo? Nadie por cierto lo sospechará. ¡Oh <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Señor</name>, y cuántos de aquéstos
debéis <name type="rlgn" corresp="#Dios">Vos</name> tener por el mundo
derramados, que padecen por la negra que llaman honra, lo<pb n="39r"
facs="Medina-1554_039.jpg"/> que por Vos no sufrirán!</p>
</sp>
<p>Así estaba yo a la puerta, mirando y considerando estas cosas hasta que el
señor mi amo traspuso la larga y angosta calle. Tornéme a entrar en casa y
en un credo la anduve toda, alto y bajo, sin hacer represa, ni hallar en
qué. Hago la negra dura cama y tomo el jarro y doy conmigo en el río, donde
en una huerta vi a mi amo en gran recuesta con dos rebozadas mujeres, al
parecer de las que en aquel lugar no hacen falta, antes muchas tienen por
estilo de irse a las mañanicas del verano a refrescar y almorzar sin llevar
qué, por aquellas frescas riberas, con confianza que no ha de faltar quién
se lo dé, según las tienen puestas en esta costumbre aquellos hidalgos del
lugar.</p>
<p>Y como digo, él estaba entre ellas hecho un <persName corresp="#Macias"
>Macías</persName>, diciéndoles más dulzuras <pb n="39v"
facs="Medina-1554_040.jpg"/> que <persName corresp="#Ovidio"
>Ovidio</persName> escribió. Pero, como sintieron de él que estaba bien
enternecido, no se les hizo de <choice>
<orig>vergunça</orig>
<reg>vergüenza</reg>
</choice> pedirle de almorzar con el acostumbrado pago.</p>
<p>Él, sintiéndose tan frío de bolsa cuanto caliente del estómago, tomóle tal
calofrío que le robó la color del gesto, y comenzó a turbarse en la plática
y a poner excusas no válidas. Ellas, que debían ser bien instituidas, como
le sintieron la enfermedad, dejáronle para el que era.</p>
<p>Yo, que estaba comiendo ciertos tronchos de berzas, con los cuales me
desayuné, con mucha diligencia, como mozo nuevo, sin ser visto de mi amo,
torné a casa. De la cual pensé barrer alguna parte, que bien era menester;
mas no hallé con qué. Púseme a pensar qué haría, y parecióme esperar a mi
amo hasta que el día demediase, y si viniese y por ventura trajese algo que
<pb n="40r" facs="Medina-1554_040.jpg"/> comiésemos; mas en vano fue mi
experiencia.</p>
<p>Desque vi ser las dos y no venía y la hambre me aquejaba, cierro mi puerta y
pongo la llave do mandó, y tórnome a mi menester. Con baja y enferma voz y
inclinadas mis manos en los senos, puesto <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>Dios</name> ante mis ojos y la lengua en su nombre, comienzo a pedir
pan por las puertas y casas más grandes que me parecía. Mas como yo este
oficio le hubiese mamado en la leche, quiero decir que con el gran maestro,
<persName corresp="#ciego">el ciego</persName>, lo aprendí, tan
suficiente discípulo salí, que, aunque en este pueblo no había caridad, ni
el año fuese muy abundante, tan buena maña me di, que antes que el reloj
diese las cuatro, ya yo tenía otras tantas libras de pan ensiladas en el
cuerpo, y más de otras dos en las mangas y senos. Volvíme a la posada y, al
pasar por la tripería <pb n="40v" facs="Medina-1554_041.jpg"/>, pedí a una
de aquellas mujeres, y diome un pedazo de uña de vaca con otras pocas de
tripas cocidas.</p>
<p>Cuando llegué a casa, ya el bueno de mi amo estaba en ella, doblada su capa y
puesta en el poyo, y él paseándose por el patio. Como entré, vínose para mí.
Pensé que me quería reñir por la tardanza; mas mejor lo hizo <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>. Preguntóme dó venía. Yo le
dije:</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Señor, hasta que dio las dos estuve aquí, y de que vi que Vuestra Merced
no venía, fuime por esa ciudad a encomendarme a las buenas gentes, y
hanme dado esto que veis.</p>
</sp>
<p>Mostréle el pan y las tripas, que en un cabo de la halda traía, a lo cual él
mostró buen semblante, y dijo:</p>
<sp who="#escudero">
<p>-Pues, esperado te he a comer, y, de que vi que no viniste, comí. Mas tú
haces como hombre de bien en eso, que más vale pedirlo por <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> que no hurtarlo.Y así <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Él</name> me ayude, como <pb n="41r"
facs="Medina-1554_041.jpg"/> ello me parece bien, y solamente te
encomiendo no sepan que vives conmigo por lo que toca a mi honra; aunque
bien creo que será secreto, según lo poco que en este pueblo soy
conocido. ¡Nunca a él yo hubiera de venir!</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-De eso pierda, señor, cuidado -le dije yo-, que maldito aquel que
ninguno tiene de pedirme esa cuenta ni yo de darla.</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>-Agora, pues, come, pecador, que, si a <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>Dios</name> place, presto nos veremos sin necesidad; aunque te digo
que, después que en esta casa entré, nunca bien me ha ido. Debe ser de
mal suelo, que hay casas desdichadas y de mal pie, que a los que viven
en ellas pegan la desdicha. Ésta debe de ser, sin duda, de ellas; mas yo
te prometo, acabado el mes, no quede en ella, aunque me la den por
mía.</p>
</sp>
<p>Sentéme al cabo del poyo y, porque no me tuviese por glotón, callé <pb
n="41v" facs="Medina-1554_042.jpg"/> la merienda. Y comienzo a cenar y
morder en mis tripas y pan y, disimuladamente, miraba al desventurado señor
mío, que no partía sus ojos de mis faldas, que aquella sazón servían de
plato. Tanta lástima haya <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> de
mí, como yo había de él, porque sentí lo que sentía, y muchas veces había
por ello pasado y pasaba cada día. Pensaba si sería bien comedirme a
convidarle; mas, por me haber dicho que había comido, temíame no aceptaría
el convite. Finalmente yo deseaba que el pecador ayudase a su trabajo del
mío, y se desayunase como el día antes hizo, pues había mejor aparejo, por
ser mejor la vianda y menos mi hambre.</p>
<p>Quiso <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> cumplir mi deseo, y aun
pienso que el suyo; porque como comencé a comer y él se andaba paseando,
llegóse a mí y díjome:</p>
<sp who="#escudero">
<p>-Dígote, <persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName>, que tienes en
comer <pb n="42r" facs="Medina-1554_041.jpg"/> la mejor gracia que en mi
vida vi a hombre, y que nadie te lo ve hacer que no le pongas gana,
aunque no la tenga.</p>
</sp>
<p><said who="#Lazaro">«La muy buena que tú tienes -dije yo entre mí- te hace
parecer la mía hermosa»</said>.</p>
<p>Con todo, parecióme ayudarle, pues se ayudaba y me abría camino para ello, y
díjele:</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Señor, el buen aparejo hace buen artífice. Este pan está sabrosísimo, y
esta uña de vaca tan bien cocida y sazonada que no habrá a quien no
convide con su sabor.</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>-¿Uña de vaca es?</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Sí, señor.</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>-Dígote que es el mejor bocado del mundo, y que no hay faisán que así me
sepa.</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Pues pruebe, señor, y verá qué tal está.</p>
</sp>
<p>Póngole en las uñas la otra, y tres o cuatro raciones de pan de lo más
blanco. Y asentóseme al lado y comienza a comer como aquél que lo había
gana, royendo cada huesecillo de aquéllos mejor que un galgo suyo <pb
n="42v" facs="Medina-1554_042.jpg"/> lo hiciera.</p>
<sp who="#escudero">
<p>-Con almodrote -decía- es éste singular manjar.</p>
</sp>
<p><said who="#Lazaro">«¡Con mejor salsa lo comes tú! -respondí yo
paso»</said>.</p>
<sp who="#escudero">
<p>-Por <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>, que me ha sabido como
si hoy no hubiera comido bocado.</p>
</sp>
<p><said who="#Lazaro">«¡Así me vengan los buenos años como es ello! -dije yo
entre mí»</said>.</p>
<p>Pidióme el jarro del agua y díselo como lo había traído. Es señal que, pues
no le faltaba el agua, que no le había a mi amo sobrado la comida. Bebimos,
y muy contentos nos fuimos a dormir, como la noche pasada.</p>
<p>Y por evitar prolijidad, de esta manera estuvimos ocho o diez días, yéndose
el pecador en la mañana con aquel contento y paso contado a papar aire por
las calles, teniendo en el pobre <persName corresp="#Lazaro"
>Lázaro</persName> una cabeza de lobo.</p>
<p>Contemplaba yo muchas veces mi desastre, que, escapando de los amos ruines
que había tenido y buscando mejoría<pb n="43r" facs="Medina-1554_043.jpg"/>,
viniese a topar con quien no sólo no me mantuviese, mas a quien yo había de
mantener. Con todo, le quería bien, con ver que no tenía ni podía más, y
antes le había lástima que enemistad. Y muchas veces, por llevar a la posada
con que él lo pasase, yo lo pasaba mal. Porque una mañana, levantándose el
triste en camisa, subió a lo alto de la casa a hacer sus menesteres y, en
tanto yo, por salir de sospecha, desenvolvíle el jubón y las calzas, que a
la cabecera dejó, y hallé una bolsilla de terciopelo raso, <choice>
<orig>hecho</orig>
<reg>hecha</reg>
</choice> cien dobleces y sin maldita la blanca ni señal que la hubiese
tenido mucho tiempo.</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Éste -decía yo- es pobre, y nadie da lo que no tiene; mas el avariento
<persName corresp="#ciego">ciego</persName> y el malaventurado
mezquino <persName corresp="#clerigo">clérigo</persName>, que, con
dárselo <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> a ambos, al uno de
mano besada y al otro de lengua suelta, me mataban de <pb n="43v"
facs="Medina-1554_044.jpg"/> hambre, aquéllos es justo desamar y
aquéste es de haber mancilla.</p>
</sp>
<p><name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> es testigo que hoy día, cuando
topo con alguno de su hábito con aquel paso y pompa, le he lástima con
pensar si padece lo que aquél le vi sufrir; al cual, con toda su pobreza,
holgaría de servir más que a los otros, por lo que he dicho. Sólo tenía de
él un poco de descontento: que quisiera yo que no tuviera tanta presunción;
mas que abajara un poco su fantasía con lo mucho que subía su necesidad.
Mas, según me parece, es regla ya entre ellos usada y guardada: aunque no
haya cornado de trueco ha de andar el birrete en su lugar. El <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Señor</name> lo remedie, que ya con este mal
han de morir.</p>
<p>Pues, estando yo en tal estado, pasando la vida que digo, quiso mi mala
fortuna, que de perseguirme no era satisfecha, que en aquella trabajada y
vergonzosa <pb n="44r" facs="Medina-1554_044.jpg"/> vivienda no durase. Y
fue, como el año en esta tierra fuese estéril de pan, acordaron el
Ayuntamiento que todos los pobres extranjeros se fuesen de la ciudad, con
pregón que el que de allí adelante topasen fuese punido con azotes. Y así,
ejecutando la ley, desde a cuatro días que el pregón se dio, vi llevar una
procesión de pobres azotando por las <placeName ref="CuatroCalles">Cuatro
Calles</placeName>. Lo cual me puso tan gran espanto que nunca osé
desmandarme a demandar.</p>
<p>Aquí viera, quien verlo pudiera, la abstinencia de mi casa y la tristeza y
silencio de los moradores de ella, tanto que nos acaeció estar dos o tres
días sin comer bocado ni hablar palabra. A mí diéronme la vida unas
mujercillas hilanderas de algodón, que hacían bonetes y vivían par de
nosotros, con las cuales yo tuve vecindad y conocimiento. Que<pb n="44v"
facs="Medina-1554_045.jpg"/>, de la lacería que les traía, me daban
alguna cosilla, con la cual muy pasado me pasaba.</p>
<p>Y no tenía tanta lástima de mí como del lastimado de mi amo, que en ocho días
maldito el bocado que comió. A lo menos en casa bien los estuvimos sin
comer. No sé yo cómo o dónde andaba y qué comía. ¡Y verle venir a mediodía
la calle abajo con estirado cuerpo, más largo que galgo de buena casta! Y
por lo que tocaba a su negra que dicen honra, tomaba una paja, de las que
aun asaz no había en casa, y salía a la puerta escarbando los que nada entre
sí tenían, quejándose todavía de aquel mal solar, diciendo:</p>
<sp who="#escudero">
<p>-Malo está de ver, que la desdicha de esta vivienda lo hace. Como ves, es
lóbrega, triste, oscura. Mientras aquí estuviéremos, hemos de padecer.
Ya deseo se acabe este mes por salir de ella.</p>
</sp>
<p><pb facs="Medina-1554_045.jpg" n="45r"/>Pues estando en esta afligida y
hambrienta persecución, un día, no sé por cuál dicha o ventura, en el pobre
poder de mi amo entró un real, con el cual él vino a casa tan ufano como si
tuviera el tesoro de <placeName ref="Venecia">Venecia</placeName>, y con
gesto muy alegre y risueño me lo dio, diciendo: </p>
<sp who="#escudero">
<p>-Toma, <persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName>, que <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> ya va abriendo su mano. Ve a
la plaza y merca pan y vino y carne: ¡quebremos el ojo al diablo! Y más
te hago saber, porque te huelgues: que he alquilado otra casa y en ésta
desastrada no hemos de estar más de en cumpliendo el mes. ¡Maldita sea
ella y el que en ella puso la primera teja, que con mal en ella entré!
Por nuestro <name type="rlgn" corresp="#Dios">Señor</name>, cuanto ha
que en ella vivo, gota de vino ni bocado de carne no he comido, ni he
habido descanso ninguno; mas ¡tal vista tiene y tal oscuridad y
tristeza! Ve y ven presto <pb facs="Medina-1554_046.jpg" n="45v"/>y
comamos hoy como condes.</p>
</sp>
<p>Tomo mi real y jarro y, a los pies dándoles prisa, comienzo a subir mi calle
encaminando mis pasos para la plaza, muy contento y alegre. Mas, ¿qué me
aprovecha, si está constituido en mi triste fortuna que ningún gozo me venga
sin zozobra? Y así fue éste, porque, yendo la calle arriba, echando mi
cuenta en lo que le emplearía que fuese mejor y más provechosamente gastado,
dando infinitas gracias a <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> que
a mi amo había hecho con dinero, a deshora me vino al encuentro un muerto,
que por la calle abajo muchos clérigos y gente que en unas andas traían.
Arriméme a la pared por darles lugar y, desque el cuerpo pasó, venía luego a
par del lecho una que debía ser su mujer del difunto, cargada de luto, y con
ella otras muchas mujeres; la cual iba llorando a grandes voces y <pb
facs="Medina-1554_046.jpg" n="46r"/> diciendo:</p>
<sp who="#mujer">
<p>-Marido y señor mío, ¿adónde os me llevan? ¡A la casa triste y
desdichada, a la casa lóbrega y oscura, a la casa donde nunca comen ni
beben!</p>
</sp>
<p>Yo, que aquello oí, juntóseme el cielo con la tierra, y dije:</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-¡Oh desdichado de mí, para mi casa llevan este muerto!</p>
</sp>
<p>Dejo el camino que llevaba, y hendí por medio de la gente, y vuelvo por la
calle abajo a todo el más correr que pude para mi casa. Y entrando en ella,
cierro a grande prisa, invocando el auxilio y favor de mi amo, abrazándome
de él, que me venga a ayudar y a defender la entrada. El cual, algo
alterado, pensando que fuese otra cosa, me dijo:</p>
<sp who="#escudero">
<p>-¿Qué es eso, mozo? ¿Qué voces das? ¿Qué has? ¿Por qué cierras la puerta
con tal furia?</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-¡Oh señor -dije yo-, acuda aquí, que nos traen acá un muerto!</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>-¿Cómo así? -respondió él.</p>
</sp>
<p>Aquí arriba lo encontré y venía diciendo su mujer:</p>
<sp who="#mujer">
<p>-<pb facs="Medina-1554_047.jpg" n="46v"/>Marido y señor mío, ¿adónde os
llevan? ¡A la casa lóbrega y oscura, a la casa triste y desdichada, a la
casa donde nunca comen ni beben! Acá, señor, nos le traen.</p>
</sp>
<p>Y ciertamente, cuando mi amo esto oyó, aunque no tenía por qué estar muy
risueño, rió tanto que muy gran rato estuvo sin poder hablar. En este tiempo
tenía ya yo echada el aldaba a la puerta y puesto el hombro en ella por más
defensa. Pasó la gente con su muerto, y yo todavía me recelaba que nos le
habían de meter en casa. Y, desque fue ya más harto de reír que de comer, el
bueno de mi amo, díjome:</p>
<sp who="#escudero">
<p>-Verdad es, <persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName>, según la viuda
lo va diciendo, tú tuviste razón de pensar lo que pensaste; mas, pues
<name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> lo ha hecho mejor y
pasan adelante, abre, abre y ve por de comer.</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Dejálos, señor, acaben de pasar la calle -dije yo.</p>
</sp>
<p>Al fin <pb facs="Medina-1554_047.jpg" n="47r"/> vino mi amo a la puerta de la
calle, y ábrela esforzándome, que bien era menester, según el miedo y
alteración, y me torno a encaminar. Mas, aunque comimos bien aquel día,
maldito el gusto yo tomaba en ello. Ni en aquellos tres días torné en mi
color. Y mi amo, muy risueño todas las veces que se le acordaba aquella mi
consideración.</p>
<p>De esta manera estuve con mi tercero y pobre amo, que fue este <persName
corresp="#escudero">escudero</persName>, algunos días, y en todos
deseando saber la intención de su venida y estada en esta tierra; porque,
desde el primer día que con él asenté, le conocí ser extranjero, por el poco
conocimiento y trato que con los naturales de ella tenía.</p>
<p>Al fin se cumplió mi deseo y supe lo que deseaba; porque, un día que habíamos
comido razonablemente y estaba algo contento, contome su hacienda <pb
facs="Medina-1554_048.jpg" n="47v"/>y díjome ser de <placeName
ref="Castilla">Castilla la Vieja</placeName>, y que había dejado su
tierra no más de por no quitar el bonete a un caballero, su vecino.</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Señor -dije yo-, si él era lo que decís y tenía más que vos, ¿no
errábades en no quitárselo primero, pues decís que él también os lo
quitaba?</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>-Sí es y sí tiene, y también me lo quitaba él a mí; mas, de cuantas veces
yo se le quitaba primero, no fuera malo comedirse él alguna y ganarme
por la mano.</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Paréceme, señor -le dije yo-, que en eso no mirara, mayormente con mis
mayores que yo y que tienen más.</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>-Eres muchacho -me respondió- y no sientes las cosas de honra, en que el
día de hoy está todo el caudal de los hombres de bien. Pues hágote saber
que yo soy, como ves, un escudero; mas vótote a <name type="rlgn"
corresp="#Dios">Dios</name>, si al <persName corresp="#Conde"
>Conde</persName> topo en la calle y no me quita muy bien quitado
del todo el <pb facs="Medina-1554_048.jpg" n="48r"/>bonete, que otra vez
que venga, me sepa yo entrar en una casa, fingiendo yo en ella algún
negocio, o atravesar otra calle, si la hay, antes que llegue a mí, por
no quitárselo. Que un hidalgo no debe a otro que a <name type="rlgn"
corresp="#Dios">Dios</name> y al rey nada, ni es justo, siendo
hombre de bien, se descuide un punto de tener en mucho su persona.
Acuérdome que un día deshonré en mi tierra a un oficial y quise poner en
él las manos, porque cada vez que le topaba, me decía: <said
who="#Conde">«Mantenga Dios a <persName corresp="#escudero">Vuestra
Merced</persName>»</said>. <said who="#escudero">«Vos, don villano
ruin -le dije yo-, ¿por qué no sois bien criado? ¿"Manténgaos <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>", me habéis de decir,
como si fuese quienquiera?»</said> De allí adelante, de aquí acullá,
me quitaba el bonete y hablaba como debía.</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-¿Y no es buena maña de saludar un hombre a otro -dije yo- decirle que le
mantenga <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>?</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>-¡Mira, mucho de enhoramala! <pb facs="Medina-1554_049.jpg" n="48v"
/>-dijo él-. A los hombres de poca arte dicen eso; mas a los más altos,
como yo, no les han de hablar menos de: "Beso las manos de <persName
corresp="#escudero">Vuestra Merced</persName>", o por lo menos:
"Bésoos, señor, las manos", si el que me habla es caballero. Y así, de
aquél de mi tierra que me atestaba de mantenimiento, nunca más le quise
sufrir, ni sufriría ni sufriré a hombre del mundo, del rey abajo, que
"Manténgaos <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>", me diga.</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>Pecador de mí -dije yo-, por eso tiene tan poco cuidado de mantenerte,
pues no sufres que nadie se lo ruegue.</p>
</sp>
<sp who="#escudero">
<p>Mayormente -dijo- que no soy tan pobre que no tengo en mi tierra un solar
de casas, que, a estar ellas en pie y bien labradas, dieciséis leguas de
donde nací, en aquella <placeName ref="Costanilla">Costanilla de
Valladolid</placeName>, valdrían más de doscientas mil maravedís,
según se podrían hacer grandes y buenas. Y tengo un palomar que, a no
<pb facs="Medina-1554_049.jpg" n="49r"/>estar derribado como está,
daría cada año más de doscientos palominos. Y otras cosas que me callo,
que dejé por lo que tocaba a mi honra; y vine a esta ciudad pensando que
hallaría un buen asiento; mas no me ha sucedido como pensé. Canónigos y
señores de la iglesia muchos hallo; mas es gente tan limitada que no los
sacarán de su paso todo el mundo. Caballeros de media talla también me
ruegan; mas servir a éstos es gran trabajo, porque de hombre os habéis
de convertir en malilla, y, si no, "Andá con <name type="rlgn"
corresp="#Dios">Dios</name>" os dicen. Y las más veces son los
pagamentos a largos plazos, y las más y las más ciertas, comido por
servido. Ya cuando quieren reformar consciencia y satisfaceros vuestros
sudores, sois librado en la recámara, en un sudado jubón o raída capa
<pb facs="Medina-1554_050.jpg" n="49v"/>o sayo. Ya cuando asienta un
hombre con un señor de título, todavía pasa su lacería. Pues por ventura
¿no hay en mí habilidad para servir y contentar a éstos? Por <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>, si con él topase, muy gran
su privado pienso que fuese, y que mil servicios le hiciese, porque yo
sabría mentirle tan bien como otro y agradarle a las mil maravillas.
Reílle ya mucho sus donaires y costumbres, aunque no fuesen las mejores
del mundo; nunca decille cosa con que le pesase, aunque mucho le
cumpliese; ser muy diligente en su persona, en dicho y hecho; no me
matar por no hacer bien las cosas que él no había de ver, y ponerme a
reñir, donde él lo oyese, con la gente de servicio, porque pareciese
tener gran cuidado de lo que a él tocaba. Si riñese con alguno su
criado, dar unos puntillos agudos para encenderle <pb
facs="Medina-1554_050.jpg" n="50r"/>la ira y que pareciesen en favor
del culpado; decirle bien de lo que bien le estuviese y, por el
contrario, ser malicioso, mofador, malsinar a los de casa, y a los de
fuera pesquisar y procurar de saber vidas ajenas para contárselas, y
otras muchas galas de esta calidad que hoy día se usan en palacio y a
los señores de él parecen bien; y no quieren ver en sus casas hombres
virtuosos, antes los aborrecen y tienen en poco y llaman necios y que no
son personas de negocios, ni con quien el señor se puede descuidar. Y
con éstos los astutos usan, como digo, el día de hoy, de lo que yo
usaría; mas no quiere mi ventura que le halle.</p>
</sp>
<p>De esta manera lamentaba también su adversa fortuna mi amo, dándome relación
de su persona valerosa.</p>
<p>Pues, estando en esto, entró por la puerta un hombre y una vieja. El <pb
facs="Medina-1554_051.jpg" n="50v"/>hombre le pide el alquilé de la casa
y la vieja el de la cama. Hacen cuenta, y de dos en dos meses le alcanzaron
lo que él en un año no alcanzara. Pienso que fueron doce o trece reales. Y
él les dio muy buena respuesta: que saldría a la plaza a trocar una pieza de
a dos y que a la tarde volviesen; mas su salida fue sin vuelta. Por manera
que a la tarde ellos volvieron, mas fue tarde. Yo les dije que aún no era
venido. Venida la noche y él no, yo hube miedo de quedar en casa solo, y
fuime a las vecinas y contéles el caso y allí dormí. Venida la mañana, los
acreedores vuelven y preguntan por el vecino, mas a esta otra puerta... Las
mujeres le responden:</p>
<sp who="#mujeres">
<p>-Veis aquí su mozo y la llave de la puerta.</p>
</sp>
<p>Ellos me preguntaron por él, y díjele que no sabía adónde estaba, y que
tampoco había vuelto a casa desque salió a trocar <pb
facs="Medina-1554_051.jpg" n="51r"/>la pieza, y que pensaba que de mí y
de ellos se había ido con el trueco. De que esto me oyeron, van por un
<persName corresp="#alguacil">alguacil</persName> y un <persName
corresp="#escribano">escribano</persName>. Y helos do vuelven luego con
ellos, y toman la llave, y llámanme, y llaman testigos, y abren la puerta y
entran a embargar la hacienda de mi amo hasta ser pagados de su deuda.
Anduvieron toda la casa y halláronla desembarazada, como he contado, y
dícenme:</p>
<sp who="#alguacil #escribano">
<p>-¿Qué es de la hacienda de tu amo, sus arcas y paños de pared y alhajas
de casa?</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-No sé yo eso -le respondí.</p>
</sp>
<sp who="#alguacil #escribano">
<p>-Sin duda -dicen ellos- esta noche lo deben de haber alzado y llevado a
alguna parte. Señor <persName corresp="#alguacil">alguacil</persName>,
prended a este mozo, que él sabe dónde está.</p>
</sp>
<p>En esto vino el <persName corresp="#alguacil">alguacil</persName> y echóme
mano por el collar del jubón, diciendo:</p>
<sp who="#alguacil">
<p>-Muchacho, tú eres preso, si no descubres los bienes de este tu amo.</p>
</sp>
<p>Yo, <pb facs="Medina-1554_052.jpg" n="51v"/>como en otra tal no me hubiese
visto -porque asido del collar sí había sido muchas eces, mas era mansamente
de él trabado, para que mostrase el camino al que no veía-, yo hube mucho
miedo y, llorando, prometíle de decir lo que me preguntaban.</p>
<sp who="alguacil #escribano">
<p>-Bien está -dicen ellos-. Pues di todo lo que sabes y no hayas temor.</p>
</sp>
<p>Sentóse el <persName corresp="#escribano">escribano</persName> en un poyo
para escribir el inventario, preguntándome qué tenía.</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Señores -dije yo-, lo que este mi amo tiene, según él me dijo, es un muy
buen solar de casas y un palomar derribado.</p>
</sp>
<sp who="#alguacil #escribano">
<p>Bien está -dicen ellos-; por poco que eso valga, hay para nos entregar de
la deuda. ¿Y a qué parte de la ciudad tiene eso? -me preguntaron.</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-En su tierra -les respondí.</p>
</sp>
<sp who="#alguacil #escribano">
<p>Por <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>, que está bueno el
negocio -dijeron ellos-. ¿Y adónde es su tierra?</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-De <placeName ref="Castilla">Castilla la Vieja</placeName> me dijo él
que era -le dije.</p>
</sp>
<p><pb facs="Medina-1554_052.jpg" n="52r"/>Riéronse mucho el <persName
corresp="#alguacil">alguacil</persName> y el <persName
corresp="#escribano">escribano</persName>, diciendo:</p>
<sp who="#alguacil #escribano">
<p>-Bastante relación es ésta para cobrar vuestra deuda, aunque mejor
fuese.</p>
</sp>
<p>Las vecinas, que estaban presentes, dijeron:</p>
<sp who="#vecinos">
<p>-Señores, éste es un niño inocente y ha pocos días que está con ese
<persName corresp="#escudero"> escudero</persName> y no sabe de él
más que vuesas mercedes; sino cuanto el pecadorcico se llega aquí a
nuestra casa, y le damos de comer lo que podemos por amor de <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>, y a las noches se iba a
dormir con él.</p>
</sp>
<p>Vista mi inocencia, dejáronme, dándome por libre. Y el <persName
corresp="#alguacil">alguacil</persName> y el <persName
corresp="#escribano">escribano</persName> piden al hombre y a la mujer
sus derechos. Sobre lo cual tuvieron gran contienda y ruido, porque ellos
alegaron no ser obligados a pagar, pues no había de qué ni se hacía el
embargo. Los otros decían que habían dejado de ir a otro negocio, que les
importaba más, por venir a <pb facs="Medina-1554_053.jpg" n="52v"/>aquél.
Finalmente, después de dadas muchas voces, al cabo carga un porquerón con el
viejo alfamar de la vieja, y aunque no iba muy cargado, allá van todos cinco
dando voces. No sé en qué paró. Creo yo que el pecador alfamar pagara por
todos. Y bien se empleaba, pues el tiempo que había de reposar y descansar
de los trabajos pasados, se andaba alquilando.</p>
<p>Así, como he contado, me dejó mi pobre tercero amo, do acabé de conocer mi
ruin dicha, pues, señalándose todo lo que podía contra mí, hacía mis
negocios tan al revés, que los amos, que suelen ser dejados de los mozos, en
mí no fuese así, mas que mi amo me dejase y huyese de mí.</p>
</div>
</div>
<div xml:id="tratado4">
<head type="titulo">Tratado cuarto</head>
<head type="subtitulo"><pb facs="Medina-1554_053.jpg" n="53r"/>Cómo <persName
corresp="#Lazaro">Lázaro</persName> se asentó con un <persName
corresp="#fraile">fraile de la Merced</persName>, y de lo que le acaeció con
él</head>
<div type="texto">
<p>Hube de buscar el cuarto, y éste fue un <persName corresp="#fraile">fraile de
la Merced</persName>, que las mujercillas que digo me encaminaron, al
cual ellas le llamaban pariente. Gran enemigo del coro y de comer en el
convento, perdido por andar fuera, amicísimo de negocios seglares y visitar,
tanto que pienso que rompía él más zapatos que todo el convento. Éste me dio
los primeros zapatos que rompí en mi vida; mas no me duraron ocho días, ni
yo pude con su trote durar más. Y por esto, y por otras cosillas que no
digo, salí de él. </p>
</div>
</div>
<div xml:id="tratado5">
<head type="titulo">Tratado quinto</head>
<head type="subtitulo"><pb facs="Medina-1554_054.jpg" n="53v"/>Cómo <persName
corresp="#Lazaro">Lázaro</persName> se asentó con un <persName
corresp="#buldero">buldero</persName>, y de las cosas que con él pasó</head>
<div type="texto">
<p>En el quinto por mi ventura di, que fue un <persName corresp="#buldero"
>buldero</persName>, el más desenvuelto y desvergonzado, y el mayor
echador de ellas que jamás yo vi ni ver espero, ni pienso nadie vio, porque
tenía y buscaba modos y maneras y muy sutiles invenciones.</p>
<p>En entrando en los lugares <pb facs="Medina-1554_054.jpg" n="54r"/>do habían
de presentar la bula, primero presentaba a los clérigos o curas algunas
cosillas, no tampoco de mucho valor ni sustancia: una lechuga murciana, si
era por el tiempo, un par de limas o naranjas, un melocotón, un par de
duraznos, cada sendas peras verdiñales. Así procuraba tenerlos propicios,
porque favoreciesen su negocio y llamasen sus feligreses a tomar la bula.
Ofreciéndosele a él las gracias, informábase de la suficiencia de ellos. Si
decían que entendían, no hablaba palabra en latín por no dar tropezón; mas
aprovechábase de un gentil y bien cortado romance y desenvoltísima lengua. Y
si <choice>
<orig>sabían</orig>
<reg>sabía</reg>
</choice> que los dichos clérigos eran de los reverendos, digo que más con
dineros que con letras y con reverendas se ordenan, hacíase entre ellos un
<persName corresp="#SantoTomas">santo Tomás</persName>, y hablaba dos
<pb n="54v" facs="Medina-1554_055.jpg"/>horas en latín, a lo menos que
lo parecía, aunque no lo era.</p>
<p>Cuando por bien no le tomaban las bulas, buscaba cómo por mal se las tomasen.
Y para aquello hacía molestias al pueblo, y otras veces con mañosos
artificios. Y porque todos los que le veía hacer sería largo de contar, diré
uno muy sutil y donoso, con el cual probaré bien su suficiencia.</p>
<p>En un lugar de <placeName ref="Sagra_Toledo">la Sagra de Toledo</placeName>
había predicado dos o tres días, haciendo sus acostumbradas diligencias, y
no le habían tomado bula ni, a mi ver, tenían intención de se la tomár.
Estaba dado al diablo con aquello y, pensando qué hacer, se acordó de
convidar al pueblo para otro día de mañana despedir la bula. Y esa noche,
después de cenar, pusiéronse a jugar la colación él y el <persName
corresp="#alguacil">alguacil</persName>. Y sobre el juego vinieron a
reñir y a haber malas palabras. <pb n="55r" facs="Medina-1554_055.jpg"/>Él
llamó al <persName corresp="#alguacil">alguacil</persName> ladrón y el otro
a él falsario. Sobre esto, el <persName corresp="#buldero">señor
comisario</persName>, mi señor, tomó un lanzón, que en el portal do
jugaban estaba. El <persName corresp="#alguacil">alguacil</persName> puso
mano a su espada, que en la cinta tenía. Al ruido y voces que todos dimos,
acuden los huéspedes y vecinos, y métense en medio. Y ellos, muy enojados,
procurándose de desembarazar de los que en medio estaban para se matar. Mas
como la gente al gran ruido cargase, y la casa estuviese llena de ella,
viendo que no podían afrentarse con las armas, decíanse palabras injuriosas,
entre las cuales el <persName corresp="#alguacil">alguacil</persName> dijo a
mi amo que era falsario y las bulas que predicaba eran falsas.</p>
<p>Finalmente, que los del pueblo, viendo que no bastaban a ponellos en paz,
acordaron de llevar al <persName corresp="#alguacil">alguacil</persName> de
la posada a otra parte. Y así <pb n="55v" facs="Medina-1554_056.jpg"/>quedó
mi amo muy enojado.Y después que los huéspedes y vecinos le hubieron rogado
que perdiese el enojo y se fuese a dormir, y así nos echamos todos.</p>
<p>La mañana venida, mi amo se fue a la iglesia y mandó tañer a misa y al sermón
para despedir la bula. Y el pueblo se juntó, el cual andaba murmurando de
las bulas, diciendo cómo eran falsas, y que el mismo <persName
corresp="#alguacil">alguacil</persName>, riñendo, lo había descubierto.
De manera que, atrás que tenían mala gana de tomarla, con aquello del todo
la aborrecieron.</p>
<p>El <persName corresp="#buldero">señor comisario</persName> se subió al
púlpito, y comienza su sermón, y a animar la gente a que no quedasen sin
tanto bien y indulgencia como la santa bula traía.</p>
<p>Estando en lo mejor del sermón, entra por la puerta de la iglesia el
<persName corresp="#alguacil">alguacil</persName> y, desque hizo
oración, levantóse y, con voz alta y <pb n="56r" facs="Medina-1554_056.jpg"
/> pausada, cuerdamente comenzó a decir:</p>
<sp corresp="#alguacil">
<p>-Buenos hombres, oídme una palabra, que después oiréis a quien
quisiéredes. Yo vine aquí con este <persName corresp="#buldero"
>echacuervo</persName> que os predica, el cual me engañó, y dijo que
le favoreciese en este negocio, y que partiríamos la ganancia. Y agora,
visto el daño que haría a mi conciencia y a vuestras haciendas,
arrepentido de lo hecho, os declaro claramente, que las bulas que
predica son falsas, y que no le creáis ni las toméis y que yo, <foreign
xml:lang="lat">directe</foreign> ni <foreign xml:lang="lat"
>indirecte</foreign>, no soy parte en ellas, y que desde agora dejo
la vara y doy con ella en el suelo. Si en algún tiempo éste fuere
castigado por la falsedad, que vosotros me seáis testigos cómo yo no soy
con él ni le doy a ello ayuda; antes os desengaño y declaro su maldad. Y
acabó su razonamiento.</p>
</sp>
<p>Algunos hombres honrados <pb n="56v" facs="Medina-1554_057.jpg"/>que allí
estaban se quisieron levantar y echar al <persName corresp="#alguacil"
>alguacil</persName> fuera de la iglesia, por evitar escándalo; mas mi
amo les fue a la mano y mandó a todos que, so pena de excomunión, no le
estorbasen; mas que le dejasen decir todo lo que quisiese. Y así, él también
tuvo silencio mientras el <persName corresp="#alguacil">alguacil</persName>
dijo todo lo que he dicho. Como calló, mi amo le preguntó si quería decir
más que lo dijese. El <persName corresp="#alguacil">alguacil</persName>
dijo:</p>
<sp corresp="#alguacil">
<p>-Harto más hay que decir de vos y de vuestra falsedad; mas por agora
basta.</p>
</sp>
<p>El <persName corresp="#buldero">señor comisario</persName> se hincó de
rodillas en el púlpito y, puestas las manos y mirando al cielo, dijo
así:</p>
<sp corresp="#buldero">
<p>-<name type="rlgn" corresp="#Dios">Señor Dios</name>, a quien ninguna
cosa es escondida, antes todas manifiestas, y a quien nada es imposible,
antes todo posible: <name type="rlgn" corresp="#Dios">tú</name> sabes la
verdad y cuán injustamente yo soy afrentado. En lo que a mí toca, yo le
perdono, <pb n="57r" facs="Medina-1554_057.jpg"/> porque <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Tú, Señor</name>, me perdones. No mires
a aquél, que no sabe lo que hace ni dice; mas la injuria a ti hecha te
suplico, y por justicia te pido no disimules. Porque alguno que está
aquí, que por ventura pensó tomar aquesta santa bula, y dando crédito a
las falsas palabras de aquel hombre, lo dejará de hacer. Y pues es tanto
perjuicio del prójimo, te suplico yo, <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>Señor</name>, no lo disimules; mas luego muestra aquí milagro, y
sea de esta manera: que, si es verdad lo que aquél dice y que yo traigo
maldad y falsedad, este púlpito se hunda conmigo y meta siete estados
debajo de tierra, do él ni yo jamás parezcamos; y, si es verdad lo que
yo digo y <persName corresp="#alguacil">aquél</persName>, persuadido del
demonio, por quitar y privar a los que están presentes de tan gran bien,
dice maldad, también sea castigado y de <pb n="57v"
facs="Medina-1554_058.jpg"/>todos conocida su malicia.</p>
</sp>
<p>Apenas había acabado su oración el devoto señor mío, cuando el negro
<persName corresp="#alguacil">alguacil</persName> cae de su estado y da
tan gran golpe en el suelo que la iglesia toda hizo resonar, y comenzó a
bramar y echar espumajos por la boca y torcerla, y hacer visajes con el
gesto, dando de pie y de mano, revolviéndose por aquel suelo a una parte y a
otra. El estruendo y voces de la gente era tan grande, que no se oían unos a
otros. Algunos estaban espantados y temerosos. Unos decían: <said>«El <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Señor</name> le socorra y valga»</said>.
Otros: <said>«Bien se le emplea, pues levantaba tan falso
testimonio».</said></p>
<p>Finalmente, algunos que allí estaban, y a mi parecer no sin harto temor, se
llegaron y le trabaron de los brazos, con los cuales daba fuertes puñadas a
los que cerca de él estaban. Otros le tiraban por las piernas, y tuvieron
<pb n="58r" facs="Medina-1554_058.jpg"/> reciamente, porque no había
mula falsa en el mundo que tan recias coces tirase. Y así le tuvieron un
gran rato. Porque más de quince hombres estaban sobre él y a todos daba las
manos llenas y, si se descuidaban, en los hocicos.</p>
<p>A todo esto el señor mi amo estaba en el púlpito de rodillas, las manos y los
ojos puestos en el cielo, transportado en la divina esencia, que el planto y
ruido y voces, que en la iglesia había, no eran parte para apartarle de su
divina contemplación. Aquellos buenos hombres llegaron a él y, dando voces
le despertaron y le suplicaron quisiese socorrer a aquel pobre que estaba
muriendo y que no mirase a las cosas pasadas ni a sus dichos malos, pues ya
de ellos tenía el pago; mas si en algo podría aprovechar para librarle del
peligro y pasión que padecía, por amor de <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>Dios</name> lo hiciese. <pb n="58v" facs="Medina-1554_059.jpg"/>Pues
ellos veían clara la culpa del culpado y la verdad y bondad suya, pues a su
petición y venganza el <name type="rlgn" corresp="#Dios">Señor</name> no
alargó el castigo.</p>
<p>El <persName corresp="#buldero">señor comisario</persName>, como quien
despierta de un dulce sueño, los miró y miró al delincuente y a todos los
que alrededor estaban, y muy pausadamente les dijo:</p>
<sp corresp="#buldero">
<p>-Buenos hombres, vosotros nunca habíades de rogar por un hombre en quien
<name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> tan señaladamente se
ha señalado. Más pues <name type="rlgn" corresp="#Dios">Él</name> nos
manda que no volvamos mal por mal y perdonemos las injurias, con
confianza podremos suplicarle que cumpla lo que nos manda, y <name
type="rlgn" corresp="#Dios">Su Majestad</name> perdone a éste que le
ofendió poniendo en su santa fe obstáculo. Vamos todos a suplicalle.</p>
</sp>
<p>Y así, bajó del púlpito y encomendó <choice>
<orig>aqui</orig>
<reg>a que</reg>
</choice> muy devotamente suplicasen a <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>nuestro Señor</name> tuviese por bien de perdonar a <pb n="59r"
facs="Medina-1554_059.jpg"/>aquel pecador y volverle en su salud y sano
juicio y lanzar de él el demonio, si <name type="rlgn" corresp="#Dios">Su
Majestad</name> había permitido que por su gran pecado en él
entrase.</p>
<p>Todos se hincaron de rodillas y delante del altar, con los clérigos,
comenzaban a cantar con voz baja una letanía; y viniendo él con la cruz y
agua bendita, después de haber sobre <persName corresp="#alguacil"
>él</persName> cantando. El señor mi amo, puestas las manos al cielo y
los ojos que casi nada se le parecía, sino un poco de blanco, comienza una
oración no menos larga que devota, con la cual hizo llorar a toda la gente
como suelen hacer en los sermones de Pasión, de predicador y auditorio
devoto, suplicando a <name type="rlgn" corresp="#Dios">Nuestro Señor</name>,
pues no quería la muerte del <persName corresp="#alguacil"
>pecador</persName>, sino su vida y arrepentimiento, que aquél,
encaminado por el demonio y persuadido de la muerte y pecado, le quisiese
perdonar y dar <pb n="59v" facs="Medina-1554_060.jpg"/>vida y salud, para
que se arrepintiese y confesase sus pecados.</p>
<p>Y esto hecho, mandó traer la bula y púsosela en la cabeza. Y luego el pecador
del <persName corresp="#alguacil">alguacil</persName> comenzó poco a poco a
estar mejor y tornar en sí. Y desque fue bien vuelto en su acuerdo, echóse a
los pies del <persName corresp="#buldero">señor comisario</persName> y,
demandándole perdón, confesó haber dicho aquello por la boca y mandamiento
del demonio; lo uno, por hacer a él daño y vengarse del enojo; lo otro, y
más principal, porque el demonio recibía mucha pena del bien que allí se
hiciera en tomar la bula.</p>
<p>El señor mi amo le perdonó, y fueron hechas las amistades entre ellos. Y a
tomar la bula hubo tanta prisa, que casi ánima viviente en el lugar no quedó
sin ella: marido y mujer, y hijos y hijas, mozos y mozas.</p>
<p>Divulgóse la nueva de lo acaecido por los lugares comarcanos <pb n="60r"
facs="Medina-1554_060.jpg"/>y, cuando a ellos llegábamos, no era
menester sermón ni ir a la iglesia, que a la posada la venían a tomar, como
si fueran peras que se dieran de balde. De manera que, en diez o doce
lugares de aquellos alrededores donde fuimos, echó el señor mi amo otras
tantas mil bulas sin predicar sermón.</p>
<p>Cuando él hizo el ensayo, confieso mi pecado, que también fui de ello
espantado, y creí que así era, como otros muchos. Mas con ver después la
risa y burla que mi amo y el <persName corresp="#alguacil"
>alguacil</persName> llevaban y hacían del negocio, conocí cómo había
sido industriado por el industrioso e inventivo de mi amo.</p>
<!-- SAT: En este punto falta, otra vez, en la edición de Medina otra anéctoda sobre el buldero:
"Acaeciónos en otro lugar, el cual no quiero nombrar por su honra, lo
siguiente: y fue que mi amo predicó
dos o tres sermones, (...) el temor de mi astuto amo no me
lo dejaba comunicar con nadie, ni nunca de mí salió, porque me tomó
juramento que no descubriese el milagro y así lo hice hasta agora."-->
<p>Y, aunque muchacho, cayóme mucho en gracia, y dije entre mí: <said
who="#Lazaro">«¡Cuántas de éstas deben hacer estos burladores entre la
inocente gente!»</said>.</p>
<p>Finalmente, estuve con este mi quinto amo cerca de cuatro meses, en los <pb
facs="Medina-1554_061.jpg" n="60v"/> cuales pasé también hartas fatigas.
</p>
</div>
</div>
<div xml:id="tratado6">
<head type="titulo">Tratado sexto</head>
<head type="subtitulo">Cómo <persName corresp="#Lazaro">Lázaro</persName> se asentó
con <persName corresp="#capellan">un capellán</persName>, y lo que con él
pasó</head>
<div type="texto">
<p>Después de esto, asenté con <persName corresp="#pintor">un maestro de pintar
panderos</persName>, para molerle los colores, y también sufrí mil
males.</p>
<p>Siendo ya en este tiempo buen mozuelo, entrando un día en la iglesia mayor,
un <persName corresp="#capellan">capellán</persName> de ella me recibió <pb
n="61r" facs="Medina-1554_061.jpg"/>por suyo, y púsome en poder un buen
asno y cuatro cántaros y un azote, y comencé a echar agua por la ciudad.
Éste fue el primer escalón que yo subí para venir a alcanzar buena vida,
porque mi boca era medida. Daba cada día a mi amo treinta maravedís ganados,
y los sábados ganaba para mí, y todo lo demás, entre semana, de treinta
maravedís.</p>
<p>Fueme tan bien en el oficio que, al cabo de cuatro años que lo usé, con poner
en la ganancia buen recaudo, ahorré para me vestir muy honradamente de la
ropa vieja, de la cual compré un jubón de fustán viejo, y un sayo raído de
manga trenzada y puerta, y una capa que había sido frisada, y una espada de
las viejas primeras de <placeName ref="Cuellar">Cuéllar</placeName>. Desque
me vi en hábito de hombre de bien, dije a mi amo se tomase su asno, que no
quería más seguir aquel oficio.</p>
</div>
</div>
<div xml:id="tratado7">
<head type="titulo">Tratado séptimo</head>
<head type="subtitulo"><pb n="61v" facs="Medina-1554_062.jpg"/>Cómo <persName
corresp="#Lazaro">Lázaro</persName> se asentó con un, <persName
corresp="#alguacil">alguacil</persName> y de lo que le acaeció con él</head>
<div type="texto">
<p>Despedido del <persName corresp="#capellan">capellán</persName>, asenté por
hombre de justicia con un <persName corresp="#alguacil">alguacil</persName>;
mas muy poco viví con él, por parecerme oficio peligroso. Mayormente que una
noche nos corrieron a mí y a mi amo a pedradas y a palos unos retraídos. Y a
mi amo, que esperó, <pb n="62r" facs="Medina-1554_062.jpg"/>trataron mal;
mas a mí no me alcanzaron. Con esto renegué del trato.</p>
<p>Y pensando en qué modo de vivir haría mi asiento, por tener descanso y ganar
algo para la vejez, quiso <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name>
alumbrarme y ponerme en camino y manera provechosa. Y con favor que tuve de
amigos y señores, todos mis trabajos y fatigas hasta entonces pasados fueron
pagados con alcanzar lo que procuré, que fue un oficio real, viendo que no
hay nadie que medre, sino los que le tienen.</p>
<p>En el cual el día de hoy vivo y resido a servicio de <name type="rlgn"
corresp="#Dios">Dios</name> y de <persName corresp="#VuestraMerced"
>Vuestra Merced</persName>. Y es que tengo cargo de pregonar los vinos
que en esta ciudad se venden, y en almonedas y cosas perdidas, acompañar los
que padecen persecuciones por justicia y declarar a voces sus delitos,
pregonero, hablando en buen romance.</p>
<!-- SAT: En este punto falta, otra vez, en la edición de Medina un fragmento que retoma la anéctoda de Escalona anterior:
"En el cual oficio, un día que ahorcábamos un apañador en Toledo, y llevaba
una buena soga de esparto, conocí y caí en la cuenta de la sentencia que
aquel mi ciego amo había dicho en Escalona, y me
arrepentí del mal pago que le di, por lo mucho que me enseñó, que, después
de Dios, él me dio industria para llegar al estado que agora estoy."-->
<p>Hame sucedido también, yo le <pb n="62v" facs="Medina-1554_063.jpg"/>he usado
tan fácilmente, que casi todas las cosas al oficio tocantes pasan por mi
mano, tanto que, en toda la ciudad, el que ha de echar vino a vender, o
algo, si <persName corresp="#Lazaro">Lázaro de Tormes</persName> no entiende
en ello, hacen cuenta de no sacar provecho.</p>
<p>En este tiempo, viendo mi habilidad y buen vivir, teniendo noticia de mi
persona el <persName corresp="#arcipreste">señor arcipreste de San
Salvador</persName>, mi señor, y servidor y amigo de <persName
corresp="#VuestraMerced">Vuestra Merced</persName>, porque le pregonaba
sus vinos, procuró casarme con una criada suya. Y visto por mí que de tal
persona no podía venir sino bien y favor, acordé de lo hacer. Y así, me casé
con ella, y hasta agora no estoy arrepentido, porque, allende de ser buena
hija y diligente servicial, tengo en mi <persName corresp="#arcipreste"
>señor arcipreste</persName> todo favor y ayuda. Y siempre en el año le
da, en veces, al pie de una carga de <pb n="63r" facs="Medina-1554_063.jpg"
/>trigo; por las Pascuas, su carne; y cuando el par de los bodigos, las
calzas viejas que deja. E hízonos alquilar una casilla par de la suya; los
domingos y fiestas casi todas las comíamos en su casa.</p>
<p>Mas malas lenguas, que nunca faltaron ni faltarán, no nos dejan vivir,
diciendo no sé qué y sí sé qué, de que ven a mi mujer irle a hacer la cama y
guisarle de comer. Y mejor les ayude <name type="rlgn" corresp="#Dios"
>Dios</name>, que ellos dicen la verdad.
<!--SAT: Este fragmento tampoco aparece en la edición de Medina: "aunque
en este tiempo siempre he tenido alguna sospechuela y habido algunas malas
cenas por esperalla algunas noches hasta las laudes, y aún más, y se me ha
venido a la memoria lo que a mi amo el ciego me dijo en Escalona, estando asido del cuerno;
aunque, de verdad, siempre pienso que el diablo me lo trae a la memoria por
hacerme malcasado, y no le aprovecha."--></p>
<p>Porque allende de no ser ella mujer que se pague de estas burlas, mi señor me
ha prometido lo que pienso cumplirá; que él me habló un día muy largo
delante de ella y me dijo:</p>
<sp who="#arcipreste">
<p>-<persName corresp="#Lazaro">Lázaro de Tormes</persName>, quien ha de
mirar a dichos de malas lenguas nunca medrará. Digo esto, porque no me
maravillaría alguno, viendo entrar en mi casa a tu mujer y salir de
ella. Ella entra muy a tu honra <pb n="63v" facs="Medina-1554_064.jpg"
/>y suya. Y esto te lo prometo. Por tanto, no mires a lo que pueden
decir, sino a lo que te toca, digo, a tu provecho.</p>
</sp>
<sp who="#Lazaro">
<p>-<persName corresp="#arcipreste">Señor</persName> -le dije-, yo determiné
de arrimarme a los buenos. Verdad es que algunos de mis amigos me han
dicho algo de eso, y aun por más de tres veces me han certificado que,
antes que conmigo casase, había parido tres veces, hablando con
reverencia de <persName corresp="#VuestraMerced">Vuestra
Merced</persName>, porque está ella delante.</p>
</sp>
<p>Entonces mi mujer echó juramentos sobre sí, que yo pensé la casa se hundiera
con nosotros. Y después tomóse a llorar y a echar maldiciones sobre quien
conmigo la había casado. En tal manera que quisiera ser muerto antes que se
me hubiera soltado aquella palabra de la boca. Mas yo de un cabo y mi señor
de otro, tanto le dijimos y otorgamos que cesó su llanto, con juramento que
le hice de <pb n="64r" facs="Medina-1554_064.jpg"/>nunca más en mi vida
mentarle nada de aquello, y que yo holgaba y había por bien de que ella
entrase y saliese de noche y de día, pues estaba bien seguro de su bondad. Y
así quedamos todos tres bien conformes.</p>
<p>Hasta el día de hoy nunca nadie nos oyó sobre el caso; antes cuando alguno
siento que quiere decir algo de ella, le atajo y le digo:</p>
<sp who="#Lazaro">
<p>-Mirá, si sois mi amigo, no me digáis cosa con que me pese, que no tengo
por mi amigo al que me hace pesar, mayormente si me quieren meter mal
con mi mujer, que es la cosa del mundo que yo más quiero, y la amo más
que a mí, y me hace <name type="rlgn" corresp="#Dios">Dios</name> con
ella mil mercedes y más bien que yo merezco. Que yo juraré sobre la
hostia consagrada que es tan buena mujer como vive dentro de las puertas
de <placeName ref="Toledo">Toledo</placeName>. Y quien otra cosa me
dijere, yo me mataré con él.</p>
</sp>
<p>De esta <pb n="64v" facs="Medina-1554_065.jpg"/>manera no me dicen nada, y yo
tengo paz en mi casa.</p>
<p>Esto fue el mismo año que nuestro victorioso <persName corresp="#CarlosV"
>Emperador</persName> en esta insigne ciudad de <placeName ref="Toledo"
>Toledo</placeName> entró y tuvo en ella cortes, y se hicieron grandes
regocijos y fiestas, como <persName corresp="#VuestraMerced">Vuestra
Merced</persName> habrá oído. Pues en este tiempo estaba en mi
prosperidad, y en la cumbre de toda buena fortuna.</p>
<!--SAT: Este breve párrafo tampoco aparece en la edición de Medina: "De lo que de aquí adelante me sucediere, avisaré a Vuestra Merced."-->
</div>
<div xml:id="colofon">
<ab> Fue impressa la presente obra en la muy noble villa de <placeName
ref="Medina_del_Campo">Medina del Campo</placeName> en la imprenta de
Mattheo y Francisco del Canto hermanos. Acabóse a primero del mes de Marzo.
Año de 1554.</ab>
</div>
</div>
</body>
<back>
<div xml:id="ListaPersonajes">
<listPerson type="historicos">
<head>Lista de personajes históricos</head>
<person xml:id="Plinio">
<persName>Gayo Plinio Segundo <date>(23-79)</date></persName>
<note>fue un militar, escritor, naturalista y filósofo romano que creía en
el estoicismo y el epicureísmo. Su obra más famosa es un enciclopedia
llamada <title>Naturalis Historia</title> que contiene treinta y siete
libros en los cuales hace gala de sus extensos conocimientos de ciencias
naturales. Plinio murió durante la famosa erupción del Vesubio del año
79.</note>
</person>
<person xml:id="Ciceron">
<persName>Marco Tulio Cicerón <date>(104 a. C.-43 a. C.)</date></persName>
<note>fue un abogado, escritor, filósofo y político romano. Es conocido por
ser el maestro de la retórica y la elocuencia latina. Muchas de sus
obras tratan sobre la historia romana con un enfoque político. Cicerón
participó activamente en la vida pública, llegando a ser cónsul. Uno de
los episodios más famosos fue el descubrimiento de la conspiración de
Catilina, en la que se pretendía derrocar al gobierno. Después de la
muerte de César, Cicerón desafió a Marco Antonio y como consecuencia,
terminó sus días en el exilio.</note>
</person>
<person xml:id="AlejandroMagno">
<persName>Alejandro Magno <date>(356 a.C. - 323 a.C.)</date></persName>
<note>fue un rey famoso de Macedonia conocido por extender su imperio en
Asia y África. Lázaro compara la avaricia del ciego con la avaricia de
Alejandro Magno.</note>
</person>
<person xml:id="Galeno">
<persName>Galeno <date>129-200/216</date></persName>
<note>es conocido por ser uno de los médicos griegos más famosos que vivió
bajo el Imperio Romano.</note>
</person>
<person xml:id="Penelope">
<persName>Penélope</persName>
<note>fue la esposa de Odiseo (o Ulises, en latín) que cada noche durante
muchos años destejía por la noche lo que había tejido durante el día
para retrasar su boda con uno de los pretendientes. Como ella, Lázaro
también planea engaños durante la noche para velar por sus propios
intereses.</note>
</person>
<person xml:id="Ovidio">
<persName>Ovidio <date>(43 a.C.- 17)</date></persName>
<note>es un poeta romano que vivió durante el reinado de Augusto. A menudo
es clasificado como uno de los tres poetas canónicos de la literatura
latina junto con Virgilio y Horacio. Aquí es mencionado por sus obras
poéticas amorosas como los <title>Amores</title>. </note>
</person>
<person xml:id="SantoTomas">
<persName>Tomás de Aquino <date>(1224/1225 - 1274)</date></persName>
<note>es uno de los filósofos más relevantes de la Edad Media. Es también
conocido como Doctor Angélico, Doctor Común y Doctor de la Humanidad. Su
obra más famosas es la <title>Summa theologiae</title>.</note>
</person>
<person xml:id="Antonio">
<persName>Antonio</persName>
<note>el escudero se refiere a un espadero famoso que, como explican R.
Menéndez Pidal y F. Rico (p. 51), firmó la espada del mismo rey Fernando
el Católico, conservada en la actualidad en la Armería Real de
Madrid.</note>
</person>
<person xml:id="CarlosV">
<persName>Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico (1500 -
1558)</persName>
<note>fue hijo de Juana I de Castilla (la Loca) y Felipe I el Hermoso. Reinó
los territorios hispánicos con el nombre de Carlos I hasta el 1516, una
vez muerto su abuelo paterno, Maximiliano I de Hasburgo, heredó el Sacro
Imperio Romano Germánico adoptando el nombre de Carlos V.</note>
</person>
</listPerson>
<listPerson type="per_Laz">
<head>Lista de personajes en la novela</head>
<person xml:id="VuestraMerced">
<persName>Vuestra Merced</persName>
<note> se refiere al lector a quien Lázaro se dirige. El término es el
equivalente al “usted” moderno e implica respeto así como la consciencia
de dirigirse a un público.</note>
</person>
<person xml:id="Lazaro">
<persName>Lázaro</persName>
<note>es el protagonista de la obra desde cuya perspectiva el libro está
escrito. Nacido en el seno de una familia pobre que no puede
alimentarlo, Lázaro pasa al servicio de diversos amos que le infligen
duras condiciones de vida siendo el hambre su principal preocupación. A
lo largo de su niñez y adolescencia y de las aventuras en las que se ve
envuelto, aprende a ser asusto y a sobrevivir.</note>
</person>
<person xml:id="TomeGonzalez">
<persName>Tomé González</persName>
<note>es el padre biológico de Lázaro. Molinero de profesión durante más de
quince años, es detenido por robar y obligado a servir en la armada
contra los moros, donde encuentra la muerte, cuando Lázaro contaba sólo
con ocho años.</note>
</person>
<person xml:id="AntonaPerez">
<persName>Antona Pérez</persName>
<note>es la madre de Lázaro. Después de la muerte de su primer esposo Tomé,
Antona establece una relación con Zaide, con quien tiene otro hijo.
Debido a las duras condiciones de vida y al no poder hacerse cargo de
sus hijos, decide confiar a su hijo mayor al que será su primer amo, el
ciego.</note>
</person>
<person xml:id="Magdalena">
<persName>Comendador de la Magdalena</persName>
<note>es un personaje todavía no identificado. Para las diversas propuestas
ofrecidas, véase el artículo de <ref
ana="http://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista14/16_Vaquero_Carmen.pdf"
>M.C. Vaquero Serrano, "El Comendador de la Magdalena del Lazarillo:
Discrepancias en su identificación", Lemir 14 (2010):
273-288</ref>.</note>
</person>
<person xml:id="Zaide">
<persName>Zaide</persName>
<note>es el padrastro de Lázaro, pues mantiene una relación amorosa con su
madre de la que nace un niño. El texto le describe como “un hombre
moreno” que se encarga de “las bestias”. Zaide es arrestado por robar
comida y utensilios que ofrecía a Antona Pérez y sus hijos.</note>
</person>
<person xml:id="hermanastro">
<persName>Hermanastro</persName>
<note>al que Lázaro llama "negrito" es hijo de Zaide y su madre
Antona.</note>
</person>
<person xml:id="ciego">
<persName>El Ciego</persName>
<note>es el primer amo de Lázaro. De este personaje aprende la mayoría de
sus engaños. Al fin, Lázaro decide huir cansado de las penurias y el
hambre que el ciego le hace sufrir. En este primer tratado es calificado
como “el cruel ciego,” “el maldito ciego” y “el mal ciego.”</note>
</person>
<person xml:id="clerigo">
<persName>El Clérigo</persName>
<note>es el segundo amo de Lázaro, después del ciego. Es parte de la clase
media baja y tampoco le da suficiente comida para sobrevivir, el mayor
problema de Lázaro. Aunque no es tan astuto como el ciego, es muy
cruel.</note>
</person>
<person xml:id="escudero">
<persName>El Escudero</persName>
<note>es el tercer amo de Lázaro. Al conocerlo y verlo bien vestido, el
protagonista cree que con éste se acabarán sus penúrias, pero se
equivoca. El escudero está anclado en los antiguos principios de la
nobleza y la honra, que le impiden trabajar y por consiguiente
satisfacer sus necesidades mínimas, como pagar un alquiler o
alimentarse. Con este personaje, es Lázaro el que tendrá que proveer
comida para ambos. </note>
</person>
<person xml:id="alguacil">
<persName>Alguacil</persName>
<note>es un oficial de ley que, la mayoría de las veces, trabaja con un
escribano. En el <title>Lazarillo</title>, hay tres alguaciles. El
primero aparece en el Tratado 3 interrogando a Lázaro, juntamente con el
escribano, sobre su amo, el escudero; el segundo alguacil es el cómplice
del buldero, el quinto amo de Lázaro, y es un personaje corrupto que
participa en una farsa para vender bulas. Finalmente, el tercer alguacil
es el último amo de Lázaro con el que no estará por muy largo tiempo
pues considera el trabajo demasiado peligroso. </note>
</person>
<person xml:id="fraile">
<persName>Fraile de la Merced</persName>
<note>es el cuarto amo de Lázaro. A éste no le interesa mucho la comida o
los deberes en el convento, pues siempre está fuera buscando eventos más
interesantes. Según el protagonista, el fraile es el que rompe más
zapatos de todo el convento porque siempre está caminando.</note>
</person>
<person xml:id="capellan">
<persName>Capellán</persName>
<note>es el séptimo amo de Lázaro, después de haber trabajado al servicio de
un pintor. Por primera vez, Lázaro empieza a trabajar a cambio de dinero
en lugar de sólo por alimento. Con este amo logra comprarse ropa buena
y, al fin, se despide con vistas a un trabajo mejor.</note>
</person>
<person xml:id="pintor">
<persName>Maestro de pintar panderos</persName>
<note>es el sexto amo de Lázaro, para el cual empieza a trabajar por dinero
a cambio de mezclar los colores para sus pinturas. Esta figura permite
al protagonista presentar la nueva clase de los artesanos que empezaba a
consolidarse en estos años del Renacimiento.</note>
</person>
<person xml:id="buldero">
<persName>Buldero</persName>
<note>es el quinto amo de Lázaro. A pesar de su oficio religioso, el buldero
es un personaje corrupto interesado solamente en vender las indulgencias
para mejorar su hacienda.</note>
</person>
<person xml:id="escribano">
<persName>Escribano</persName>
<note>un oficial público que copia y da fe de ciertos documentos oficiales.
Aquí en el <title>Lazarillo</title>, el escudero trabaja con el primer
alguacil del texto para investigar las deudas del escudero.</note>
</person>
<person xml:id="alcaldes">
<persName>Alcaldes</persName>
<note>es un oficial público secular que se encarga de una área municipal. En
el <title>Lazarillo</title>, unos ayudan al clérigo a remitir sus bulas
e indulgencias y otros aceptan la bulas e indulgencias para ellos
mismos.</note>
</person>
<person xml:id="arcipreste">
<persName>Arcipreste de San Salvador</persName>
<note>pertenece a la clase eclesiástica y gestiona las iglesias del área.
Después de los servicios prestados al alguacil, el arcipreste propone a
Lázaro un matrimonio con una de sus sirvientas.</note>
</person>
<person xml:id="conde">
<persName>Conde</persName>
<note>se trata de un personaje de ficción, con el cual el Escudero entabla
una enemistad por no mostrarle el respeto debido.</note>
</person>
</listPerson>
<listPerson type="genericos">
<head>Lista de personajes genéricos</head>
<person xml:id="Macias">
<persName>Macías</persName>
<note>es un trovador gallego y uno de los últimos poetas medievales
gallegos, del que poco sabemos. Fue el sucesor y compatriota de Juan
Rodríguez de la Cámara, escritor español del Prerrenacimiento.</note>
</person>
<person xml:id="Conde_de_Arcos">
<persName>Conde de Arcos</persName>
<note>El condado de Arcos es un título nobiliario creado en 1431 por el rey
Juan II de Castilla. Lázaro lo utiliza para referirse a una persona
importante emparentada con la nobleza.</note>
</person>
<person xml:id="Rey_Francia">
<persName>Rey de Francia</persName>
<note>Se trata de una referencia genérica para referirse a las grandes
preocupaciones de un soberano. Como indica Rico (2011:37), debe de
tratarse de Francisco I o Enrique II. </note>
</person>
<person xml:id="Don_Fulano">
<persName>Don fulano</persName>
<note>se trata de una expresión para designar a una persona genérica o a un
personaje del que no se sabe el nombre.</note>
</person>
</listPerson>
</div>
</back>
</text>
</TEI>