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Didacta 0.1.0
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Didacta abre por las asignaturas. Abría por la biblioteca, que contesta
«¿qué tengo de esto?» -- una pregunta que se hace a ratos. Al abrir se viene
a preparar una clase, y eso empieza en la asignatura que se da mañana. -
Las asignaturas y los cursos académicos se pueden ocultar, uno a uno.
Ocultar no es quitar: siguen en el repositorio, siguen compilando y siguen en
la biblioteca; lo que cambia es la lista, que después de unos años son veinte
asignaturas de las que se dan tres. Arriba se elige qué se mira: las que doy,
las ocultas --para deshacerlo-- o todas. -
Y se pliegan: el título de una asignatura es un botón, y plegada enseña
cuántos cursos lleva dentro sin ocupar la pantalla con ellos. -
Marcar ya no reordena. Lo marcado subía al principio y era peor: la lista
dejaba de estar donde se aprendió que estaba, y marcar una asignatura movía
otras cuatro de sitio. La estrella dice «esta me importa»; para no ver lo que
no se da está ocultarla. De paso, «el primer curso» vuelve a querer decir «el
último que se dio», que es de lo que se fía la pantalla para marcarlo. -
Lo que se está mirando se queda puesto, y viaja de un ordenador a otro
con el resto de preferencias. Quien se pone a ordenar la lista se queda un
rato en «las ocultas»; volver de un curso y encontrarse otra vez «las que
doy» convertía esa tarde en un baile de clics. -
Exportar deja de estar escondido detrás de unos puntos suspensivos. El
botón está en la fila del curso, al lado de la estrella: entrar, darle y
decir en qué carpeta. -
Y se puede exportar un documento suelto, desde su fila del listado del
curso, para cuando lo que hay que subir al aula virtual es solo el Tema 3.
Aparece si tiene algo compilado, que es cuando hay algo que copiar. -
El visor de PDF guarda una copia de lo que se está mirando, con el
nombre que le pone el motor. Antes había que abrirlo en el visor del sistema
y guardarlo desde allí. -
Exportar no pide permiso de escritura: copia lo compilado y no toca el
repositorio, así que también se lleva material quien solo lo tenga para leer. -
Un botón para contar un problema, abajo a la derecha, al lado del de
actualizar. Abre las incidencias de Didacta en GitHub con la versión y el
sistema ya escritos: un informe sin eso necesita un viaje de ida y vuelta
antes de poder mirarse, y quien lo escribe no tiene por qué saber cuál es su
versión. Está ahí y no en Ajustes porque el momento en que se encuentra un
fallo es el momento en que se está usando la aplicación. -
Guardar decía que había guardado y la pantalla seguía igual. Cambiar el
título de un grado --o de un tema, o de un documento-- escribía el fichero y
no se veía: lo que Didacta escribe son ficheros YAML y lo que lee son los
índices que el motor saca de ellos, y nadie los regeneraba. Ahora recargar
el catálogo pone el índice al día primero, así que lo que se guarda se ve. El
cambio estaba en el disco todo el tiempo; lo que faltaba era enseñarlo. -
Un grado se puede declarar y dejar de declarar en cada repositorio, desde
la misma pantalla de grados, con una casilla por repositorio. Quitarlo del
último no pierde nada: sus asignaturas salen enteras, sin agrupar, y la
pantalla las enseña como «nombradas y sin declarar». -
Las quince salidas dejan de estar escritas en el programa. Cambiar el
margen de los apuntes o meter un paquete propio era editar el LaTeX de
Didacta. Ahora un repositorio puede declarar sus plantillas: una salida
con su clase de documento, sus opciones, sus ejes y su propio preámbulo,
que se lee al final del de Didacta y por tanto puede redefinir lo que
Didacta acaba de definir. -
Cada bloque dice con qué se compila lo suyo, y cada documento y cada
lección pueden quedarse con menos sin tocar el bloque. Una lista vacía
siempre quiere decir «lo que toque» y nunca «nada»: no hay forma de dejarse
material sin salidas sin haberlo pedido. -
Una plantilla se puede apagar sin borrarla. Deja de compilarse y se
queda declarada, con su cabecera, para el curso que vuelva a hacer falta. -
Nada de esto cambia lo que ya compilaba. Un repositorio que no declara
ninguna plantilla sigue sacando las quince salidas de siempre, y una
plantilla que se llame como una de ellas la sustituye solo cuando compila
Didacta:pdflatex master.texa mano, en un editor y con SyncTeX, sigue
dando lo mismo que daba. -
Y se declaran en un repositorio y las usan todos, como los bloques: la
teoría y los problemas están repartidos en dos, y el bloque de uno puede
compilarse con la plantilla que declara el otro. -
Todo eso se toca desde Ajustes → Plantillas: ver las que hay, apagar las
que no se sacan, renombrarlas, duplicarlas y escribir su cabecera de LaTeX
a mano. Editar una de las que trae Didacta la escribe en el repositorio que
elijas, y lo dice antes de hacerlo: a partir de ahí manda la tuya. -
Una plantilla puede guardarse en el programa en vez de en un repositorio,
para lo que es tuyo y no de la asignatura, o para cuando el material es de
otra persona. Lo que se guarda ahí no lo protege nadie --ni git, ni la
sincronización-- así que Ajustes lo dice y trae los dos botones que hacen
falta: copiar las plantillas a una carpeta y traerlas de una. -
Cada bloque elige con qué se compila lo suyo, y cada tema y cada lección
pueden apartarse desde su propia pantalla. Lo que viene marcado al compilar
ya no sale de una tabla escondida en el motor: sale de lo que hayas
configurado. -
Teoría y problemas ya no están escritos en el código. Eran los dos
bloques que había y no se podían ni renombrar ni añadir. Ahora los declara
cada repositorio, con un nombre por idioma, así que quien parta su
asignatura en teoría, problemas y prácticas de ordenador ve tres en la
biblioteca, en el filtro y al clasificar una lección. Se gestionan desde
Ajustes → Bloques: crear, renombrar y decir en qué repositorios se declara
cada uno. -
Renombrar un bloque es cambiar una línea: no mueve ningún fichero y no
rompe ninguna referencia, porque lo que guarda cada lección es el id y lo
que se lee es el nombre. Es lo mismo que ya pasaba con los temas. -
Quitar un bloque pregunta antes qué pasa con sus lecciones, y no se
puede saltar: o se mueven a otro --un solo commit por repositorio, aunque
sean noventa ficheros-- o se quedan sin bloque declarado, y entonces salen
en Entre repositorios para arreglarlas cuando toque. Lo que no puede pasar
es que noventa lecciones queden clasificadas en ninguna parte sin que nadie
lo haya decidido. -
Entre repositorios tiene una comprobación más: las lecciones sin bloque.
Una lección que nombra un bloque que ningún repositorio abierto declara se
sigue viendo entera --el bloque sale por su id-- pero casi siempre significa
que falta abrir un repositorio, o que alguien quitó el bloque. Las dos
salidas están ahí. Y si dos repositorios le dan nombres distintos al mismo
bloque, se iguala desde donde ya se igualaban los de una asignatura. -
Dentro de un curso hay un filtro de bloque, discreto, encima de la lista
de documentos, para quedarse con la teoría o con las prácticas. Solo aparece
cuando el curso tiene de más de uno. -
Nada de esto cambia lo que ya tenías. Un repositorio que no declara
ningún bloque sigue teniendo teoría y problemas, con su nombre y en su
orden, porque Didacta los conoce sin que nadie los escriba. -
El selector de idioma de arriba ofrecía los diez que Didacta sabe
imprimir, no los que hay en tu material. Elegir uno al que ningún
repositorio traduce dejaba la pantalla entera enseñando el texto de reserva,
y desde ahí no había nada que hacer. Ahora ofrece los que hay, y lo mismo el
menú Idioma y el selector de la biblioteca. -
Se pueden editar los idiomas de cada repositorio, en Ajustes → Idiomas.
Era lo único que quedaba que había que hacer abriendo eldidacta.yamla
mano. El idioma de referencia sigue a la lista si se queda fuera, y quitar
uno no borra ningún fichero: dejan de pedirse. -
Y quitar uno que una asignatura usa ya no rompe la asignatura. Se lo
podía quitar al repositorio y elcourse.yamlquedaba diciendo algo
imposible, así que esa asignatura desaparecía de la biblioteca y el motivo
quedaba en una lista de errores. Ahora Didacta se niega y dice cuáles lo
usan. -
La ficha de una asignatura solo ofrece los idiomas que su repositorio
mantiene. Se podía marcar cualquiera de los diez y guardar, y el fallo no
se veía al guardar sino al volver a indexar. Con la asignatura repartida
entre dos repositorios, cada uno recibe lo suyo en lugar de la lista entera. -
Y puedes elegir con qué idiomas trabajas tú, también en Ajustes. Un
repositorio del departamento que mantiene cinco y una persona que da clase
en dos no tienen por qué estorbarse. Viaja con el resto de tus preferencias,
no toca ningún fichero, y un idioma apagado sigue saliendo donde algo ya lo
declara: si no, guardar se lo llevaría por delante. -
Cambiar
didacta.yamlotaxonomy.yamlno actualizaba nada hasta
reiniciar. Didacta miraba si el índice se había quedado viejo recorriendo
el material, y esos dos ficheros no están dentro — así que añadir un idioma
a mano no se veía. -
Beautify de verdad, no solo sangría. Ahora también junta cada párrafo
y lo vuelve a cortar a 80 columnas. Era lo que faltaba: lo que devuelve un
traductor es el párrafo entero en una sola línea de cuatrocientos
caracteres, y eso no se lee ni se revisa --cambiar una palabra sale en el
historial como la línea completa, así que el diff deja de decir qué cambió--.
Junta antes de cortar, así que un párrafo que ya venía mal cortado queda
bien y no peor. -
No corta por dentro de una fórmula ni de unas llaves: partir
\textit{negación}compila igual pero deja la orden a un lado y su
argumento al otro. Si en toda la línea no hay ningún sitio bueno, la línea
se queda larga. Y una orden sola --\vspace{-2mm},\dpause-- se queda
sola: quien la puso aparte la puso aparte porque hace algo aparte. -
El contenido de un
\begin{frame}ahora sí se sangra. Una unidad tiene
varias diapositivas, así que sí hay con qué contrastar. -
La casilla se llama «Beautify», y pulsar la palabra ordena el fichero
en ese momento sin tocar el ajuste. La casilla sigue diciendo si se hace
solo al guardar. -
Una traducción metía HTML en el
.tex.l'operacióse guardaba como
l'operació, y eso no compila: en LaTeX&separa columnas de tabla,
así que fuera de una da error y dentro parte la fila en dos. La traducción
se pide en formato HTML --es la única forma de que los proveedores respeten
las marcas que protegen el LaTeX-- y lo que volvía venía escapado. En
valenciano y en catalán eso es una palabra de cada cinco. -
Y perdía los espacios de alrededor de las fórmulas.
identificaremos $\mathbb Z$ convolvía comoidentificarem$\mathbb Z$ amb:
el espacio que iba delante aparecía detrás, y la palabra quedaba pegada a la
fórmula. Lo mismo consu \textit{negación}, que volvía como
la seva\textit{ negació}, con el espacio metido dentro de las llaves. Pasa
porque la traducción viaja en HTML, y ahí el espacio de alrededor de una
marca no es texto sino formato: los proveedores lo mueven. Ahora ese espacio
no se le cree al traductor, se copia del original --es una propiedad de la
pieza, no del sitio, así que vale aunque cambie el orden de las palabras--.
El espacio entre palabras sigue siendo suyo. -
El editor lleva números de línea. En el fichero entero, no en los campos
de un problema. El número va en la primera fila de cada línea: una línea
larga ocupa cuatro renglones en pantalla y sigue siendo una línea. -
Al guardar, el
.texqueda ordenado. Cada entorno abre y cierra donde
se ve, y lo de dentro va sangrado. Usalatexindent--la herramienta de
CTAN-- cuando está instalada y funciona; si no, un indentador propio que
hace menos y no necesita instalar nada. En una traducción recién hecha es
donde más se nota: un traductor devuelve cada párrafo en una sola línea, y
esa primera versión es la que se queda en el repositorio. -
Y pone cada
\beginy cada\enden su línea, que es lo que la sangría
sola no podía arreglar: lo que volvía de traducir era
\begin{definition} [Del seno] Las longitudes..., con el entorno, su título
y el texto pegados. Ahí no hay principio de línea que sangrar, y las barras
de color del margen --que marcan dónde empieza y acaba cada entorno, por
línea-- no podían dibujarse. -
Sangrar no cambia una letra: solo el espacio del principio de cada
línea, y nunca dentro de unverbatimo unlstlisting, donde el espacio
en blanco es el contenido. -
Y hay un botón «Sangrar» en la barra de formato para ordenarlo ahora,
sin esperar a guardar. Hace falta porque casi todo el material se escribió
antes que esto: al guardar se ordena solo, pero nadie va a abrir y guardar
dos mil unidades para verlas bien puestas. Deja el cambio sin guardar,
a la vista y con «Descartar» al lado, para poder mirarlo antes de escribirlo. -
Y se puede apagar, por idioma. En la barra del editor hay una casilla
que deja el fichero exactamente como esté. Hace falta poco, pero hace falta:
un entorno de código propio que el indentador no conoce, un.texque
genera otra herramienta y se regenera entero, un\beginsin cerrar de
material migrado que compila igual pero descuadra el contador. Se guarda en
elunit.yaml, así que vale también para quien abra el fichero en otro
ordenador. -
Una traducción ya no rompe el fichero.
\item Donatsvolvía como
\itemDonats--el espacio que cierra el nombre de una orden se lo comía el
traductor al recortar los extremos del texto-- y eso no compila. Y el.tex
traducido salía como un muro, con los entornos pegados al contenido y sin
una sola línea suelta, porque los saltos de dentro de un párrafo vuelven
convertidos en espacios. -
Ahora lo que está pegado a la sintaxis viaja con ella: el salto que hay
antes de un\end{itemize}, la sangría de una línea, el espacio que cierra
un\item. El fichero traducido conserva la forma del original. Lo que
sigue siendo del traductor es el espacio de dentro de una frase, que es
suyo: al traducir «el conjunto$A$ es abierto» las palabras cambian de
sitio y los espacios con ellas. -
La pantalla de Traducción tiene dos selectores, con la misma forma y uno
al lado del otro: el idioma, y la clase de trabajo --«Desactualizadas», «Sin
traducir», «Sin revisar»-- con su cuenta dentro. Los tres salen siempre, con
un cero los que no tienen nada: un selector que se esconde cuando solo queda
una clase de trabajo deja de decir cuál estás mirando. -
El estado de una lección se actualizaba a medias. Al aprobar una
traducción cambiaba el punto de la pestaña del idioma pero no el botón de
estado, que seguía diciendo «borrador»: el editor guarda la lección de
cuando se abrió, y esa no se entera de nada. Quien entra a despachar
traducciones no quiere borradores en medio, y quien entra a revisar no
quiere ver lo que no existe. Así además traducir algo se nota: la unidad
desaparece de una pestaña y aparece en la otra. -
Y ya se puede aprobar una traducción. Dentro de la lección, junto al
idioma que estás editando, el estado es un botón: borrador → revisada, con
un clic. Antes no había forma de decirlo desde la aplicación, así que el
borrador se quedaba en la lista para siempre y la lista dejaba de significar
nada. «No existe» y «desactualizada» no se pueden poner a mano: los calcula
el motor, y declararlos garantizaría que se queden obsoletos. -
La lista de traducción está partida en tres, porque son tres trabajos
distintos: «Desactualizadas» --su original cambió y dicen algo que ya no es
cierto--, «Sin traducir» y «Traducidas, sin revisar». Antes iban mezcladas,
y traducir algo no lo quitaba de la lista: pasaba de una categoría a otra
unas filas más abajo, y desde fuera parecía no haber servido de nada. Cada
grupo tiene su «Marcar todas», y las cuentas de la cabecera encienden y
apagan cada uno. -
Al terminar de traducir, el resumen lleva un enlace por fichero que lo
abre en su idioma para revisarlo y aprobarlo. Antes había que apuntar el
nombre e irse a buscarlo a la biblioteca, que es el paso que convierte «lo
reviso ahora» en «lo reviso otro día». -
Traducir al valenciano ya funciona. Fallaba con un volcado de JSON que
decía «Invalid Value» y nada más:vaes un código de Didacta y ningún
traductor automático lo conoce. Se pide como catalán, que es lo mismo que
hace la parte de LaTeX. Sale catalán central --«Qüestió» donde el valenciano
dice «Questió»--, así que el diálogo lo avisa antes de traducir: es un
borrador que hay que ajustar al revisar. -
Traducir ya no ofrece traducir del castellano al castellano. Cogía el
idioma de la barra de arriba, que es el que estás mirando; ahora abre un
diálogo con los idiomas que le faltan a lo que has marcado, con cuántas
lecciones le faltan a cada uno, y marcas los que quieras. -
Se pueden traducir muchas de golpe. Casillas delante de cada lección en
la pantalla de Traducción, «todas» y «ninguna», y un botón que las manda
todas al mismo diálogo. Una que falle no para las demás: se dice cuál fue. -
Dentro de una lección, una pestaña de idioma vacía ofrece traducirla ahí
mismo. Es donde se descubre que falta: entras a ver cómo quedó en valenciano
y la página está en blanco. -
Y dentro de un tema, una pestaña «Traducir» con las lecciones a las que
les falta algún idioma de esa asignatura, marcadas de entrada. Solo aparece
cuando falta algo. Antes había que apuntar cuáles eran, irse a la lista de
traducciones y buscarlas entre doscientas. -
Guardar ya no te pide un mensaje de commit. De salida, guardar deja el
cambio confirmado y enviado a GitHub sin preguntar nada: escribes, se guarda,
está donde tiene que estar. Las dos cosas se apagan por separado en Ajustes →
Al guardar, porque confirmar y enviar son decisiones distintas. -
Con los commits automáticos apagados, lo que guardas se queda escrito y sin
confirmar, y aparece un botón en la barra de arriba --delante de traer y
enviar-- que los confirma todos juntos con el mensaje que le pongas, y te
enseña qué ficheros van dentro antes de firmarlo. Con los automáticos puestos
ese botón no sale: no habría nada que hacer con él. -
El código de GitHub sale a la vez que el enlace. Antes se abría el
navegador primero y el código después, así que llegabas a github.com sin
saber que te iban a pedir algo y tenías que volver a buscarlo. -
La pantalla de bienvenida lleva dibujos que enseñan de qué se habla: una
lección dentro de varios cursos, un fichero del que salen las diapositivas y
los apuntes, y un historial con nombres. -
Y explica mejor qué hacen los dos programas que hacen falta para compilar,
que antes iban en la misma frase: LaTeX compone las páginas y lo instalas
tú; el motor de Didacta decide qué páginas componer y se descarga ahí. -
Se puede traducir una unidad con la máquina. En la pantalla de
Traducción, cada fila pendiente lleva un botón: elige proveedor, traduce y
deja el resultado escrito como borrador, así que sigue apareciendo en la
lista de lo que hay que revisar. Es una traducción que no ha leído nadie. -
Las fórmulas no se traducen. Las matemáticas, los entornos y sobre todo
las claves de\label,\refy\citeviajan protegidas y vuelven donde
estaban: traducir una clave rompe todas las referencias del tema y no se ve
hasta que alguien compila la víspera. Si un párrafo vuelve con la sintaxis
cambiada, ese párrafo se queda sin traducir y se dice cuál. -
Hay memoria de traducción. Lo que se traduce se guarda en el repositorio,
se versiona y se comparte: la decisión de cómo se dice algo en valenciano es
del equipo, no de la máquina. Un párrafo ya traducido no se vuelve a pagar ni
a decidir, y el mismo texto con otra fórmula dentro también lo reutiliza. -
Se dice lo que costó: cuántos párrafos había, cuántos salieron de la memoria
y cuántos caracteres se mandaron. En el material de teoría, no enviar las
matemáticas ahorra cerca de un tercio de lo que se facturaría. -
Ya se pueden poner las claves de traducción automática. En Ajustes, una
sección para Google Cloud Translation y otra para Azure AI Translator, con un
botón de probar: una credencial mal puesta no se nota hasta que mandas
cincuenta unidades a traducir y vuelven todas con un 401. -
Las claves se guardan en el llavero del sistema, en tu máquina. No entran
en ningún repositorio, ni en git, ni en lo que exportes: son configuración
tuya, no contenido. Lo que sí es contenido --a qué idiomas se traduce cada
asignatura-- sigue en el repositorio y se comparte. -
Una vez guardada, la clave no se vuelve a enseñar: se dice que hay una y se
ven sus últimos cuatro caracteres, lo justo para reconocer cuál pusiste. Para
cambiarla, se escribe otra. -
Una asignatura se edita entera desde un sitio. El lápiz de la lista de
asignaturas abría un diálogo que solo cambiaba el nombre, y los idiomas
estaban en Ajustes, en una lista de todas las asignaturas: había que salir de
donde trabajas para cambiar algo de la que tienes delante. Ahora el nombre,
los idiomas y la titulación se editan en la misma ficha. -
Las asignaturas se agrupan por titulación. Cada una dice a qué grado
pertenece, y la lista se puede filtrar por grado. Los grados se gestionan
desde la propia página de asignaturas --declarar uno nuevo, cambiarle el
nombre en cada idioma--, porque un grado es una clasificación del material,
como un tema, no una preferencia. -
Un grado lo declara un repositorio y las asignaturas de cualquier otro lo
nombran: con que uno lo declare, todos lo ven agrupado. Un grado que no
declara nadie no rompe nada: sus asignaturas se ven enteras, sin agrupar,
igual que antes de que los grados existieran. Y se dice cuáles son, porque
casi siempre significa que falta abrir un repositorio. -
Si dos repositorios llaman distinto al mismo grado --o ponen la misma
asignatura en grados distintos--, sale en «Entre repos» y se iguala desde
allí, con el mismo gesto que el resto de los metadatos. -
Lo que se comprueba entre repositorios tiene su propio sitio. Estaba en
Ajustes, que es donde se pone lo que no tiene sitio; es trabajo pendiente
sobre el material, como las traducciones, y en Ajustes no se entra a mirar si
algo va mal. Ahora es un apartado del carril, y solo aparece con más de un
repositorio abierto: con uno no hay nada que cruzar. -
Además de los metadatos que no coinciden, ese apartado enseña ahora los
documentos que llaman a unidades de otro repositorio. Eso compila en tu
máquina --que tiene los dos-- y no compila en la de quien solo tenga uno, y
hasta ahora solo se veía entrando en el curso concreto. -
Didacta puede hablar con un modelo de lenguaje. Un servidor MCP que se
enciende en Ajustes: mientras está encendido, un LLM conectado puede leer tus
asignaturas, buscar en la biblioteca, escribir una traducción y comprobar que
lo escrito compila. Sirve para lo que se hace a mano y no tiene gracia:
traducir cincuenta unidades, corregir la misma errata en las cuarenta que la
repiten. -
Se ve todo lo que hace. Con el servidor encendido aparece un icono nuevo
en la barra lateral, con dos cosas: qué llamadas va recibiendo --cuál, sobre
qué, cuánto tardó, y marcadas las que escriben-- y la lista de lo que sabe
hacer, que sale del propio servidor. -
No publica nada. No hay ninguna herramienta que haga commit, ni que traiga
ni que envíe, y eso no es un olvido: lo que un modelo escriba queda en disco y
lo envías tú, viendo el diff como cualquier otro cambio. -
Escribir hay que pedirlo, repositorio por repositorio. De salida el
servidor solo lee, que ya es casi todo el valor y no puede estropear nada. Y
escucha solo en esta máquina. -
El idioma se elige arriba, y manda sobre lo que se lee. Estaba escondido
en la biblioteca: desde la lista de asignaturas no había forma de tocarlo, y
los títulos salían siempre en el idioma propio de cada asignatura aunque
estuvieras preparando la versión en valenciano. Ahora está en la barra
superior, delante de traer y enviar, y cambia el título de la asignatura, el
del tema y el de cada documento. Las asignaturas se reordenan por el título
que estás leyendo, no por el castellano. -
Los títulos se editan en todos los idiomas a la vez. Un lápiz junto a la
asignatura, al tema y al documento abre el mismo diálogo que ya tenían los
apartados. Lo que dejes en blanco se marca como pendiente en el fichero, no
se escribe vacío: un título vacío es un título, y saldría en el PDF. -
Compilar usa el idioma en el que estás. Un curso son cuarenta salidas y
media hora, y la víspera de la clase en valenciano no quieres los tres
idiomas. Mantén pulsado el botón para elegir entre el idioma actual --dice
cuál es-- y todos los de la asignatura. -
El visor de PDF enseña los idiomas que hay. Una fila de idiomas encima de
la de versiones, y entra por el que estás usando. Antes solo podía enseñar
uno: la versión en valenciano existía en el disco y no había forma de llegar
a ella. -
En una asignatura repartida entre repositorios se miraban los PDF de uno
solo, así que la mitad de los documentos salían sin icono aunque estuvieran
compilados. -
La casilla de recompilar al exportar compila los idiomas que vas a exportar.
Antes compilaba el propio de cada documento y el reparto salía incompleto. -
Didacta imprime sus rótulos en diez idiomas. A castellano, valenciano e
inglés se suman catalán, gallego, euskera, francés, alemán, italiano y
portugués: «Teorema», «Demostración», «Curso», «Error frecuente» y las
treinta y dos palabras restantes que el PDF lleva sin que nadie las escriba.
Los siete nuevos son ficheros base, con la terminología matemática al uso y
sin revisar por nadie que dé clase en esos idiomas: sirven para compilar
desde el primer día, y antes de repartir material conviene que los lea quien
lo hable. Son treinta y seis palabras cada uno y se cambian en un sitio. -
Cada asignatura elige sus idiomas. En Ajustes, un desplegable por
asignatura marca a cuáles se traduce. Lo que no esté marcado no se pide y no
cuenta como pendiente, así que la lista de traducciones que faltan vuelve a
ser una lista de trabajo en vez de todo lo imaginable. Quitar un idioma no
borra nada: los ficheros se quedan donde estaban y volver a marcarlo los
recupera. En una asignatura repartida entre repositorios se escribe en
todos, para que no acabe diciendo dos cosas distintas. -
Un apartado con título en un idioma que no fuera castellano, valenciano o
inglés tumbaba la compilación, con un error que hablaba de una secuencia
no definida que no aparecía en ningún fichero del curso. -
Los temas se crean desde el curso, y los documentos desde su tema. El
botón de abajo creaba un documento y luego había que decir a qué tema
pertenecía, que es el paso que se olvida. Ahora crea un tema, y cada tema
lleva dentro su propio botón para añadirle documentos, que nacen ya en él.
Queda un botón aparte para lo que no es de ningún tema --la FAQ, la
notación--, que también existe. -
Al crear un tema o un documento con varios repositorios abiertos se
pregunta en cuál; con uno solo no se pregunta nada. -
Las asignaturas y los cursos se pueden marcar para tenerlos arriba. Una
estrella en cada uno; lo marcado se salta el orden y sale primero. Las dos
marcas son independientes: marcar Análisis Matemático I no dice cuál de sus
seis cursos estás dando, que es justo lo que quieres a mano. Te siguen de un
ordenador a otro. -
El resto sigue como estaba: las asignaturas por título de la A a la Z, y los
cursos de cada una del más reciente al más antiguo. -
Álgebra ya no sale después de Zoología. Los títulos se ordenaban por el
valor de sus letras, y en esa cuenta unaáva detrás de laz, así que
todo lo que empezaba por vocal acentuada caía al final de la lista. -
Un curso académico se puede empezar en blanco. Antes había que copiarlo
de otro a la fuerza, lo cual no vale ni para la primera asignatura --que no
tiene de dónde-- ni para un año que se compone desde cero. Copiar del
anterior sigue siendo lo que se ofrece primero, porque es lo corriente. -
Los cursos de una asignatura pasan a verse en filas, cada uno con su menú en
el borde derecho, en la misma vertical que el de la asignatura: el mismo
gesto, siempre en el mismo sitio. -
Un tema se puede copiar de un curso a otro. En la lista de cursos de una
asignatura, el menú de un curso lleva a «Copiar a otro curso…»: se elige a
cuál y se marcan los documentos que se quieren. Lo que se copia es la
composición --qué unidades lleva y en qué orden--; las unidades no se
duplican, así que corregir una errata sigue siendo corregirla una vez. Los
temas se llevan su declaración consigo, y lo que ya esté allí no se pisa. -
Se pueden añadir varios repositorios de una vez, marcándolos en la
lista. Y antes de clonar se mira qué hay en la carpeta de destino: si ya
está clonado se dice y se ofrece abrir el que hay --volver a clonar encima
se llevaría por delante lo que tenga sin enviar, que puede ser el trabajo de
otra persona de la misma máquina--; si hay otra cosa, no se toca nada. -
Los repositorios se encienden y se apagan desde arriba. Los nombres de
la barra superior ahora son botones: pulsa uno y su material desaparece de
la biblioteca y de las asignaturas; púlsalo otra vez y vuelve. Apagarlo no
lo cierra --sigue trayendo y guardando--, y enseña exactamente lo mismo que
vería quien no lo tuviera, así que sirve para comprobar qué ve un compañero.
La elección te sigue de un ordenador a otro. -
Una asignatura repartida entre dos repositorios se ve entera. Antes la
pantalla del curso enseñaba los documentos de uno solo y había que cambiar
de repositorio para ver los demás, como si fueran dos sitios distintos.
Ahora salen todos juntos, y al mover uno se guarda en el repositorio del que
sale. -
Un curso se ve por temas. Lo que se da junto sale junto: el Tema 1, con
su teoría, su práctica, su análisis bibliográfico y su marco histórico en
una misma tarjeta, aunque esos ficheros estén en repositorios distintos. Los
temas se pliegan, y lo que no pertenece a ninguno sigue donde estaba. -
El tema lo declara un repositorio y lo nombran los documentos, que pueden
estar en otro. Quien no tenga el repositorio donde se declaró ve todo su
material igual que antes: lo que no ve es la agrupación. Nunca desaparece
nada por no tener un repositorio. -
Un documento puede pertenecer a varios temas, y sale en todos.
-
Los temas se declaran por curso académico, así que dos años del mismo tema
son dos temas: lo que se dio en cada uno no se mezcla. -
Tus preferencias te siguen de un ordenador a otro. Qué temas tienes
plegados se guarda en el repositorio que elijas, en un fichero con tu nombre
de GitHub: podéis compartir repositorio sin pisaros las vuestras. Se elige
en Ajustes, y sin elegir ninguno todo sigue funcionando en esta máquina. -
Los análisis bibliográficos ya compilan. Un tema puede citar sus fuentes
—«la demostración está en el Teorema 1.1.1 de Abbott»— y la cita sale en el
PDF con su autor y su año. Las obras se listan solas al final del documento,
y solo si se ha citado alguna. Las fuentes se escriben una vez para todo el
repositorio, enshared/bibliography.bib. -
Didacta avisa antes de compilar de toda obra citada que no esté en esa
lista, con el nombre de la lección donde está la cita. Antes eso aparecía
compilando, como un error que no decía qué faltaba. -
Las diapositivas de un tema largo ya no fallan la primera vez. La barra
de progreso del pie se desbordaba mientras LaTeX aún no sabía cuántas
diapositivas había, y el tema no salía. Compilarlo dos veces lo arreglaba,
lo cual no es un arreglo. -
Con dos repositorios abiertos, los dos se miran. Al segundo no se le
veían los cambios hechos desde fuera —ni un fichero editado en otro
programa, ni ungit pull— hasta reiniciar. Y un repositorio recién añadido
al que todavía no se le había generado el índice se quedaba enseñando el
error para siempre, incluso después de generarlo: ahora lo coge en cuanto
aparece. -
Didacta es software libre. El código está publicado bajo la GPL-3.0, y
con él la documentación: qué es cada pantalla, cómo se escribe una unidad y
cómo se publica una versión, con capturas. Está en
https://franjfal.github.io/didacta/, que es también de donde se descarga. -
Actualizarse ya no depende de tener acceso a nada. Antes las versiones
vivían en un repositorio privado y la aplicación comprobaba, después de
entrar en GitHub, si tu cuenta llegaba a él. Esa comprobación ya no existe:
buscar una versión nueva no manda ninguna credencial. Entrar en GitHub sigue
haciendo falta, pero por lo que siempre fue de verdad, que es que tu material
vive en tus repositorios. -
La primera vez, Didacta se presenta y se configura sola. Explica qué es
en tres pantallas y después deja hecho lo que hace falta para trabajar:
entrar en GitHub, abrir el primer repositorio --de GitHub, de una carpeta ya
clonada, o preparando uno vacío-- y descargar el motor, que hasta ahora había
que clonar a mano desde un terminal. Se puede saltar entera, y no vuelve. -
Y un recorrido guiado por la ventana, que señala el carril, la barra de
arriba y la cola de traducción diciendo para qué es cada cosa. Se sale con
++esc++ o pulsando fuera, y desde Ajustes se vuelven a ver las dos cosas. -
Lo que se añade a la composición sale en el PDF. Un apartado o un
subapartado nuevo se guardaba, se veía en la pantalla de composición y el PDF
seguía sin él: la composición vive enyear.yamly lo que compila LaTeX es el
.texde al lado, y nadie los ponía de acuerdo. Ahora compilar lo hace, y
didacta checkavisa cuando el.texse ha quedado atrás. El fichero se
respeta: sólo se reescribe la lista de unidades y apartados, lo desactivado
sigue desactivado, y si alguien había escrito LaTeX ahí en medio no se toca y
se dice. -
Un icono de información en cada lección y en cada tema. Contesta las dos
preguntas que se hacen con algo delante y que no son de su contenido: dónde
más se da esto, y qué versiones tengo guardadas. Lo primero estaba enterrado
en el panel de la derecha de una lección --que se puede tener cerrado, y que
no existe en un tema-- y lo segundo estaba en la pantalla de Asignaturas, a
dos pantallas de donde te lo preguntas. Desde ahí se salta a cada sitio, se
ven y se crean versiones congeladas, se da una lección en otro tema y se
parte en dos lo que esté vinculado en varios sitios. Las versiones congeladas
son de una asignatura y no de un fichero, así que una lección que se da en
cuatro sale con los cuatro juegos y el nombre de cada asignatura delante. -
Los botones de vinculación de una lección ya no se salen del panel. Con
la lección dada en dos sitios eran dos, no cabían en los trescientos y pico
píxeles del panel, y el que decía «Gestionar vinculación» quedaba fuera de la
pantalla. Ahora viven en el icono de información, que es donde se buscan. -
El visor de PDF es un visor de verdad. Trae un lateral con el índice del
documento --los apartados, para saltar a uno-- y las miniaturas de las
páginas; el número de página se escribe en lugar de llegar a la 84 a base de
flechas; y están el zoom y los tres ajustes de siempre: al ancho, al alto y
página entera. A la derecha, una barra de desplazamiento que se arrastra y va
diciendo por qué página pasa. Con dos idiomas abiertos lado a lado, todo eso
mueve los dos a la vez, que es lo que permite compararlos. -
Los teoremas y las definiciones vuelven a ir en una caja. Con su marco de
color, su fondo teñido y el nombre --«Definición 1.2 (Espacio normado)»-- en
una etiqueta montada sobre el borde de arriba, que es como se veían antes de
la migración. En los apuntes la caja va suave, porque una página lleva ocho
seguidas y se lee durante una hora; proyectada va con más contraste y una
sombra corta, para que se lea desde el fondo del aula. La caja se parte entre
páginas: un teorema largo ya no se sale del papel. -
Las notas del profesor, los objetivos y los recuadros sin etiqueta van
igual, cada uno con su color. Una página donde el teorema lleva marco y la
nota didáctica lleva una raya se lee como dos documentos pegados. -
Las presentaciones tienen portada. Una banda de color de canto a canto
con el título de la asignatura en blanco, el logotipo y los datos del curso
abajo: es la diapositiva que está proyectada mientras la gente entra y se
sienta. Las páginas de apartado dicen además de qué apartado se trata, y el
pie remata con las franjas escalonadas de siempre. -
La portada de los apuntes ya no lleva el encabezado puesto --repetía el
título dos centímetros por encima del título-- ni el número de página. Y la
institución se compone debajo de la ficha del curso, no a su derecha. -
Los apartados de un documento salen en el idioma que se compila. El
valenciano de un tema venía con el contenido traducido y los encabezados en
castellano: media traducción, que en clase es peor que ninguna porque no se
ve hasta que está proyectada. Los títulos estaban escritos en los dos
idiomas desde el principio; lo que pasaba es que el documento se quedaba con
uno. Ahora los lleva todos y elige al compilar, así que el mismo documento da
el castellano con encabezados castellanos y el valenciano con valencianos, y
no hay dos ficheros que mantener de acuerdo. -
Traer, enviar y confirmar abren el terminal, el mismo que se abre al
compilar. Un envío con setecientos ficheros esperando tarda un rato largo, y
hasta ahora eso era un botón apagado y nada más: desde fuera no se distingue
de una aplicación colgada, así que se pulsa otra vez. Ahora se ve lo que está
haciendo --qué repositorio va, cuántos objetos lleva contados, cuánto lleva
subido-- y la ventana se quita sola cuando termina bien. Si algo falla se
queda, que es cuando hay que leerla. -
Lo que falta por confirmar se cuenta aparte de lo que falta por enviar.
La insignia de enviar sumaba las dos cosas y decía «697 sin enviar» sobre un
repositorio que no tenía ni un commit pendiente: lo que había eran 697
ficheros que no estaban todavía dentro de ningún commit. Ahora cada botón
lleva su número, y dicen cosas distintas porque son cosas distintas. -
Y confirmar está siempre que haya algo que confirmar, también con los
commits automáticos puestos. Se daba por hecho que con ellos no quedaba
nunca nada suelto, y no es verdad: lo que se escribe fuera de Didacta --otro
editor, una carpeta de lecciones copiada, material traído de otro sitio--
llega al disco sin pasar por aquí, y ahí se quedaba, sin botón que lo
arreglara. -
El diálogo de confirmar deja elegir qué entra. Lo pendiente puede ser un
fichero o pueden ser setecientos, y meter setecientos en un commit que dice
una sola cosa es tirar su historial antes de tenerlo. Salen agrupados por
repositorio, con un filtro por ruta --escribe «taylor» y quedan los de
Taylor-- y la casilla del repositorio marca y desmarca lo que se ve. Así una
tarde de trabajo sale en cinco commits que se pueden leer, en vez de uno que
no. -
Compilar funciona en Windows. No había funcionado nunca: la aplicación
lanzaba el motor como en macOS y en Linux, y Windows no sabe ejecutar un
script de Python sin decirle con qué. Ahora busca el intérprete --el
lanzadorpy, opython-- también donde lo deja el instalador de
python.org cuando no se marca la casilla del PATH. Y si lo único que hay es
elpython.exeque trae Windows, que no es un Python sino un acceso directo
a la Microsoft Store, lo dice en lugar de abrir la tienda. -
«Abrir en el visor» y «Enseñar en la carpeta» funcionan en Windows y en
Linux. Sólo estaban hechos para macOS, y en los otros dos el botón estaba
pero daba un error.