Skip to content
Permalink
Branch: master
Find file Copy path
Find file Copy path
Fetching contributors…
Cannot retrieve contributors at this time
188 lines (165 sloc) 4.52 KB

Si se te ha esfumado un bien terrno,
no estés por ello en pena,
que nada es.

Y si has tomado posesión de un mundo,
no te alegres por ello,
que nada es.

Pasan las penas, las dichas todas,
pasa tú de largo frente al mundo,
que nada es.

Goethe

Se han tenido en cuenta las correcciones manuscritas hechas por el autor en 1966.

A Teo, su madre

Ya es difunto, señores.
Ya los niños,
con sus juegos terribles,
arrancaron las plumas de sus palacios
y con quijadas verdes
trituraron sus esqueletos áureos.

Ya murió, señores,
ya degollaron los bosques
donde aquel poeta soñaba
convertirse en un pájaro.

Ya no lo veré.
Con ser valiente
mi amistad no puede seguirlo
por las praderas
que ahora cruza
su heroico galeón,
ni hospedarse en los castillos
donde lo custodian
guarniciones de hueso,
en las provincias sorodomudas
donde esta noche duerme
velado por multitudes
de rechinante hojalata.

Ya no lo veré,
ya nunca más el mundo
verá saltar de continente
en continente los delfines
con que se complacía
su plateada inteligencia;
ya jamás las madres,
en sus madrigueras,
oirán piar en el alba
a sus malvados neblíes de latón;
jamás, jamás lo veremos
retornar del futuro,
cargado con el funesto
tesoro de brasas
que en barbudos mares,
aquel mago recogía.
Ya Fernando es un muerto
que sube jadeando
la negra escalinata
por donde del Sol
hacia el olvido,
lentamente bajamos.

¡Oh invencibles faraones
a cuya faz humeante
huían desencajados los ejércitos,
Señores de los Siete Mundos,
que con mover la cola
derribaban las lunas más valientes,
pávidos ahora ante la más torpe terme!

¡Emperadores insolentes
que despreciaron vestir
hasta los jubones del Pavo Real,
hoy dichosos
con mal labrados palacios de estiércol!
¡Jaspeados Arzobispos
que ya quisieran telas de araña
para adornar
sus basílicas de liquen!
¡Prelados que ofician
en parroquias de moho!
Todos se fatigan,
se cansan y se doblan:
las manos de mil dedos
con que Artejerjes sostenía
el peso del mundo,
las manos de los Césares,
las manos del mendigo,
las manos del amante,
las manos de Mozart,
las manos de Van Gogh
y hasta las manos
con que el poeta sacude
el gran árbol de la noche
para que estrellas caigan a tu tumba triste.

Así es la vida, Fernando.
¿Para qué quejarse?
¡No llores más ni derrames
lívidos mares de seda,
ni subas rencoroso
a tu torre de verdes cabellos,
a premeditar,
en tu sillón de nieve,
el asesinato del sol!
¡Mejor vete con jazmines,
vete sobre bandadas
de música amarilla,
vete de siglo en siglo,
tras tu gentileza,
halada por delfines!

¡Tú no eres este charco
de rencores luna!
¡Tú no eres este tesoro
de sanguinario pico!
Yo no conozco a este guerrero
que al fondo de hospitales
combate con ejércitos enanos.
¡Tú no puedes ser este Rey
donde se pudren diamantes!
¡Tú sabías que la muerte
no tiene cola de filudo laberinto
sino que es un ruiseñor de madera
que canta en la cima de la dulzura!

Y terminó la batalla
los margraves miran la luna
con famélicos ojos de coyote:
inútiles fueron sus cotas de espuma
y sus armaduras de pájaros.

¡Silencio!
¡Silencio en los patíbulos
aonde esta tarde conducen a los cisnes!
¡Silencio en las planicies
donde los parricidas pastan!
¡Silencio en las grutas
donde los pontífices violan gorriones!
¡Silencio en las hogueras
donde las novias queman dinosaurios!
¡Silencio!

¡Bebed, bebed oh vencedores,
neblina roja en vuestras copas
y dadme a mí la bondadosa salamandra
que habita en vuestros sueños,
alimentándose de olvido, veneno dulce!
¡Oh amigo!
¡Oh tigre!
¡Oh pariente de sirenas!
¡Gentilhombre digno del rocío!
¡Por ti, sólo por ti yo no rehúso
la carnívora rosa de los heresiarcas,
los dados del lunático,
ni el yelmo alacrino de Luzbel!

¡Silencio! ¡Silencio!

¡Que ni vasallos,
ni príncipes ululen,
ni madres con antorchas
bajo la mar caminen!

¡Silencio! ¡Silencio!

¡Que los Profetas
que pastan pirámides
más allá de las ínsulas,
donde empolla sus huevos el Error,
anuncien a las Razas
que mi amigo ya no llora,
ni nieva penumbra,
ni crece en su trono
de maligna pedrería!

¡Silencio! ¡Silencio!
¡Silencio!
¡Silencio para siempre!
¡Silencio ante las ruinas humeantes de la alondra!

A los treinta días de su muerte, el 4 de septiembre de 1962.

You can’t perform that action at this time.