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Cambiado
Los catálogos ya no se copian: se leen de donde están. Al importar, la app referencia
tu JSON en su sitio — si lo editas, cuenta al momento; ya no existe la copia interna que
se quedaba vieja en silencio. La tarjeta enseña la ruta del fichero (pulsable: abre la
carpeta con él seleccionado) y el clic derecho ofrece abrir la ubicación o copiar la ruta.
Si mueves o borras el JSON, el catálogo desaparece del programa (no queda una tarjeta
rota apuntando a un fichero que ya no está). «Quitar» de una copia interna de una versión
anterior sí borra esa copia, para que no reaparezca al refrescar. Tu fichero original nunca
se toca.
«Simular» pasa a llamarse «Analizar». Analizar la carpeta es lo que hace; «simular»
sugería un ensayo de mentira.
Corregido
La ventana ya no va a tirones mientras se exporta o comprime. El motor es asíncrono,
pero sus tramos síncronos (candados, sondeos, espacio en disco) corrían en el hilo de la
interfaz — y sobre OneDrive cada uno es un viaje de red. Ahora todo el trabajo del motor
corre en un hilo aparte, también el escaneo de la carpeta al pulsar «Analizar».
El conteo de tramos exportados ya no miente. Decía «1 de 2 sin salir» con los dos
ficheros en el disco: si la carpeta ya tenía un fichero del mismo nombre (de un intento
anterior), el motor saca la salida con sufijo y la comprobación buscaba el nombre sin él.
Ahora se cuenta lo que el motor dice que escribió, comprobado en disco.
El tirón del final de la exportación, suavizado. Al terminar, reabrir el vídeo en el
reproductor costaba 100-200 ms del hilo de interfaz justo encima del desmontaje de la capa
de aviso — era el único bloqueo medible de toda la exportación (durante la codificación el
hilo va limpio). Ahora se reabre un instante después, cuando la interfaz está ociosa.
Nuevo aviso de exportación: un gradiente de plasma en movimiento. En vez de las dos
franjas de luz, la capa que aparece al exportar es ahora un gradiente animado de colores que
fluyen (el efecto de plasma con viñeta y glow). Y lo importante: se hizo sin traer de vuelta
el problema de fluidez. Se calcula diminuto (160×90) en un hilo de fondo por CPU —que
durante un encode por hardware está ocioso— y se escala a la capa; así no toca ni el hilo de
la interfaz (el del arrastre) ni la GPU (la del codificador), y además se congela mientras
mueves la ventana. Medido con un export pesado de 1080p entero: arrastrar exportando va igual
que en reposo. La intensidad del brillo respira sola, cambiando al azar cada pocos segundos.
Medidor de fluidez durante la exportación. Por si algún tirón se escapa: la app mide en
tu máquina los dos hilos que pueden causarlo —la entrada y el render— y, si de verdad hubo
tela, lo anota en el Registro con el número. Si no sale nada y aun así lo notaste, el freno
viene de fuera del proceso (el grabador de pantalla, que también codifica por GPU; la
memoria llena; el compositor de Windows).
Los tabs que no miras dejan de trabajar. Al cambiar de pestaña, Recortes deja de mover
su reloj, de pedir fotogramas de previsualización y —si tenías el vídeo reproduciéndose— de
decodificarlo; lo retoma al volver. Un tab oculto ya no se DIBUJA (de eso se encarga
Windows), pero seguía trabajando en segundo plano sin que se viera.
Las tarjetas de catálogo se refrescan al volver a la app: si borras o mueves el JSON
desde el Explorador, la tarjeta desaparece al volver, sin reiniciar.
La barra de «Descargando de la nube» ahora avanza de verdad. OneDrive suele traer el
fichero entero de una vez, así que contar lo leído dejaba la barra a cero hasta el final;
ahora se mide por los bytes que ya hay en disco, que crecen según baja.